Juan M. Comas - Mar, 03/03/2026 - 10:45
Acceso de la puerta principal de un supermercado Mercadona.
Serie: 'El Poder de la Palabra' (XL)
Como profesor de Periodismo en la Isabel I, últimamente me llama mucho la atención un cambio que se está produciendo en cómo se construye (o se destroza) la reputación de las empresas. Antes casi todo giraba en torno a la publicidad, los patrocinios, las redes sociales… pero cada vez más el foco se está desplazando hacia dentro: ¿cómo trata realmente a sus personas?
En este sentido, hemos vivido en España sucesos muy dolorosos tras el accidente de tren de Adamuz, donde el comportamiento de ADIF está dejando mucho que desear, no sólo por la omisión de su grave responsabilidad de mantener en perfecto estado la red ferroviaria, sino por el desprecio a la seguridad laboral que dispensa a los miles de trabajadores de las compañías que operan en la red, no ya solo a los usuarios.
El caso de Mercadona
Y en España hay un caso que, te guste más o menos, es difícil de ignorar: Mercadona.
La cadena valenciana lleva años convirtiendo su política de personal en una de las patas fundamentales de su imagen. No es solo marketing externo; es algo que se nota (y se comenta) entre sus propios trabajadores, entre los que buscan empleo y también entre muchos clientes.
Cuando hablamos de Responsabilidad Social y Corporativa (RSC) interna nos referimos básicamente a esto: ir más allá de lo que obliga la ley y apostar de verdad por mejorar el día a día de la plantilla, con cosas tan sencillas como mantener unos salarios decentes, horarios más humanos, formación, posibilidad de crecer dentro… Cosas que, según varios estudios, terminan influyendo muchísimo en la lealtad de la gente, en el ambiente laboral y, al final, también en los resultados de la empresa.
Mercadona tiene más de 100.000 personas trabajando entre España y Portugal. Y en los últimos años ha ido subiendo sueldos de forma bastante más generosa que la media del sector de supermercados. Desde enero de 2025 un trabajador de tienda a jornada completa empieza con unos 1.685 euros brutos al mes, y con unos años dentro puede llegar fácilmente a 2.280 euros brutos mensuales. No es una fortuna, pero sí está claramente por encima del SMI y también por encima de lo que pagan muchos competidores directos.
A esto hay que sumarle que en un momento de inflación fuerte y precios por las nubes, esas subidas han tenido bastante eco en medios y redes. La gente lo ha valorado. Y ahora, para 2026, han anunciado que van a pasar de 30 a 37 días de vacaciones al año y que van a meter una paga extra adicional. Son medidas que se entienden como un paquete completo de “queremos que la gente se quede y se sienta a gusto”.
Estrategia bien ejecutada
Desde el punto de vista académico, esto se puede leer como una estrategia clásica de RSC interna bien ejecutada: haces cosas que no te obliga la ley, generas valor real para tus empleados y eso acaba repercutiendo hacia fuera, hacia los clientes, hacia los futuros candidatos, hacia la opinión pública.
A pesar de todo esto, Mercadona también sufre críticas. Algunos sindicatos y varios colectivos llevan tiempo señalando rigidez en el modelo, determinados conflictos puntuales, presión en los ritmos de trabajo, etc. Y eso es importante recordarlo: ninguna empresa es perfecta y la reputación no es algo que se alcanza en un momento dado y ya. La reputación es más bien algo vivo, que se mueve según lo que la gente espera y según cómo se viva la relación día a día.
Ejemplo para futuros periodistas y comunicadores
Para los futuros periodistas y comunicadores creo que esta historia deja varias lecciones bastante claras. Por un lado, yo diría que ya no basta con decir “somos una empresa responsable”. La gente mira cada vez más lo que haces de verdad dentro.
Una buena política de personas puede convertirse en una de las mejores herramientas de employer branding que tiene una empresa. En un momento en el que cuesta encontrar y retener gente, eso pesa muchísimo. Lo que pasa dentro acaba saliendo fuera. Cuando los empleados están contentos (o muy descontentos), eso se filtra a redes, a conversaciones familiares, a medios… y termina formando parte de la narrativa real de la marca.
Al final, el caso Mercadona nos pone delante del espejo una idea sencilla pero potente: la reputación más sólida no se construye solo con campañas bonitas; se construye con decisiones coherentes que se notan en la vida real de las personas que trabajan ahí.
Y para quienes vamos a contar historias, analizar marcas o gestionar comunicación, creo que es un recordatorio muy útil: hay que mirar más allá de los titulares y las cifras oficiales. Hay que intentar entender también cómo se vive desde dentro, qué se dice en los pasillos y en los grupos de WhatsApp, y cómo todo eso termina influyendo en la imagen que la sociedad tiene de una empresa.
Porque al final, en 2026, la mejor publicidad ya no es la que más se paga… es la que generan las propias personas que forman parte de la organización cuando sienten que se les trata con justicia y con respeto.
Editor: Universidad Isabel I
ISSN 2792-1786
Burgos, España