Ana Bárcena Santamaría Departamento de Comunicación
Vie, 17/11/2017 - 18:54

La Real Academia Española define `manada´ como “un grupo de animales de ganado doméstico, especialmente cuadrúpedos, que andan juntos”. También añade que este término puede hacer referencia a un “grupo numeroso de otro tipo de animales de una misma especie que van juntos”, convirtiéndose esta segunda opción en la más adecuada para definir y autodefinirse a los protagonistas de estas líneas.

Bípedos, y a buen seguro de la misma especie, durante la celebración de la fiesta en honor a San Fermín en 2016 fueron acusados de un lamentable incidente. Juan Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Jesús Escudero, Ángel Boza y Antonio Miguel Guerrero cometieron un presunto delito continuado de violación. La presunta víctima en este caso, C., una joven de 18 años.

Ahora, un año, cinco meses y algunos días después, ha comenzado el juicio. Como (afortunadamente) era de esperar se ha producido una masiva y viral denuncia social alentada por la última decisión del juez de admitir como prueba un informe de un detective privado aportado por la defensa de los acusados. Hecho que pone de manifiesto que la denunciante fue espiada días después del suceso, haciéndola un seguimiento de las redes sociales y fotografiando su día a día, todo para demostrar que no estaba afectada tras la presunta violación, presupongo.

Una idea de ´bombero` o en este caso de abogado, que a Víctor Rodríguez, profesional de la seguridad y formador de detectives, le cuesta entender teniendo en cuenta que para realizar un encargo a un detective y que este lo acepte, debe de existir un motivo lícito, que en este caso cuesta encontrar.  

Entendiendo que el profesional de la investigación privada ha realizado su trabajo con total profesionalidad, las posibles pruebas que haya obtenido no tienen por qué demostrar nada sobre que la actividad diaria de una persona tenga que estar condicionada por la posible agresión, ya que como afirma María Penado, psicóloga jurídica y forense, “hay que tener en cuenta que todo tratamiento psicológico tiene que ir orientado a la recuperación de la actividad previa del sujeto, por lo que es compatible su comportamiento con una recomendación de "vuelta a la normalidad" lo antes posible. De ese modo se intentaría mitigar las consecuencias psicopatológicas a corto y medio plazo y orientar al sujeto a las actividades que le supongan un estímulo positivo. Esta vuelta inmediata a la normalidad actuaría también como un intento de evitar la "estigmatización" y la "victimización secundaria" que puede suponer el ser identificada y catalogada como víctima de un hecho delictivo con tanta repercusión como el que hablamos”.

Otra posible explicación no excluyente con la anterior sería la posibilidad de que la víctima se encontrase en un estado de `shock` o `negación` de lo sucedido, donde puede actuar como si el hecho traumático no hubiese pasado.

Según estas afirmaciones, queda claro que para explicar el comportamiento de la víctima en los momentos posteriores a la agresión, son múltiples las variables que se tienen que considerar y variados los enfoques explicativos que se encuentran detrás, siendo el profesional de la Psicología forense el perfil más adecuado para encargarse de evaluarlos.

Paradójico es el hecho de que a su vez el juez, el mismo juez y no otro, no haya aceptado como prueba de la acusación no sé qué conversaciones del quinteto animal mantenidas a través de la aplicación Whatsapp, apelando al derecho a preservar su intimidad. Será durante el juicio donde el juez y la aplicación que este haga de las leyes, decidirán qué pruebas son válidas y cuáles no, así como si han alcanzado el fin que con ellas se buscaba.

Y mientras, mientras tanto, mientras se piensa que igual no, se deja de pensar que igual sí. Que igual C. dijo “no”, un no, que igual la manada no entendió. Porque ya se sabe, ´animal´ en muchos casos hace oposición a lo racional, y en muchos otros protagoniza fábulas. Como este texto, en el que la explicación es que vivimos en una sociedad en la que se enseña antes a las mujeres a cuidarse de no ser violadas que a los hombres a no violar, y la moraleja que con que nos violen no es suficiente, también tenemos que aparentarlo si queremos que nos crean. 

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