Ricardo Ortega Ruiz en el programa Mañaneros de RTVE

Ricardo Ortega Ruiz en el programa Mañaneros de RTVE

16 de marzo de 2026. El análisis de los restos óseos identificados recientemente como pertenecientes a Francisca Cadenas abre una nueva etapa en la investigación sobre su muerte, ocurrida hace nueve años. Aunque el tiempo transcurrido puede dificultar la reconstrucción de los hechos, la antropología forense aún puede aportar claves relevantes para esclarecer si se trató de una muerte accidental o violenta.

Así lo explicó el profesor Ricardo Ortega-Ruiz, experto en antropología forense y profesor del Grado en Criminología y Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I, durante una entrevista concedida el pasado 12 de marzo en el programa Mañaneros de RTVE, en una conversación con la periodista Mónica López.

Durante la entrevista, el profesor Ortega-Ruiz explicó que los huesos pueden conservar durante años el registro de los traumatismos sufridos por una persona, siempre que las lesiones hayan alcanzado el tejido óseo. “Los huesos pueden mantener el registro de todos los traumas que ha podido sufrir, siempre y cuando hayan llegado a nivel óseo”, puntualizó.

El experto añadió que no todas las agresiones dejan rastro en el esqueleto. Una puñalada que afecte únicamente a tejidos blandos, por ejemplo en el abdomen, “podría no detectarse si no alcanzó el hueso. En cambio, otras situaciones sí podrían quedar reflejadas incluso tras casi una década”, explicó el experto forense.

Entre ellas mencionó los posibles estrangulamientos en personas de edad avanzada. Con los años, explicó, algunos cartílagos de la garganta se osifican y se convierten en hueso, lo que puede permitir detectar presiones ejercidas en esa zona. “Ese hueso sí que registra bien la presión generada a la hora de asfixiar, ya sea con las manos o con algún objeto como una cuerda o un cable”, apuntó.

Los especialistas también pueden diferenciar, en muchos casos, entre un golpe accidental y uno intencionado. Para ello analizan factores como el lugar del impacto, el número de lesiones o el tipo de fractura. Según el profesor Ortega-Ruiz, un único golpe en la cabeza podría ser compatible con una caída fortuita —por ejemplo, por unas escaleras—, mientras que la presencia de varios impactos en zonas que no corresponden con una caída, podría indicar la intervención de terceros.

Preguntado por la posibilidad de encontrar restos de fluidos u otras evidencias biológicas, el antropólogo señaló que, aunque a simple vista no suele quedar rastro, el hueso es un material poroso que puede conservar partículas microscópicas. Por ello no descartó que técnicas analíticas avanzadas puedan aportar pistas adicionales durante el examen de laboratorio.

En la actualidad, los restos óseos han sido trasladados a Madrid para su análisis por los especialistas correspondientes. Sus conclusiones han resultado determinantes para esclarecer qué ocurrió con Francisca nueve años después de su desaparición. La autopsia ha revelado múltiples golpes en la cara y el cráneo compatibles con el asesinato.

Ricardo Ortega Ruiz entrevistado por Mónica López, del programa Mañaneros

Ricardo Ortega Ruiz entrevistado por Mónica López, del programa Mañaneros.

El caso de Francisca Cadenas

La desaparición de Francisca Cadenas, una mujer de 59 años de la localidad de Hornachos (Badajoz), se ha convertido en uno de los casos más enigmáticos y prolongados de España. Ocurrió en la noche del 9 de mayo de 2017, cuando Francisca salió de su casa para acompañar a unos amigos a su coche y despedirse tras haber pasado la tarde cuidando de una niña.

Todo parecía rutinario. El trayecto de regreso a su hogar apenas sumaba 50 metros en un callejón bien iluminado del casco urbano. Sin embargo, Francisca nunca llegó a su casa y desde entonces no se tuvo ninguna pista fiable de su paradero durante años.

Tras la desaparición, la Guardia Civil, la Policía Judicial y vecinos de Hornachos organizaron batidas y búsquedas sin resultado. La familia, devastada, siempre rechazó la hipótesis de una desaparición voluntaria y reclamó más medios técnicos y humanos para resolver el caso.  Con el paso de los años, el suceso se convirtió en un símbolo de una investigación que no avanzaba. A pesar de reconstrucciones, entrevistas y la participación de distintas unidades de la Guardia Civil, no se lograron hallazgos concluyentes durante largo tiempo.

En noviembre de 2024, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil se hizo cargo de la investigación, con el objetivo de analizar de nuevo el lugar donde Francisca fue vista por última vez y cruzar todas las pruebas posibles. Durante meses, los agentes reconstruyeron los últimos pasos de la víctima y revisaron indicios que, hasta entonces, no habían aportado resultados determinantes.

El avance más decisivo ha llegado hace unos días, en marzo de 2026, cuando en el registro de una vivienda situada en la misma calle donde vivía Francisca se hallaron restos óseos humanos enterrados en el patio. La Guardia Civil procedió a la detención de dos hermanos vecinos, que pasaron de ser testigos a investigados en el caso.

Los restos fueron remitidos a Madrid para análisis científicos y posteriormente confirmados como pertenecientes a Francisca, poniendo fin a años de incertidumbre.  Posteriormente, uno de los hermanos arrestados confesó ante la Guardia Civil ser el autor del asesinato, exculpando a su hermano.