Sheila López Pérez Profesora de la Universidad Isabel I
Lun, 11/10/2021 - 10:30

Psicología. Símbolo de manos atadas que se deshacen en una bandada de pájaros

Metáfora visual que relaciona la prohibición, el miedo y la libertad.

Serie: 'El ABC de la Psicología' (III)

'La entidad básica del proceso social es el individuo, sus deseos y sus temores, su razón y sus pasiones, su disposición para el bien y para el mal' (Fromm, 1981:22).

Así comenzaba Erich Fromm su El miedo a la libertad, obra destinada a la consideración del lugar del individuo en la sociedad, a la posibilidad de su desarrollo en un espacio siempre compartido y al salvaguardo de su particularidad en un mundo cada vez más masificado y homogeneizado.

El proceso de individuación

El 'proceso de individuación', nos dice Fromm, es el proceso mediante el cual un sujeto emerge de su estado de simbiosis con otra entidad, ya sea esta la madre, el contexto social o la propia naturaleza, y se convierte en un individuo autónomo. La historia de la humanidad y la historia de cada individuo en particular es el reflejo de esta lucha por la liberación de los vínculos que nos encadenan a entidades más grandes, así como del coraje por convertirnos en los seres que nos empeñamos en ser.

El proceso de individuación, la conversión en individuos autónomos implica tanto una mayor fortaleza del sujeto que se independiza de su entorno como una mayor soledad, o menor identificación con el mismo. En este alejamiento respecto a su contexto, el sujeto debe elegir entre someterse a una nueva entidad externa para no desvincularse del mundo –y evitar entrar en un estado de solipsismo insoportable- o aceptar sus diferencias con el propio contexto y los otros individuos, asimilarlas como diferencias artificiales y no radicales, y buscar un nuevo camino de semejanza. Un camino que ha de construirse. Esta segunda vía es la única genuinamente madura, la única con posibilidad de 'final feliz' entre individuo y mundo, la única en la que ninguno de los dos se deja explotar por el otro y no obstante se establece una retroalimentación continua entre ellos.

Esta segunda vía tiene que pasar necesariamente por la libertad, escribe Fromm:

'La existencia humana y la libertad son inseparables desde un principio' (Fromm, 1981:54),

Lo que significa que, sin unos vínculos construidos desde la libertad que otorga la individuación, es imposible que emerjan individuos libres y creativos dentro del contexto, unos individuos capaces de crear relaciones libres, maduras y sobre todo elegidas. La 'libertad de' (liberación de cadenas exteriores a través del proceso de individuación) es una premisa indispensable para que nazca la 'libertad para', la libertad que nos permita obrar de acuerdo con la particularidad y autonomía que nos caracteriza.

Individuación y capacidad para crear sentido

La libertad implica eterna y trágicamente la necesidad de tener que elegir. En el Edén, nos recuerda Fromm, no existía la libertad: la convivencia del hombre y la mujer era completamente armoniosa, tanto entre sí como con la naturaleza que les rodeaba. No necesitaban ser autónomos debido a que no necesitaban tomar decisiones. No era necesario el pensamiento crítico ni la reflexión, pues las acciones eran llevadas a cabo de manera intuitiva, prestando atención únicamente a los instintos primarios que les mimetizaban con el entorno.

En el Edén no éramos aún individuos, sino que éramos aún animales. Fue la primera elección reflexionada –la de coger la manzana- el desencadenante de una vida subyugada a las elecciones, a la salida a la mayoría de edad, a la dependencia de uno mismo. A partir de ese momento, nos dice Fromm, los individuos 'fueron más libres, pero a la vez se hallaron más solos' (Fromm, 1981:71). Liberados de aquellos vínculos que les hacían ser uno con el Sistema, los individuos perdieron a su vez aquellos vínculos que los hacían sentirse acompañados, comprendidos y salvaguardados.

A partir del uso de esta parábola bíblica, Fromm busca tanto explicar el proceso de individuación como desvelar la autonomía que nace a partir del momento en que decidimos tomar nuestras propias decisiones, una autonomía que nos vuelve capaces de crear nuevos y elegidos sentidos. ¿De qué sirve liberarse de la madre, del contexto o de la naturaleza si no disponemos de mecanismos para crear nuevos vínculos con el mundo que nos rodea? Un individuo autónomo no es aquel que aumenta su autonomía, sino aquel capaz de lograr que las posibilidades que se abren ante él, unas posibilidades a priori virtuales, se le aparezcan como posibilidades con sentido. Un sentido que es creado de manera individual, aunque sea proyectado en un mundo siempre compartido.

Bibliografía

Fromm, E., El miedo a la libertad (1981), Barcelona, Paidós

 

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1832

Burgos, España

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