Facultad de Ciencias de la Salud Universidad Isabel I
Mar, 21/04/2026 - 14:09

disruptores endocrinosLos disruptores endocrinos pueden llegar al organismo a través de la dieta.

En los últimos años, el interés por la relación entre alimentación, salud hormonal y exposición a sustancias químicas ha crecido considerablemente. Entre los compuestos que más preocupación generan se encuentran los disruptores endocrinos, sustancias presentes en el entorno y en algunos alimentos que pueden alterar el funcionamiento normal del sistema hormonal.

Los disruptores endocrinos pueden llegar al organismo a través de la dieta y los nutricionistas y endocrinos consideran que es fundamental adoptar hábitos alimentarios más seguros, para tratar de contrarrestar sus efectos en el organismo. Muchos de estos compuestos se encuentran en envases alimentarios, pesticidas utilizados en la agricultura o en determinados procesos industriales de los alimentos.

Aunque no se habla de riesgos inmediatos, sino de alteraciones que pueden acumularse con el tiempo, los disruptores endocrinos pueden provocar problemas relacionados con la fertilidad, el desarrollo infantil, el metabolismo o la salud tiroidea, porque estos compuestos químicos están presentes en objetos habituales.

¿Qué son los disruptores endocrinos?

Los disruptores endocrinos son sustancias químicas capaces de interferir en el funcionamiento del sistema hormonal del organismo, alterando la producción, liberación o acción de las hormonas. Estas sustancias pueden imitar o bloquear la acción de las hormonas naturales y modificar procesos biológicos esenciales.

El sistema endocrino regula funciones clave como:

  • Crecimiento y desarrollo
  • Reproducción
  • Regulación del metabolismo
  • Equilibrio energético

Conocer cómo funciona el sistema endocrino, responsable de producir hormonas que actúan como mensajeros químicos entre órganos y tejidos, es el primer paso para atajar los efectos nocivos que pueden producir los disruptores endocrinos.

Según organismos científicos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y diferentes agencias de seguridad alimentaria como la Agencia Europea del Medio Ambiente o la española AESAN, los disruptores endocrinos pueden entrar en el organismo por distintas vías, pero la alimentación es una de las principales fuentes de exposición. Esto ocurre cuando estas sustancias se encuentran en alimentos contaminados, en envases que no son orgánicos o en residuos de productos utilizados durante la producción agrícola.

Comprender cómo afectan al organismo los disruptores endocrinos químicos es especialmente importante porque, incluso en pequeñas cantidades y a largo plazo, pueden influir en el equilibrio hormonal y en los procesos metabólicos del cuerpo humano.

Principales disruptores endocrinos químicos en la dieta

Los disruptores endocrinos pueden encontrarse en numerosos elementos relacionados con la producción y conservación de los alimentos. Entre los más relevantes destacan los compuestos presentes en envases alimentarios, pesticidas agrícolas y algunos contaminantes ambientales.

Bisfenol A (BPA) y ftalatos: el peligro de los envases

Uno de los ejemplos más conocidos dentro de la lista de disruptores endocrinos es el Bisfenol A (BPA). Este compuesto se utiliza en la fabricación de ciertos plásticos y resinas epoxi presentes en productos tan cotidianos como las botellas de plástico, los envases alimentarios o el recubrimiento interno de las latas.

Cuando estos materiales se exponen a altas temperaturas o se degradan con el tiempo, como el caso de las sartenes de teflón con la superficie en mal estado o el barro que contenga plomo, pueden liberar pequeñas cantidades de BPA que pasan a los alimentos.

Diversos estudios como el elaborado por la revista internacional UNAM Global han mostrado que el BPA puede imitar la acción de los estrógenos, una de las principales hormonas sexuales del organismo, alterando el equilibrio hormonal en las mujeres generando enfermedades inflamatorias e inmunes como endometriosis, síndrome del ovario poliquístico o algunos tipos de cáncer como tiroides, mama, ovarios o próstata, pero también otras tan comunes como la diabetes, algunos trastornos neurológicos y reproductivos.

Otro grupo importante son los ftalatos, compuestos utilizados para hacer más flexibles algunos plásticos. Estos también pueden migrar hacia los alimentos, especialmente en productos envasados o procesados. Incluso, pueden encontrarse en productos tan habituales como los auriculares, que se absorben por la piel con el calor y el sudor, generando baja fertilidad y problemas en el desarrollo neurológico.

Entre los disruptores endocrinos los ejemplos más habituales están en la alimentación, el BPA y los ftalatos destacan por su presencia en materiales que están en contacto directo con los alimentos. Los científicos de la agencia europea EFSA consideran que la cantidad establecida para cada día de estos productos es de 0,2 nanogramos por kilogramo de peso (0,2 mil millonésimas de gramo).

Pesticidas y herbicidas en frutas y verduras

Otro grupo de disruptores endocrinos químicos está relacionado con los pesticidas y herbicidas utilizados en la agricultura. Algunos de estos compuestos pueden permanecer como residuos en frutas, verduras y cereales si no se eliminan correctamente durante el lavado o el procesamiento.

Entre los pesticidas que se han asociado a efectos disruptores endocrinos destacan:

  • Organoclorados. Son un grupo de pesticidas sintéticos que se utilizaron ampliamente en la agricultura durante gran parte del siglo XX para controlar insectos que dañaban cultivos. Se caracterizan por su alta persistencia en el medio ambiente, lo que significa que pueden permanecer durante años en el suelo, el agua y la cadena alimentaria. Uno de los ejemplos más conocidos es el DDT, un insecticida que fue prohibido en muchos países debido a su impacto ambiental y sus posibles efectos sobre la salud humana.

Estos compuestos pueden acumularse en los tejidos grasos de animales y humanos, lo que aumenta el riesgo de exposición a través de la dieta. Aunque su uso está restringido en la actualidad, todavía pueden detectarse pequeñas cantidades en algunos alimentos debido a su persistencia ambiental. Los alimentos donde con mayor frecuencia pueden encontrarse residuos históricos de organoclorados incluyen los pescados grasos (como salmón o atún), productos lácteos, carnes animales o algunos cultivos agrícolas contaminados por suelos tratados con estos pesticidas.

  • Organofosforados. Son otro grupo de pesticidas utilizados para eliminar insectos que afectan a los cultivos. A diferencia de los organoclorados, estos compuestos no permanecen tanto tiempo en el medio ambiente, pero pueden resultar tóxicos si se ingieren en cantidades elevadas. Estos pesticidas actúan sobre el sistema nervioso de los insectos, lo que explica su eficacia en la agricultura. Sin embargo, en humanos también pueden afectar a procesos neurológicos si la exposición es elevada o prolongada.

En el ámbito alimentario, los organofosforados pueden aparecer como residuos en frutas y verduras cultivadas con agricultura intensiva, especialmente cuando no se eliminan adecuadamente durante el lavado o el procesado. Entre los alimentos donde pueden detectarse con mayor frecuencia destacan: manzanas, fresas, uvas, pimientos, tomates o verduras como espinacas o lechugas. Por este motivo, las autoridades sanitarias recomiendan lavar bien las frutas y verduras antes de consumirlas y, cuando sea posible, optar por productos de origen controlado o ecológico.

  • Algunos herbicidas utilizados en cultivos intensivos. Son sustancias químicas diseñadas para eliminar las malas hierbas que compiten con los cultivos por nutrientes, agua y luz. En la agricultura intensiva se utilizan con frecuencia para mejorar la productividad de los campos. Uno de los herbicidas más conocidos es el glifosato, empleado en numerosos cultivos a nivel mundial. Aunque su uso está regulado y se establecen límites máximos de residuos en alimentos, algunos estudios han investigado su posible relación con alteraciones hormonales y metabólicas.

Entre los productos donde pueden detectarse con mayor frecuencia se encuentran: cereales como el trigo, maíz o avena; legumbres, soja, frutas y verduras procedentes de agricultura intensiva. La presencia de estos residuos suele encontrarse en niveles regulados por las autoridades sanitarias, pero se recomienda diversificar la dieta, lavar bien los alimentos y priorizar productos frescos o de producción controlada para reducir la exposición.

Aunque las autoridades sanitarias establecen límites de seguridad para estos residuos, la exposición acumulada a lo largo del tiempo sigue siendo objeto de estudio en el ámbito científico.

Metales pesados y aditivos alimentarios

En algunos casos, los alimentos también pueden contener metales pesados o ciertos aditivos que actúan como disruptores endocrinos potenciales.

Entre los más estudiados se encuentran:

  • Mercurio, presente en algunos pescados grandes como el pez espada o emperador, atún rojo, tiburón o cazón o lucio. En el agua, los microorganismos lo transforman en metilmercurio, una forma altamente tóxica que se acumula en los organismos vivos. A medida que los peces pequeños son consumidos por los grandes, el mercurio se concentra progresivamente en la cadena alimentaria, en un fenómeno conocido como bioacumulación. Se recomienda moderar el consumo de estos pescados, especialmente en mujeres embarazadas, niños y adolescentes.
  • Cadmio, asociado a ciertos productos agrícolas, ya que procede de fertilizantes, emisiones industriales o contaminación ambiental y algunos alimentos lo acumulan de forma natural. Es el caso de cereales como el trigo, arroz o avena, patatas, verduras de hoja verde, cacao y chocolate o mariscos, especialmente los moluscos. Se acumula en los riñones humanos.
  • Arsénico, que puede encontrarse en algunos alimentos contaminados, al incorporarse a los cultivos a través del agua de riego o del propio suelo. Los alimentos en los que se encuentra con mayor frecuencia son: arroz, cereales, pescados y mariscos o agua potable en algunas regiones del mundo.

Estos metales pueden interferir con la función hormonal y afectar a procesos fisiológicos importantes.

Algunos aditivos alimentarios utilizados para mejorar la conservación o el aspecto de los productos también están siendo evaluados por su posible impacto sobre el equilibrio endocrino.

Lista de alimentos y productos con mayor riesgo de exposición

Aunque la presencia de disruptores endocrinos depende de múltiples factores, ciertos alimentos y productos pueden representar un mayor riesgo de exposición.

Una lista de disruptores endocrinos asociados a la alimentación incluye situaciones como:

  1. Alimentos enlatados o en envases plásticos: Los recubrimientos internos de algunas latas pueden contener BPA.
  2. Comida ultraprocesada: Suele estar en contacto con múltiples materiales plásticos durante su fabricación y almacenamiento.
  3. Productos agrícolas tratados con pesticidas: Frutas y verduras cultivadas con agricultura intensiva pueden contener residuos químicos.
  4. Pescados grandes depredadores: Especies como el pez espada o el atún pueden acumular metales pesados.
  5. Alimentos calentados en envases plásticos: El calor favorece la liberación de compuestos químicos hacia la comida.

No significa que estos alimentos deban eliminarse por completo de la dieta, pero sí conviene tomar ciertas precauciones para reducir la exposición a ellos.

Cómo reducir los disruptores endocrinos: consejos nutricionales

Reducir la exposición a disruptores endocrinos en la alimentación es posible mediante pequeños cambios en la selección, almacenamiento y preparación de los alimentos.

Selección de alimentos frescos vs. procesados

Una de las recomendaciones principales es priorizar alimentos frescos frente a productos ultraprocesados.

Los alimentos frescos suelen tener:

  • Menos contacto con envases industriales
  • Menor número de aditivos
  • Menor exposición a materiales plásticos

Además, elegir productos de temporada y de origen local puede contribuir a disminuir la presencia de residuos químicos.

Claves para el almacenamiento y cocinado seguro

El modo en que almacenamos y cocinamos los alimentos también influye en la exposición a disruptores endocrinos.

Algunas recomendaciones útiles incluyen:

  • Evitar calentar alimentos en recipientes de plástico
  • Utilizar envases de vidrio o acero inoxidable
  • No reutilizar botellas de plástico destinadas a un solo uso
  • Lavar bien frutas y verduras antes de consumirlas

Estas prácticas sencillas ayudan a reducir la migración de compuestos químicos hacia los alimentos.

El impacto real en la salud hormonal y el metabolismo

La preocupación por los disruptores endocrinos se debe a su posible impacto sobre la salud hormonal y el metabolismo.

Las hormonas regulan procesos esenciales del organismo, y cualquier alteración en su funcionamiento puede afectar a:

  • El equilibrio energético
  • La regulación del apetito
  • El almacenamiento de grasa
  • La respuesta metabólica del organismo

De hecho, algunos estudios sugieren que ciertos disruptores endocrinos podrían influir en trastornos metabólicos y en el equilibrio energético del cuerpo. Comprender estos mecanismos es clave para analizar cómo funciona el metabolismo y cómo la alimentación influye en él.

Aunque la investigación científica sigue avanzando, la evidencia actual indica que reducir la exposición a estos compuestos es una medida prudente para proteger la salud a largo plazo. Es imposible eliminar los disruptores endocrinos por completo del entorno, pero sí es posible reducir significativamente la exposición a ellos mediante decisiones informadas. Priorizar los alimentos frescos, evitar calentar la comida en plásticos, lavar correctamente frutas y verduras o moderar el consumo de alimentos ultraprocesados son algunas de las medidas más efectivas.

La investigación sobre disruptores endocrinos continúa creciendo, y cada vez existe mayor interés en el estudio de su relación con la nutrición y la salud hormonal. Por ello, la formación especializada en nutrición resulta fundamental para comprender estas interacciones entre alimentación, metabolismo y salud. Programas académicos como un Máster en Nutrición y Salud permiten profundizar en estos aspectos desde una perspectiva científica y aplicada.

En definitiva, adoptar una alimentación consciente y basada en la evidencia científica es una de las mejores herramientas para proteger el equilibrio hormonal y mejorar la salud a largo plazo.