Día Mundial Sin Tabaco

Alguien a quien quería y admiraba con toda mi alma, que fumaba, siempre me dijo que fumar era el vicio más estúpido que existía entre los humanos. Y creo que ésta es una verdad poco o nada irrefutable. A pesar de ello fumo, poco, pero fumo.

Hoy en el Día Mundial Sin Tabaco quiero aportar la reflexión de un fumador que considera poco inteligentes a las personas que fuman, empezando por el que suscribe. Fumar es pésimo para la salud, crea dependencia, a menudo incomoda a terceros, genera gastos a la sanidad pública, produce suciedad en las calles, malos olores en casa y en la ropa, un elevado gasto económico familiar y otras tantos perjuicios personales y sociales que se podrían citar.

Aunque uno no es un ejemplo a seguir, al menos en esto del tabaco y en otras muchas cosas, me permito realizar algunas sugerencias a los fumadores. Por sólo citar algunos ejemplos: debemos intentar que el cigarro nos domine lo mínimo posible, es muy conveniente fumar el primer pitillo lo más tarde que nos permita nuestra voluntad, por ejemplo a media mañana; nunca fumar entre los platos de la comida, no fumar delante de nuestros hijos, y cuando salimos de fiesta controlar la relación entre las bebidas alcohólicas y el tabaco, que suele ser cuando más fumamos los ya fumadores.

Soy de los fumadores que está encantado con que no se pueda fumar en el trabajo o en lugares públicos cerrados, todavía recuerdo cuando se podía encender un pitillo en los hospitales o cuando los mayores ofrecían a sus hijos quinceañeros un cigarro para que fueran ‘hombres’ y me produce una sensación de pena pensar en aquella sociedad poco avanzada y escasamente civilizada. También estoy en el bando de los que piden permiso para fumar cuando estoy con quienes no fuman.

Esta es una buena fecha para recordar que, en términos generales, los excesos siempre son malos, con el tabaco muy malos. Todos tenemos la responsabilidad de intentar que los adolescentes no empiecen a fumar, que ahí es donde se deberían volcar los esfuerzos de las campañas antitabaco de las administraciones públicas.

Y para los que seguimos con el vicio, el que pueda que lo deje o al menos que lo intente, y si no puede que reduzca al mínimo la agresión a su propia salud. Sin tabaco se vive mejor, lo dice un fumador.

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