Javier González García Profesor del Máster en Neurociencia y Educación
Mar, 13/07/2021 - 10:30

Neurodanza

Serie: 'Neurociencia Educativa' (XI).

La neurociencia cognitiva ha empezado a ser aplicada con éxito a la danza. A grandes rasgos, la neurodanza investiga las experiencias estéticas a fin de averiguar qué procesos cerebrales se activan cuando una persona contempla una representación de danza (Cross y Ticini, 2010).

Los investigadores están fascinados con la actividad de las denominadas neuronas espejo, alojadas en las cortezas premotora y parietal, durante la observación pasiva de movimientos. Diversos estudios revelan que simplemente observando una acción el espectador genera prácticamente la misma actividad cerebral que si la ejecuta (Grafton y Gross, 2008).

Sin embargo, las respuestas neurológicas de los espectadores ante la danza se ven influenciadas por su experiencia visual o motora. Más concretamente, los espectadores sin experiencia a nivel motor en ballet, que solían ver representaciones de este género, mostraron una mayor excitabilidad cortoespinal (Mattar y Gribble, 2005). En cuanto a los propios bailarines, al observar movimientos que han ejecutado, se presenta una mayor actividad cerebral en las áreas premotoras del cerebro (Christensen y Calvo-Merino, 2013). Es decir, si eres un experto, las partes de tu cerebro que mueven tu cuerpo están ensayando lo mismo que ven.

Asimismo, la investigación en neuronas espejo analiza la «empatía cinestésica», es decir, «el sentimiento de ser partícipes de los movimientos de un bailarín y las emociones e ideas que el contemplar la danza suscita» (Kokkhonen, 2014, p.129). La observación de este fenómeno ha propiciado el desarrollo de aplicaciones prácticas con las que se pretende aumentar la empatía emocional y cognitiva del individuo y otras conductas prosociales.

Memoria y aprendizaje ayudan a dar sentido al proceso que se experimenta durante la narrativa corporal. En interacción con el aprendizaje y la memoria, el tiempo (que marca el ritmo de una interpretación y la duración tanto de la obra como de las acciones corporales), el espacio (búsqueda de la espacialidad y la textura del movimiento) y la intensidad (postura y regulador del movimiento) ejercen un papel clave en la construcción narrativa del intérprete, elementos que percibe tanto el que los ejecuta como el que observa. En síntesis, el movimiento y el pensamiento creativo y flexible suelen estar interrelacionados en tres áreas: la «generación creativa», la «flexibilidad cognitiva» y la «asociación remota».

La danza, en sus distintos estilos, géneros y fines, lleva siglos formando parte de la vida cotidiana de las personas. Partiendo de todos estos enfoques y conceptos operativos se abren múltiples posibilidades de estudio, con cuatro posibles líneas, enfoques y puntos de aplicación: como una «interpretación artística», una forma de «ejercicio físico», una «herramienta educativa» y como proceso de «creatividad» y «bienestar subjetivo».

 

Referencias bibliográficas:

Christensen, J. F. y Calvo-Merino, B. (2013). Dance as a subject for empirical aesthetics. Psychology of aesthetics, creativity, and the arts, 7(1), 76.

Cross, E. S. y Ticini, L. F. (2012). Neuroaesthetics and beyond: New Horizons in Applying the Science of the Brain to the Art of Dance. Phenomenology and the Cognitive Sciences 11(1), 5-16.

Grafton, S. y E. Cross (2009). Dance and the Brain. En M. Gazzaniga (ed.). Learning, Arts, and the Brain The Dana Consortium Report on Arts and Cognition (pp. 61-70). Dana Foundation Press, 61-70.

Kokkonen, M. (2014). Danza. Informe Fundación Botín 2014. Fundación Botín.

Mattar, A. A. y Gribble, P. L. (2005). Motor learning by observing. Neuron, 46(1), 153-160.

Editor: Universidad Isabel I.

ISSN 2697-0481

Burgos, España.

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