La presencia del concepto e-learning  es una realidad que ha permeado todos los espacios del quehacer educativo. Más allá de la tentación hacia una nueva moda educativa, la sociedad de la información hace que el sector educativo se adapte a los nuevos modos bajo los cuales deba desplegar su labor en un mundo constantemente cambiante. Dentro del caso europeo, el conocido Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) apunta hacia una formación enriquecida por las nuevas tecnologías (también llamadas TIC) en la que, definitivamente, el estudiante toma mayor responsabilidad en su proceso de aprendizaje. En este sentido, resulta interesante saber qué es eso del e-learning y cómo ha sido la evolución de la educación a distancia hasta convertirse en educación online.

     Uno de los aspectos que generalmente pasan por alto en las discusiones sobre la actual dinámica educativa es conocer conceptualmente lo que significa el e-learning. Sabemos grosso modo que se relaciona con las TIC y que implica el uso de las herramientas tecnológicas con intencionalidad didáctica. Hay mucha literatura sobre los efectos positivos de las TIC en el aprendizaje, y desde luego la defensa del e-learning es compatible con un estilo moderno, tecnológico y antropocéntrico en el que, en definitiva, se busca que el estudiante sea sujeto y no objeto de la educación. Hasta aquí estamos de acuerdo, pero antes de profundizar en el típico debate entre la educación presencial y la educación online, repasemos algunas concepciones sobre lo que se entiende como e-learning:

     Azcorra (2011): tipo de enseñanza a distancia con un carácter abierto, interactivo y flexible que se desarrolla a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, aprovechando sobre todo las bondades que ofrece la red Internet.

    Martín Hernández (2006): señala la concepción compleja del e-learning, que engloba aquellas aplicaciones y servicios que, tomando como base las TIC, se orientan a facilitar el proceso de aprendizaje.

     Rosenberg (2001) indica que el e-learning se trata de una forma de educación a distancia, pero que no toda la educación a distancia se conforma como e-learning.

     Tal y como coinciden los anteriores autores, el denominador común está conformado por las TIC, el carácter abierto y la educación a distancia. Sin embargo, a nivel universitario esto se ha dado de manera progresiva por cuanto el desarrollo y descubrimiento de la modalidad e-learning ha permitido una nueva concepción de la educación como alternativa a las prácticas universitarias tradicionales, que de algún modo son tecnoescépticas ante la evolución y presencia de las tecnologías en el mundo educativo. Nos encontramos entonces ante dos maneras de entender una de las funciones de la Universidad: una manera se concibe desde las instituciones universitarias, que defienden la presencialidad como garantía de calidad de las enseñanzas, y otra manera es aquella defendida por las instituciones universitarias que abogan por una educación online de calidad. En el caso español, la Universidad ha transitado por varias fases a propósito del e-learning, las cuales se señalan a continuación:

Fases del e-learning en las universidades españolas a partir de Baelo (2009)

Fuente: elaboración propia con datos tomados de: Baelo (2009)

     Al revisar las fases anteriores, se puede inferir que en un primer momento se usaba Internet de manera bastante elemental e inclinada hacia la difusión de información institucional. Más adelante los onlinetrámites administrativos son digitalizados y, desde luego, el alumnado es también un usuario de lo que el autor llama «virtualización administrativa». La última fase ya consiste en el campus virtual y las actividades desarrolladas en torno a esta iniciativa. Ahora bien, ¿por qué todavía existe cierto escepticismo ante el e-learning? Posiblemente sea por desconocimiento de su dinámica, ya que generalmente se piensa que la calidad de los estudios depende del tiempo que esté el estudiante dentro del aula. Esta idea no permite que se exploren nuevas alternativas dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje y, por lo tanto, cuanto más se rechace, más aislada estará la institución universitaria que continúe con el tecnoescepticismo.

     El e-learning no es mágico. No actúa por sí mismo. Por lo tanto, se requiere convicción del docente en su nuevo rol como facilitador y orientador y también se necesita que el estudiante asuma que ahora él es el responsable de su propio aprendizaje y, por ello, no debe acudir a «buscar» conocimientos, sino que descubre, infiere y analiza la información que está a su alcance. De acuerdo con Baelo (2009):

De esta forma la adopción del e-learning supone una apuesta por un modelo pedagógico en el que el alumnado toma una mayor responsabilidad en su educación, contribuyendo al desarrollo de la eficiencia en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y por ende, a la mejora cualitativa del modelo educativo. (p. 88)

     A partir del fin de la última guerra mundial del siglo XX el mundo experimentó un cambio de paradigma tecnológico, y con ello, el reconocimiento de las capacidades constructivas y destructivas del ser humano hizo aflorar un conjunto de oportunidades en las que, desde luego, el ser humano fue el primer actor, protagonista y, sobre todo, el responsable. Ya para la última década del siglo XX, la caída del muro de Berlín puso en evidencia que inclusive las más firmes ideologías no serían impermeables ante la voz de la humanidad. Desde entonces, se incrementó la velocidad de los cambios, y por lo cual, la capacidad adaptativa suponía una característica prácticamente imperativa. En este orden de ideas, resulta interesante revisar la evolución del tipo de formación universitaria para que de manera sencilla podamos reconocer que la educación a distancia tiene su historia y desde luego ha evolucionado a lo que conocemos hoy en día.

Evolución del tipo de formación universitaria

Fuente: elaboración propia (2016)

ordenador      De tal manera, la intención de acercar la formación a donde estén las personas ha estado presente durante más de cien años. Lógicamente, este hecho ha estado acompañado con los descubrimientos tecnológicos propios de cada época. Es de observar cómo ha cambiado el rol del docente y el rol del estudiante. En ambos casos, cada uno tiene funciones identificadas; sin embargo y sin dejar de reconocer sus particularidades definitorias, la pedagogía crítica ha estimulado esta discusión concibiendo un deber ser adaptado a los tiempos. En definitiva, se trata de reconocer el pasado, consolidar el presente y proyectar un futuro en el que todos somos protagonistas.

Bibliografía

Azcorra, A. (2001). Informe sobre el estado de la teleeducación en España. Madrid: Asociación de Usuarios de Internet.

Baelo, R. (2009). El e-learning, una respuesta educativa a las demandas de las sociedades del siglo XXI. Pixel-Bit. Revista de medios y educación (35), 87-96.

Martín Hernández, A. (2006). Conceptos en La formación sin distancia. En Alvarado, A. y Rodríguez, A. (eds.). Madrid: Servicio Público de Empleo Estatal.

Rosenberg, M. J. (2001). E-learning: strategies for delivering knowledge in the digital age. Nueva York: McGraw-Hill.

 

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