Marcos Terradillos Director del Máster en Divulgación Científica
Vie, 18/12/2020 - 10:00

Antropomorfo para portada, dibujo de una cueva de Francia

Antropomorfo sostiene un instrumento de música. Grotte Trois Frères. A partir de Wikipedia.

En estos momentos se está desarrollando una exposición en el Museo de Arqueología Nacional sobre ‘Arqueología de los paisajes sonoros’. Además, nos encontramos en el Año Internacional del Sonido. Estos eventos nos recuerdan la importancia de la música y la comunicación para el ser humano. Pero ¿qué sabemos del origen de la música en la Prehistoria?

Nosotros nos caracterizamos por la comunicación. Nos comunicamos hablando con un lenguaje complejo, escribiendo, con nuestra vestimenta, con la expresión de nuestra cara, con la música, con nuestros adornos corporales, entre otros.

Siempre se nos ha presentado a los Homo sapiens, como los únicos seres humanos capaces de generar arte, lenguaje complejo y música. Pero ahora sabemos que, al menos los neandertales, contaban con un sistema comunicativo complejo y simbólico (como el arte), así como instrumentos musicales.

La música también es arte. Los orígenes exactos de la música son desconocidos, pero seguramente surgieron de la voz humana, de la percusión corporal o de los elementos del entorno (viento, lluvia, etcétera).

Desgraciadamente, estas primeras manifestaciones no dejaron huellas arqueológicas, ya que tanto la música como el lenguaje, no fosilizan. Las teorías más sólidas plantean la aparición de la música simultáneamente a la aparición del lenguaje. Las diferentes expresiones lingüísticas constituyen formas de música como resultado de diferentes modulaciones.

Podemos intentar rastrear la música a través de su representación en esculturas como la Venus de Laussel (es una estatuilla esculpida en un bloque de piedra caliza dura que representa a una mujer desnuda y en su mano derecha sostiene un cuerno de bisonte); grabados como el de la Cueva de Trois Frères, (en el que un antropomorfo sostiene un instrumento de música definido como un arco o una flauta); y pinturas como la de la Cueva de Cogul, (donde una serie de mujeres danzan alrededor de una figura masculina).

Las primeras evidencias arqueológicas de instrumentos musicales inequívocos (flautas) proceden del Auriñaciense del Jura Suabo, y parecen están relacionadas con otras manifestaciones artísticas complejas que se dan a partir de esta época, como el arte figurativo (estatuillas, arte parietal, etcétera.). Existen algunas piezas un poco más antiguas (musterienses) como la de Divje Babe o Geissenkloesterle (hoy en día algunos investigadores las interpretan como huesos con mordeduras de hiena. Pero sonar, suenan). Más sencillos que las flautas son los silbatos, que se realizan vaciando falanges de animales.

Uno de los instrumentos más característicos de la prehistoria es la bramadera o zumbadora. La zumbadora es una placa de madera o hueso con forma aerodinámica, atravesada por una cuerda que se enrosca. Este instrumento se gira sobre la cabeza y produce un gran ruido. Se han encontrado ejemplos en los Yacimientos de Aitzbitarte (Guipúzcoa), Altamira, El Pendo (Cantabria), La Roche o La Linde (Dordoña), entre otros. Su uso se extiende hasta nuestros tiempos, no solo entre pueblos nativos, como los aborígenes australianos o los indígenas del Amazonas, sino también entre pueblos europeos que lo han usado como juguete (Inglaterra) o como instrumento para amedrentar a los lobos antes de guardar el rebaño (montaña palentina y zona de León).

Marcos Terradillos usando una bramadera

Marcos Terradillos utilizando una bramadera en el Parque Arqueológico de Atapuerca.

 

Editor: 18/12/2020 Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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