Ana Bárcena Santamaría Departamento de Comunicación
Mar, 31/10/2017 - 17:42

Polifacético y amante de lo actual, no sé si por timidez o por modestia, habitúa a culpar a la suerte de sus logros. La informática le llegó por casualidad y la docencia, paradójicamente, por la mala praxis de sus docentes. Divertido como nadie, procura siempre aprender de todo. Es reservado en lo personal, pero su innegociable buen humor nos da una pista de cómo este Palentino supera lo no tan bueno. De mirada sincera, reconoce que lidiar con una hija adolescente, a veces, es más complicado que ganar al Dépor en su campo. Más líder que Míster, José Antonio, que así es como se llama nuestro Decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología, nos cuenta su historia en esta entrevista.

¿Por qué te decantaste por la informática?

No tengo ni idea de porqué. Creo que quizás porque mis padres pensaban lo que se piensa ahora también, que la informática era el futuro, que iba a generar muchos puestos de trabajo… Entonces imagino que esa fue la razón, aunque sinceramente no tenía ni idea de qué era. Ahora ha pasado el tiempo, y pienso que tampoco lo dejé quizás porque coincidía con mi afán de estar al día, de conocer siempre las novedades, lo último que salía. Y no hay nada que se ajuste más a este pensamiento que la informática. Si no estás dentro no te enteras.

¿Por qué te decantas por la docencia?

Creo que ha sido algo vocacional, siempre me ha gustado la docencia. De hecho, ha habido algún momento en el que me preguntaban si era informático y mi respuesta siempre era “no, yo soy profesor”. Quizás esta decisión esté condicionada por el deporte. Yo siempre he jugado al fútbol y desde que estaba en juveniles me llamaban la atención los niños, entrenarles y enseñarles.

También me empujó a ser docente una frustración. Cuando estaba en la universidad tenía mucha inquietud por la inteligencia artificial pero los profesores que se encargaban de esta materia, me quitaron las ganas. Creo que ha sido la única asignatura universitaria en la que cuando pedían hacer algún trabajo extra, voluntario, yo me ofrecía. Y lo hacía porque los contenidos que estudiábamos, sinceramente, me parecían demasiado light, yo quería aprender y saber más.

En una ocasión, me presenté a uno de estos trabajos y lo que me dieron –esto no se me olvidará nunca- fue un tocho de fotocopias en inglés y un programa en alemán y me dijeron, con esto vamos a intentar hacer esto otro. Es decir, en realidad me dijeron, no se te ocurra volver por aquí a pedirnos más cosas (Se ríe). El resultado fue que lo saqué adelante, obtuve muy buena nota pero me quitaron las ganas de seguir por ahí.

Después de eso tuve la oportunidad de conocer un grupo de investigación conjunto entre la Facultad de Informática, la de ‘teleco’ y la de Educación, enfocado a la docencia, al trabajo colaborativo, en el que se analizaban datos, comenzaban a investigarse los resultados de redes sociales… Y me metí en esa parte de la docencia -yo antes de eso ya había estado en secundaria y centros de FP-, además lo enganché con la realización de mi tesis doctoral, así que olvidé otras alternativas.

Es paradójico, pero puede que unos malos profesores te quitasen las ganas de ejercer como informático pero te diesen impulso para ser un buen profesor.

Totalmente. Creo que en la vida es fundamental la motivación y la ilusión. Por mucho que tú estés motivado, si no encuentras dónde… es muy complicado. Quizás tenía que haber salido y haber buscado ese tema (inteligencia artificial) en otro sitio, pero como en ese momento me defraudó totalmente lo dejé. Sin embargo, ahora, cualquier cosa que esté relacionada me interesa e inmediatamente intento saber más y aprender.

¿Cómo es José Antonio cuando deja (si lo deja) la informática y la docencia?

No lo sé (se ríe). Los informáticos siempre han tenido la imagen del friki, siempre se ha asociado a ellos. Y he tenido muchos compañeros y amigos así, que están las 24 horas del día en eso, pero como les encanta y es su pasión lo hacen casi sin querer, no lo consideran ni un trabajo. Yo no me incluyo en este grupo, antes el informático era el rarito, el que tenía que saber todo de tecnología y estaba como aislado, pero eso ya no funciona así. Ahora la persona que se dedica a la tecnología vive en un mundo conectado y tiene que trabajar colaborativamente, en grupo. El rarito, que trabaja solo, no tiene sitio.

Yo nunca he hecho eso, la verdad que cuando estudiaba no era de los que después de clase seguía en casa con ello. Me llama la atención hacer deporte, la música. Me gusta salir, jugar un partido de fútbol, ir a un concierto… Relacionarme con gente que me aporte. Creo que soy una persona más o menos normal o totalmente distinto a los demás no lo sé (se ríe).

A parte de ser docente e informático eres entrenador del fútbol.

Efectivamente. Empecé a jugar al futbol de pequeño, como una afición, y el que considero que ha sido mi mejor entrenador, en un determinado momento me propuso ser entrenador. Empecé por ahí y me gustó. Quería saber más y me fui sacando los títulos de entrenador. Un punto que cambió mi vida en este aspecto, fue cuando asistí a un curso nacional en Madrid.

Era un mes a pleno rendimiento, teníamos formación mañana y tarde y tuvimos la suerte de que a aquellos cursos acudían los entrenadores y preparadores físicos de la selección, del Madrid, del Barça… Gente que normalmente solo ves por la tele. Entonces, al tenerles allí durante un mes contigo, era una oportunidad, aprendías mucho.  En aquellos momentos no me planteaba nada más, estaba contento por poder haber ido pero sólo pensaba en aprender. Entre mis compañeros había exjugadores de la selección, de Primera División, y fue toda una experiencia.

Cuando dieron los resultados tuve la suerte de ser el número uno de España. Era el tío más joven que había ido, numero uno de España con toda esa gente, sin haber jugado en primera ni nada… Es un boom que en ese momento no entiendes. Salió en la prensa y me llamaron porque Valdano había hablado bien de mí en la radio, en ese momento no sabía qué hacer (se ríe) -si me pilla con más experiencia al día siguiente habría ido a buscarle-. En ese momento yo tenía la idea de ser profeta en mi tierra, había vivido el fútbol en mi tierra, nunca había visto a mi equipo arriba y tienes esa esperanza. En ese momento tuve la suerte de tener varias ofertas, por ejemplo una de segunda división, de Jerez de la Frontera, pero no me atreví a irme.

Dejé pasar esa oportunidad pero la verdad que me lo he pasado bien; he entrando en Segunda B, en Tercera… No he llegado quizás a ver lo que quería haber visto pero tengo recuerdos muy buenos. Por ejemplo, el último equipo que tuve en Tercera lo cogí estando el último, jugábamos nuestro primer partido en casa y al rival -que estaba en play off y no había perdido ningún partido-, le ganamos. Eso es… Cómo metes en la cabeza a un grupo de gente que está hundida que ese día vas a salir a por ellos, sin quedarse atrás, a ver qué pasa y te les vas a comer. Ese tipo de cosas, de decir “he conseguido esto, he conseguido salir al campo, he conseguido que la gente que viene de no ganar un partido gane, motivarles, hacerles que crean en mi”, esa emoción al final te llena.

También recuerdo mucho cuando subimos con el juvenil del Palencia a Liga Nacional. Venían de descender rápidamente, de perderlo todo, y creé un equipo nuevo con gente que nunca había jugado juntos… Y ese año venía a vernos más gente que al equipo de Tercera. Habitualmente suele haber 100 personas, generalmente amigos, familiares y a alguien que le guste mucho, pero ese año llegamos a tener hasta 800-900 personas viéndonos jugar en casa y ahí me di cuenta que no solo ganaba o perdía partidos, que hacía algo más.

Son vivencias que te hacen crecer, tanto las buenas como las malas. Recuerdo en Segunda B un jugador, que jugándonos el descenso, perdimos el partido por un fallo suyo y vino al cabo de los meses a pedirme perdón reconociendo que lo había hecho a posta, porque le habían prometido no se qué cosa… Se había vendido. Encuentras de todo, pero todo te hace crecer.

¿En qué estás ahora?

Hace cuatro años abrí una escuela de futbol para niños en Palencia, y aunque no tengo mucho tiempo para estar allí, el año pasado tuvimos una experiencia muy buena. Acudimos al Torneo de Íscar –catalogado como unos de los mejores torneos de benjamines a nivel mundial- donde participan todos los equipos de Primera División de aquí, vienen los mejores extranjeros, PSG, Liverpool, Manchester, Sao Paulo, Dallas, River Plate… Cada año invitan a unos, y abren dos plazas para equipos amateur.

En la fase previa nos peleamos con 40 equipos de los cuales pasaban dos, y tuvimos la suerte -y el trabajo-, de pasar. Nosotros no tenemos un club como tal, nos presentamos y jugamos con 14 niños de la escuela. Creo que tiene mérito porque no son un equipo como tal, van a la escuela pero cada uno compite con sus equipos. Eso yo ya lo consideraba un éxito porque no había habido ningún equipo de aquí que lo hubiese hecho. Pero no sólo conseguimos eso, nos tocaron dos equipos de primera división, el Real Madrid y el Deportivo de la Coruña, y el Dallas que había sido ese año campeón de América. Y de esos tres partidos sólo perdimos contra el Madrid, por lo que pasamos a octavos de final, algo que ningún otro equipo amateur había conseguido en ese torneo, fuimos los primeros. Eso fue una experiencia fabulosa. Ves a los chavales ganar y entras en un mundo profesional.

También tuvimos la suerte de que a dos niños del equipo -a un portero y a un delantero- les metieron en el equipo ideal del torneo y a mí me dieron el trofeo al mejor entrenador, que la verdad me hizo mucha ilusión porque era una votación entre los demás entrenadores, entonces ves que todo ese esfuerzo para lograr algo muy difícil –que seguramente no volvamos a repetir- tuvo recompensa. Generalmente si consigues pasar, juegas los tres primeros partidos, te eliminan y a casa, y sin embargo ese año fuimos protagonistas desde el principio hasta el final.

¿Trasladas esos valores a la docencia?

Totalmente. Soy un enamorado de la colaboración y en la docencia también. Intento siempre motivar. Creo que la gente en el trabajo y en las relaciones personales necesita motivación e ilusión, si algo no funciona es mejor dejarlo y buscar otra alternativa, aunque sé que hacerlo también es difícil. La motivación, el sacrificio, el esfuerzo, son algo necesario para crecer, pero seguramente sólo así tampoco se consiga, y haga falta un equipo que curre contigo; tus compañeros si es un equipo de fútbol, tus alumnos en un aula… La confianza te la dan, o te la tienen que dar, los que te rodean.

¿Alguna vez  has planteado dejarlo todo por el fútbol?

Cuando entras en una determinada rueda es difícil que no te llamen, estos últimos años equipos de Tercera todos los años, hace un mes recibí la última oferta. Pero realmente ahora mismo no lo me lo planteo. Compaginarlo es muy difícil, porque si quieres hacerlo bien necesitas dedicación exclusiva, y ahora debido a mi situación personal y profesional… lo veo complicado. Ahora estoy muy motivado con lo que estoy haciendo en la Universidad Isabel I.

¿Qué es más difícil: entrenar, ser docente o lidiar con una hija adolescente?

(Se ríe) Cada una tiene sus cosas, pero como en todo, hay momentos. Con mi hija tengo ese cariño especial, entonces al final aunque a veces sea más difícil, pues acabas dándole una vuelta, te cabreas un rato, y por la tarde o al día siguiente ya estás buscando la manera de arreglarlo. Es distinto pero reconozco que es complicado. Todos hemos sido adolescentes, aunque las chicas sois más inteligentes que los chicos. Siempre lo he dicho.

Dicen que las mujeres hacen menos carreras STEM, pero yo reconozco que en mi carrera las personas que más me han llamado la atención siempre han sido chicas. Siempre dicen eso de “rodéate de gente que sepa más que tú”, pues con las personas que más he alucinado, la mayoría siempre han sido mujeres. He tenido a compañeras que eran autenticas máquinas. Entonces bueno, en el tema de la adolescencia pues es así, eso también es una de las facetas que tienes que cuidar mucho. Hemos tenido situaciones familiares difíciles que también nos han unido más. Cuando alguien es adolescente primero siempre tiene que protestar y luego –a veces (se ríe)-, razona; pero no siempre.

En los otros temas, pues tienes que convencer a un grupo de una idea –para eso primero te la tienes que creer- y luego tiene que funcionar. Y tienes que detectar, no estando con ellos tantas horas al día, los problemas externos para que el grupo funcione. Quizás otra de las cosas que tenía que haber hecho era Psicología, igual no se me había dado mal (se ríe).

Al ser entrenador y docente me interesa conocer tu opinión sobre la violencia en el deporte.

El primer problema pienso que está en la educación. Yo a mi gente le pongo como ejemplo el torneo de Íscar. En cierto nivel, jugándose cosas importantes no vi a nadie discutir con nadie. ¿Por qué? Porque a ese nivel a los padres se les hace firmar un contrato por el cual se establece que si insultan o se comportan de forma antideportiva, a su hijo, sea como sea de bueno, se le expulsa del equipo. Eso es serio, para ellos la educación es tan importante como que su hijo juegue en un equipo. Sin embargo en las categorías más bajas no, nadie lo controla.

Hay padres que insultan al rival, al entrenador, al árbitro, y eso es una cuestión de educación y muchas veces también de frustración, quieren que sus hijos sean lo que ellos no han sido, el mejor del mundo, y mejor del mundo solo hay uno y si es tu hijo, el hijo de los otros veinte que están gritando no lo es. También estamos acostumbrados a que en los estadios grandes se permite cualquier cosa, entonces eso se adquiere casi de manera innata como un comportamiento normal. Hay que entender que los niños aunque estén compitiendo van a divertirse, un padre no va al parque o al recreo a insultar, porque su hijo se está divirtiendo. Sin embargo el sábado o el domingo se trasforman y sus hijos ven eso.

Hacemos charlas y formaciones, y algo muy curioso es que muchos niños no quieren que sus padres vayan a verles, porque les da vergüenza que insulten a sus compañeros, porque luego sus amigos les dicen que su padre a dicho tal o cual. Es educación y cultura, y creo que la solución la tienen los clubs. No pueden permitir eso, si el niño es buenísimo pero su padre no se sabe comportar, pues que juegue en otro sitio, y eso no lo hacen.

Cambiando un poco de tema, pero rescatando algo que has dicho antes, sobre la ilusión que te produce este proyecto de la Universidad Isabel I, me gustaría que me explicases el porqué.

Me gusta este proyecto porque es actual. He estado en institutos, en centros de FP, en la universidad pública y ahora aquí, que no es una universidad privada, es una universidad privada online, que es otra cosa. El proyecto es muy bonito y el hecho de que sea digital creo que es el futuro, pienso que hay muchas instituciones que no saben lo que es esto o que no lo quieren saber y no van a funcionar. Pero esto es muy dinámico, estás dando la oportunidad de aprender a gente que si no, no tiene otra oportunidad.

Tenemos mucha gente que está trabajando y no puede acudir presencialmente a una universidad. Estás haciendo un trabajo social al margen de la educación y eso lo valoro mucho. La educación digital es, como era la informática antes, el futuro, porque si trabajamos online y nos relacionamos online, la educación tiene que ser online. Me gusta porque siento que estoy en lo último, y lo último en educación es esto. Esto nos da la oportunidad de crecer al mismo ritmo que lo hace nuestra sociedad digital, y poder ofrecer las últimas innovaciones para formar a los profesionales tecnológicos del presente y del futuro. También algo que me motiva mucho es que aquí tengo la libertad de plantear cosas, hacer cosas… Eso me hace seguir ilusionándome, al ver que formo parte de un equipo activo. Aquí, mucha de la gente quiere hacer cosas, está llena de inquietudes y la verdad que eso gusta.

 

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