Un año más, este 23 de abril, celebramos la glorificación de nuestro escritor más conocido, Miguel de Cervantes Saavedra, aunque en esta ocasión toca conmemorar un número redondo, el 400 aniversario de su muerte.

Este hijo de cirujano y, como tal, de posible sangre judía, sobrevivió de manera bastante mediocre en esa España de la gran victoria de Lepanto, pero mirando de reojo ya el incipiente ocaso de los Austrias. No tuvo el aplauso ni el respeto de sus contemporáneos e incluso Lope de Vega llegó a decir que Don Quijote de la Mancha era un libro pésimo en una carta dirigida a un médico de Toledo el 14 de junio de 1604: «De poetas no digo: buen siglo es éste. Muchos están en ciernes para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a don Quijote».

Sin embargo, pocos contrastes tan brutales hay en la historia de la literatura universal como el que ocurre entre lo experimentado en vida por don Miguel y las alabanzas, enaltecimientos y elogios recibidos en la posterioridad. Los novelistas ingleses del siglo XVIII y, sobre todo, los románticos alemanes advirtieron su alcance universal, el cual especialmente esta semana compartimos y aplaudimos encarecidamente.

Cervantes es considerado, sin lugar a dudas, una gloria nacional que honra academias y justifica gramáticas, aunque él mismo las violentara siempre que podía. Ambiguo, genial, plural, poliédrico, al igual que Ortega y Gasset definió a su personaje más carismático, Cervantes pudo y supo burlarse de todo y de nada, trabó su pensamiento con las desventuras y hazañas de su paladín, de su héroe, como un juego de máscaras o espejos que se neutralizan, se superponen o se incorporan en el discurso literario que no tiene ni tiempo ni espacio.

Como hijo de su tiempo, Cervantes encarna, entre otros, la liberación del pensamiento, la repulsa del discurso dogmático, el relativismo, la mirada de acero sobre los asuntos del mundo, la posición del individuo no alienado, lo que le permitió trascender su momento. Como acertadamente otro Miguel (Delibes) dijo casi cuatro siglos después en el discurso de recepción del Premio Cervantes: «Cervantes no admite imitadores».

Aunque la celebración oficial se fija el 23 de abril, lo cierto es que solo es la fecha de su entierro porque don Miguel murió un día antes, tal día como hoy hace 400 años, el 22 de abril de 1616.

Web oficial del IV Centenario de Cervantes: http://400cervantes.es/

Calle_cervantes

Comentarios

Gracias por tu excelente artículo, que nos recuerda al autor de la más grande de las historias. No todo el mundo la ha leído, pero no hay nadie que no conozca a Don Quijote y Sancho Panza. Las miles de interpretaciones que se hacen sobre sus aventuras son una buena manera de interpretar la vida, y desde luego son la representación de la "Marca España" de la que estoy más orgulloso.

Siempre recomiendo a mis alumnos que lean el Quijote, donde encontrarán enseñanzas de economía, de deporte y de la vida, y que además les hará disfrutar enormemente. Yo lo leí con 21 años, que considero que es una edad perfecta para ello.

Añadir nuevo comentario