María del Pilar López Castilla Profesora del Máster en Divulgación Científica
Vie, 23/07/2021 - 09:24

Lectura para niños

Serie: 'Educación en la era digital' (LXXIV).

¿Por qué en la adolescencia se pierde la afición por la lectura? ¿Qué podemos hacer para que una vez llegados a esa edad los alumnos se vuelvan a ver atraídos hacia el mundo del libro? Todo esto lleva a otras preguntas y comenzamos a cuestionar el currículo educativo, las contextualizaciones, las adaptaciones, etc. ¿Qué está fallando en el sistema para que el hábito lector se pierda? ¿Es posible ser lector en un mundo en el que cada vez tenemos menos tiempo para leer? ¿«No tener tiempo» es un motivo para no leer?

Lo cierto es que no siempre fue así. Cuando el niño es bebé, incluso antes de nacer, nosotros los adultos hacemos de narradores, y lo somos convencidos de que la lectura es un placer. Somos contadores de historias buscando la diversión, la emoción del niño. Nada más. Incluso somos libro, porque si nos piden una historia a veces nos la inventamos, la reconstruimos, la cambiamos, la “tuneamos” con el niño como protagonista, buscando que sus ojos, que su atención sea toda nuestra.  Le enseñamos lo divertido que puede ser y, si hacemos memoria, veremos que en la mayoría de los casos esos niños cogían después los libros “pretendiendo” que los estaban leyendo, tenían ganas de aprender a leer.

Cuándo se convierte el libro en la materialización del tedio? ¿Se convierte? No, lo cierto es que lo convertimos.

Podemos culpar a la realidad que les rodea, que nos rodea, culpar a la televisión, a los móviles, a las táblets, culpar al gobierno, a la poca inversión, a los padres, etc…. Daniel Pennac señala:

Es importante tener culpables y en la escuela todos los escalafones encuentran su culpable: el otro. […] El profesor de primaria se queja de la guardería y de que los padres no educan a los hijos, pero el de secundaria cree que el de primaria no ha hecho bien su trabajo. Cuando aprueban por fin el bachillerato siguen sin tener buenos cimientos y los catedráticos de universidad se quejan de cómo les llegan los alumnos a las aulas (Pennac, 2008).

Resulta realmente curioso que a medida que el niño crece, a medida que el niño aprende a leer, les vamos dejando solos ante los libros. Los padres poco a poco ya no se sientan en el borde de la cama y, de repente, comienzan a preguntar sobre el contenido de lo leído y la lectura es lamentablemente rebajada al papel de tarea. Mientras, los profesores en el cole empezamos a centrarnos en la adquisición lectoescritora. Es como si llegara un momento, demasiado pronto, en el que en vez de propiciar el placer por la lectura, nos enfocáramos en que sepan leer, cada vez mejor, sin importarnos si les gusta o no hacerlo y poco a poco…el verbo leer se convierte en imperativo.

Entonces, ¿cómo aprender a reencontrarnos con ese placer por la lectura, cómo enseñarlo? Para ello hemos de enfrentarnos a verdades que realmente no tienen que ver con todo aquello que culpamos relativas a la sociedad actual. Tiene que ver con nosotros como maestros, como padres, como guía y como narradores, como puente en el contacto del niño y el libro.

El niño seguiría siendo un buen lector si los adultos no nos empeñáramos constantemente en poner a prueba su competencia lectora. Como nos recuerda Pennac (1992) hemos olvidado para los más pequeños los derechos como lectores que nos permitimos nosotros los adultos:

  1. El derecho a no leer. 
  2. El derecho a saltarnos páginas.
  3. El derecho a no terminar un libro.
  4. El derecho a releer.
  5. El derecho a leer cualquier cosa.
  6. El derecho al bovarismo.
  7. El derecho a leer en cualquier sitio.
  8. El derecho a hojear.
  9. El derecho a leer en voz alta.
  10. El derecho a callarnos.

Reconciliarnos con la lectura pasa por no pedir nunca nada a cambio. Primero deberíamos fomentar el placer por la lectura, respetar los ritmos de aprendizaje de cada niño, deberíamos centrarnos solo en que sea un placer, un disfrute, un juego….la comprensión viene después, entender vendrá después….

Referencias bibliográficas

Pennac, D. (1992). Como una novela. Anagrama.

Martí, O. (6 de septiembre de 2008). El “torpe” Pennac. El Páis. https://elpais.com/diario/2008/09/06/babelia/1220657952_850215.html

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-5222

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