Atteneri Hernández Torres Profesora del Máster en Neurociencia y Educación
Mar, 25/10/2022 - 16:33

Adolescente aburrido mirando el móvil

Adolescente aburrido mirando el móvil

Serie: 'Neurociencia Educativa' (XXXVIII)

¿Por qué nos ha terminado aburriendo esa conversación? ¿Te has quedado dormido alguna vez viendo una película? ¿Te ha costado mantener la atención ante una clase monótona?

Al igual que la ansiedad, el estrés o el miedo, el aburrimiento es una respuesta filogenética y ontogenéticamente definida. Es un estado desagradable, que el ser humano busca evitar. Por lo tanto ¿qué función puede tener en el desarrollo del ser humano?

El aburrimiento se produce de forma universal en todas las culturas y a todas las edades del ser humano. Incluso los bebés se aburren, puesto que es un proceso necesario para el aprendizaje. Por ejemplo, si un bebé no fuera capaz de aburrirse, se quedaría “enganchado” a un estímulo como si éste fuera eternamente novedoso. Sin embargo, una vez que se produce el proceso de habituación ante un estímulo repetitivo (y, por lo tanto, de aburrimiento), se reduce su respuesta atencional y de interés, siendo capaz de prestar atención a un nuevo estímulo, probablemente más complejo. El aburrimiento es una señal de que se ha invertido demasiado tiempo en un mismo estímulo y es una invitación a la novedad. Por lo tanto, es una señal que avisa de que la tarea no es estimulante y que se debe buscar otras metas más atractivas.

Pero ¿qué ocurre en nuestro cuerpo cuando nos aburrimos? Por un lado, al disminuir nuestro estado de excitación nerviosa aparece el letargo, lo que produce un aumento de niveles de cortisol. Esta hormona, coloquialmente conocida como la hormona del estrés, es la responsable de que el aburrimiento nos produzca desagrado. Por otro lado, se va a activar en nuestro cerebro la llamada “red por defecto” o “estado en reposo”. Esta red se ocupa de conectar experiencias y aprendizajes del pasado con planes del futuro, la cual se activa, a su vez, cuando “soñamos despiertos”.  Además, el responsable de que el aburrimiento nos de sueño es el núcleo accumbens que, al estar asociado con la motivación y el placer, es capaz a su vez de producir sueño ante la ausencia de estímulos motivadores.

En suma, cierto nivel de aburrimiento va a modificar nuestro estado cerebral y, por lo tanto, nuestro comportamiento, siendo más tolerantes, creativos, resolutivos y flexibles cognitivamente. El aburrimiento es la semilla de la creatividad. Nos ayuda a encontrar la iniciativa para buscar nuevas metas, pensar en experiencias alternativas o en otro tipo de actividades que aporten un mayor significado a nuestra vida. Si trasladamos esta idea a la educación en la infancia y las pautas de crianza, podemos llegar a la conclusión de que, el aburrimiento, es un proceso esencial para el aprendizaje y la creatividad. No obstante, la sobrecarga sensorial de la vida moderna y la gran oferta de ocio y entretenimiento que se tiene en la infancia produce que los seres humanos, sobremanera a edades tempranas, no se adapten a esta sensación desagradable y, por ende, no se produzca el escenario ideal para ser creativos e innovadores. La ausencia de acción promueve la introspección, proceso necesario para “asomarnos” a nuestro mundo interior y examinar que nos “llama” la atención o que sentimientos ante los eventos que ocurren. Sin embargo, la sociedad actual, lejos de promover este proceso, fomenta que durante la infancia se dependa constantemente de proveedores externos de entretenimiento.  En definitiva, el aburrimiento debe verse como una oportunidad necesaria, más que como un estado a evitar.

 

Editor: Universidad Isabel I.

ISSN 2697-0481

Burgos, España.

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