Amalia Herencia Grillo Profesora del Grado en Historia, Geografía e Historia del Arte
Mié, 03/11/2021 - 09:51

souvenirs de Portugal

Souvenirs de Portugal.

Serie: 'Haciendo Historia' (LX)

La tercera definición que ofrece la Real Academia Española de la Lengua para el término cultura es:

Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimiento y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etcétera.

La cultura es historia, pues muestra cómo las diferentes sociedades han desarrollado esos valores y costumbres, por qué han evolucionado, cómo lo han hecho y qué eventos han tenido lugar, cuál ha sido su influencia en la historia o por qué esa cultura determinada se ha desarrollado de esa manera y no de otra. Dentro de esa evolución, las sociedades reciben la influencia de hechos concretos. Pero también el ser humano es artífice de decisiones y comportamientos, que van modelando la cultura, a través de innovaciones como el lenguaje, el sistema político, los deportes, las instituciones, entre otros. De modo que, esas innovaciones se acepten dentro del grupo social como elementos culturales (Hanson, 2012).

Las tradiciones culturales van pasando a través de generaciones y van consolidando la imagen de una determinada cultura, o un país concreto, como cara visible para aquel que no la conoce. Pero, a veces, existen tradiciones de creación más reciente que, o bien se hacen pasar por antiguas para validar la necesidad de transmitirlas, o bien se disfrazan de tradición para crear una imagen ficticia de una cultura, con fines más propagandísticos que meramente históricos; es lo que describían ya en 1983, Hobsbawm y Ranger, en 'The Invention of Tradition' (La invención de la tradición), donde defendían que esa invención de la tradición no respondía solo a la necesidad de crear una teoría para después imponerla, sino que contribuía a reforzar algunos elementos culturales (e identitarios) con el propósito de recrear una tradición perdida para retroalimentar y afianzar una actual o asumir otras sin defender necesariamente su origen antiguo.

La cultura, un elemento en constante evolución

Al fin y al cabo, la cultura es un elemento en constante evolución, un proceso acentuado a raíz de la globalización: una cultura cambia o se adapta cuando entra en contacto con elementos o representantes predominantes de otra cultura y ese contacto, en las últimas décadas, es cada vez más frecuente. El error quizás exista cuando al entrar en contacto o al conocer la historia de una cultura se tiende a su simplificación, sea para explicarla de manera más fácil, sea para adoptar algunos aspectos concretos de la nueva cultura, o para abrazar sus manifestaciones como algo positivo. Es lo que el monje budista y antropólogo Agehananda Bharati describió como “efecto pizza”; es decir, cuando elementos de una nación o cultura se readaptan a otra cultura dominante y se dan a conocer como elementos característicos de esta última (Bharati, 1970). Esto da lugar no solo a una concepción errónea de los elementos culturales e históricos de una determinada sociedad, sino también a una simplificación de la cultura original y un olvido de por qué esa tradición o costumbre es lo que es.

La simplificación, como en ese caso, o recreación de esa manifestación cultural puede tener efectos negativos, como defiende Cardete (2009):

Mientras una gran mayoría de la sociedad siga relacionando Historia con Indiana Jones, señores aburridos con gafas encerrados en bibliotecas, Brad Pitt con faldita corta, 300 espartanos luchando por la libertad o cuentos de intriga gótica los historiadores nos sentiremos responsables por no haber hecho entender que la Historia no habla sobre muertos, sino sobre procesos sociales y que los procesos sociales estarán vivos mientras existan las sociedades (p.54).

La historia son hechos (y procesos), que deben ser transmitidos de manera fidedigna, contrastada y respetuosa con la cultura que constituye su origen, pues es legítima propietaria de esos “modos de vida y costumbres” de los que habla la RAE. Sea, como indica Cardete, por una simplificación con orientación didáctica, sea como estrategia de promoción cultural de cara al extranjero, ambos casos presentan el riesgo de obviar la autoría y ofrecer una imagen falsa de una cultura o sociedad.

La cultura inventada

La cultura inventada como elemento de marketing toma como punto de partida esa simplificación, pero, también, la reducción y facilitación del conocimiento para ser consumido de manera rápida, fácil y comprensible desde cualquier punto de vista. Esto exige del consumidor extranjero un esfuerzo menor y se limita a exponer los elementos más característicos que se deben conocer: los estereotipos. Tomemos como ejemplo la fotografía 2, que muestra un espectáculo de flamenco ofrecido a los turistas que visitan la Plaza de España en Sevilla.

flamenco para turistas

El flamenco para turistas.

El flamenco, sabemos, es una manifestación cultural sobre cuyo origen no hay unanimidad, aunque sí algunas teorías predominantes que lo relacionan con el mundo árabe y con la India.  Lo tomamos aquí como un ejemplo de esa cultura inventada que, a la vez, simplifica el amplio espectro de la música flamenca en un espectáculo de baile y guitarra. Cuando queremos dar a conocer este aspecto del folclore (en este caso) a un individuo de una cultura, elegimos representar lo más llamativo, quizás, lo más fácilmente consumible y lo hacemos de manera que se interprete como un aspecto cultural del que todos participamos, que todos los representantes de esta cultura practicamos. Ejemplos de lo mismo, yendo a los tópicos culturales españoles más conocidos, serían la paella y la sangría, pero también, si vamos más allá, el adelantar el horario de las comidas para el turista extranjero, adaptar sabores, eliminar aspectos quizás conflictivos de una cultura concreta para crear una especie de burbuja en la que el visitante extranjero se sienta cómodo y que el cambio no los resulte agresivo también lo son. En parte, es lo que Andrew Potter o Joseph Heath han señalado sobre la homogeneización cultural: de cómo multitud de culturas desde las más ancestrales a las más recientes se han americanizado, occidentalizado y se han adaptado a lo anglosajón.

Así, parece, ese visitante puede llegar a entrar en contacto con la cultura, posiblemente creyendo que es real y puede declarar que la conoce. Habría que planteare hasta qué punto esta adaptación cultural a la perspectiva del foráneo puede ser positiva, en la medida en que se facilita su conocimiento (aunque somero) y, por lo tanto, su expansión y promoción, o si al contrario contribuye a una eliminación de las distintas manifestaciones que dan lugar a la riqueza cultural de una nación o una sociedad y lo que consigue es la simplificación y caricaturización de esa sociedad. El debate está abierto…

Referencias

  • Bharati, A. (1970). The Hindu Renaissance and its Apologetic Patterns. The Journal of Asian Studies. Association for Asian Studies. 29, (2), pp.267–287.
  • Cardete, M. (ed) (2009). La Antigüedad y sus mitos. Narrativas históricas irreverentes. Siglo XXI Editores.
  • Hanson, A. (2012) The Making of the Maori: Culture Invention & its Logic. In Anthropological Theory: An Introductory History. R. Jon McGee and Richard L. Warms, eds. pp 549-562. McGraw-Hill.
  • Hobsbawm, E. & Ranger, T. ed. (1983). The Invention of Tradition. Cambridge University Press. 

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398

 
flamenco para turistas

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