El profesor Ricardo Ortega Ruiz y el director del podcast Jorge Onsulve.

El profesor Ricardo Ortega Ruiz y el director del podcast Jorge Onsulve.

1 de abril de 2026. El antropólogo forense y arqueólogo Ricardo Ortega Ruiz, profesor del Grado en Criminología y docente del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I, ha participado en el podcast La Fábrica de la Ciencia, donde analiza uno de los fenómenos más llamativos de la antropología física: las deformaciones craneales intencionadas en la América precolombina.

Durante la conversación, el profesor Ricardo Ortega explicó que esta práctica fue una de las formas de modificación corporal más extendidas en diversas culturas antiguas. Lejos de tratarse de un accidente o una anomalía, era un proceso deliberado que comenzaba pocos días después del nacimiento, cuando los huesos del cráneo aún son maleables. “No era algo casual ni improvisado; se trataba de un proceso controlado que empezaba prácticamente desde el nacimiento para dirigir el crecimiento del cráneo”, señaló el investigador.

Con más de veinte años de experiencia en antropología forense, el profesor Ortega Ruiz ha dedicado gran parte de su carrera al estudio de este fenómeno. Su tesis doctoral, centrada en la biomecánica de la deformación craneal artificial, analiza cómo los materiales y técnicas utilizados por estas sociedades alteraban de manera progresiva la forma del cráneo sin afectar de forma significativa a la capacidad cognitiva de las personas.

Cómo se realizaban las deformaciones craneales

El profesor explica que las culturas prehispánicas empleaban distintos sistemas para modificar la forma de la cabeza de los recién nacidos. Entre ellos destacan las tablillas de madera, que comprimían el cráneo por la parte frontal y posterior para dirigir su crecimiento; las bandas textiles o cuerdas, que generaban formas cilíndricas o cónicas; o incluso cunas rígidas que ejercían presión constante en la parte posterior de la cabeza.

Este proceso podía prolongarse durante más de un año. “El aparato deformador se aplicaba desde los primeros días de vida y podía mantenerse hasta los 15 años, cuando el cráneo ya había adquirido la forma deseada”, explica Ricardo Ortega. En algunos casos, las presiones excesivas provocaban heridas o desplazamientos en la posición de las tablillas, aunque los estudios bioarqueológicos indican que la mortalidad asociada a esta práctica era extremadamente baja.

Análisis de restos óseos realizada por el profesor Ricardo Ortega

Análisis de restos óseos realizada por el profesor Ricardo Ortega.

Un marcador de identidad y estatus social

Más allá de su dimensión física, la deformación craneal tenía un profundo significado cultural. Según explica el investigador, en muchas sociedades precolombinas servía como marcador visible de estatus o pertenencia social.

“En algunos contextos, las personas de mayor estatus eran precisamente las que presentaban estas deformaciones”, afirma el antropólogo. Sin embargo, el significado no siempre estaba relacionado con la riqueza, sino con la pertenencia a determinados grupos sociales o linajes.

También funcionaba como un sistema de identificación entre comunidades. “Cada grupo tenía su propio tipo de deformación craneal, lo que permitía distinguir a simple vista de qué comunidad procedía una persona”, explica el antropólogo. En imperios como el Inca, por ejemplo, estas diferencias podían reflejar la diversidad étnica de los territorios integrados en el mismo sistema político.

Evidencias arqueológicas y nuevas líneas de investigación

Las investigaciones arqueológicas han permitido documentar estas prácticas en numerosos yacimientos de América. El profesor Ortega ha trabajado, entre otros lugares, en la huaca prehispánica de El Brujo (costa norte de Perú) o en la pirámide de Huallamarca (Lima), donde se han recuperado restos humanos con deformaciones craneales y objetos utilizados para realizarlas. “En el yacimiento de El Brujo apareció todo un conjunto de deformadores craneales fabricados con tela, lo que nos permite entender mejor cómo se aplicaban estas técnicas”, explica.

Actualmente, el investigador colabora con especialistas en ingeniería mecánica para recrear experimentalmente estos sistemas y analizar cómo actuaban sobre el crecimiento del cráneo. Estas investigaciones permitirán comprender con mayor precisión los efectos biomecánicos de la deformación y cómo el cuerpo humano se adapta progresivamente a este tipo de modificaciones.

Cráneo deformado de forma artificial para comprobar la presión que es necesaria para provocar los cambios en su estructura ósea

Cráneo deformado artificialmente para comprobar la presión que es necesaria para provocar los cambios en su estructura ósea.

Según Ortega Ruiz, el cuerpo humano es capaz de adaptarse a estos cambios cuando se producen de forma gradual. El crecimiento del hueso y de los músculos cervicales compensa la nueva distribución del peso del cráneo, lo que explica que muchas personas con deformaciones craneales no presentaran limitaciones funcionales significativas.

Una práctica presente en distintas culturas

Aunque la deformación craneal es especialmente conocida en América, el fenómeno también se ha documentado en otras regiones del mundo. El investigador menciona ejemplos históricos en Europa como los asociados a los hunos durante la Antigüedad tardía, donde algunos restos humanos muestran rasgos característicos de estas modificaciones al colonizar la zona de Croacia y Serbia. Y en Asia, la nuca lisa de los bebés por no ser cogidos en brazos cuando lloran.

En el continente americano, las formas de deformación variaban según las culturas. Civilizaciones como los Paracas en la costa peruana desarrollaron cráneos extremadamente alargados mediante técnicas anulares, mientras que los Mayas preferían formas tabulares que aplanaban la frente y elevaban el cráneo. En el mundo andino, estas prácticas podían servir también para diferenciar grupos dentro del imperio Inca.

El podcast como espacio de divulgación científica

La participación de Ricardo Ortega en el podcast La Fábrica de la Ciencia, ha sido el primero de una serie dedicada a acercar al público temas de investigación en sus especialidades.

El podcast está presentado por Jorge Onsulve, se presenta como una ventana en la que investigadores y especialistas de distintos ámbitos comparten sus trabajos y explican de forma accesible los avances y preguntas que guían la investigación científica actual. A través de entrevistas con expertos, el programa busca acercar al público general temas complejos de la ciencia, la tecnología o la historia desde una perspectiva divulgativa y rigurosa.