Víctor Rodríguez González Director del Grado en Criminología
Vie, 20/01/2017 - 18:16

El ser humano es uno de los pocos seres vivos que pueden decidir si mentir a sus semejantes o no. Cuanto más sofisticado es un animal, mayor es su capacidad para elaborar mentiras y aplicarlas.

Pero, para poder explicar qué es la comunicación no verbal y su relación con las mentiras, antes debemos tener claro el concepto de mentira.

«Una mentira es aquella información facilitada por una persona a sabiendas (o no) de que dicha información falta a la verdad».

La acción de mentir no deja de ser más que una opción para la persona que desea transmitir el mensaje que está a punto de difundir. El hecho de que esta persona decida mentir o faltar a la verdad dependerá de un complejo proceso psicológico en el que el autor optará por la opción que más le beneficie.

Debemos diferenciar entre mentir y faltar a la verdad, ya que la acción de mentir conlleva asociado el conocimiento de que la información que se transmite es falsa en su totalidad o parte, pero faltar a la verdad puede que sea tan solo ocultar parte de la información, por lo que, si no se es preguntado directamente sobre la información sensible y el emisor no quiere revelarla, no estaría mintiendo. Este es uno de los puntos que conllevan grandes controversias en el campo de la CNV y que trataremos en futuras publicaciones.

Recordemos que, para que exista comunicación y se puedan dar las mentiras, debe  haber al menos un emisor, un mensaje, un receptor, un código común que se utiliza para emitir el mensaje y todo ello en un mismo canal.

Podríamos usar la teoría de la opción racional para explicarlo, ya que no deja de ser un proceso de toma de decisiones que, en definitiva, busca el mayor beneficio posible con el uso.

Todas las personas racionales y libres que optan por mentir en virtud de la toma de una decisión que les puede resultar beneficiosa son guiadas por la búsqueda de un beneficio u otro, que puede ser el deleite de mentir, el evitar un castigo o el librarse de un mal mayor.

Aquellas personas que ya conocen las repercusiones o represalias que vayan a poder tener sus acciones o palabras pueden tender a modificarlas para mejorar dichas expectativas. Esto no quiere decir que vaya a resultar efectiva la acción, puesto que las mentiras, de un modo u otro, en numerosas ocasiones, se pueden detectar y desmontar, consiguiéndose así lo contrario al efecto deseado.

Pongamos por ejemplo a un marido que, cansado de la rutina de su trabajo de oficina, decide apuntarse a un equipo de fútbol con el resto de sus compañeros de trabajo para poder desconectar tanto del trabajo como de su esposa. Tras el partido, todos los jugadores se dirigen a un bar cercano para comentar las jugadas y poder mejorar su estrategia para futuros encuentros. El día en cuestión, esta persona se queda sola en el bar consumiendo varias bebidas alcohólicas mientras habla cariñosamente con la camarera del establecimiento.

Cuando el marido llegue a casa, tres horas más tarde de lo normal, tenderá a dar la explicación a su esposa de que ha sido un partido complicado y se han entretenido comentando el resultado y las estrategias usadas, en vez de que ha estado a solas con otra mujer.

Esta persona sabe que a su mujer la disgustará conocer la actitud que ha mantenido con otra mujer y, para evitar la potencial represalia, decide mentirle.

El hombre sabe que está mintiendo para evitar una reprimenda más o menos severa y es precisamente este proceso psicológico el que puede delatarle ante las personas que presencien su discurso.

Los complejos procesos psicológicos que implica el mentir provocan en nuestro organismo una serie de modificaciones que pueden facilitar al interlocutor el conseguir detectar dichas mentiras. En ocasiones pueden ser pequeños rasgos faciales (microexpresiones), autodelaciones o inflexiones de la voz, a los que, teniendo en consideración que no son más que indicios potenciales de mentira, debemos prestar atención.


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Los denominaremos «indicios», ya que no podemos asegurar al 100% que uno, o varios de ellos, nos sirvan para asegurar que una persona está mintiendo.

Entendamos la CNV como la parte del mensaje que es transmitido de una persona a otra, pero que no se emite mediante palabras sino con gestos, posición corporal, tono de voz, microexpresiones, etc. Esto supone más del 60% del mensaje que se quiere transmitir y el correcto uso de esta comunicación puede facilitar que el mensaje sea aceptado de una forma u otra.

El conjunto, y saber interpretar estos apartados básicos, aumenta en gran medida la posibilidad de llegar a descubrir a una persona que nos ha mentido y sus motivaciones para hacerlo.

En las próximas entradas de este blog, iremos revelando poco a poco aquellos gestos y detalles que nos pueden ayudar a conocer si nuestro interlocutor nos miente o nos dice la verdad.

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