Acabo de ver una entrevista a la psicóloga Patricia Ramírez en el programa «Para todos», de la 2, y me he animado a plasmar alguna reflexión sobre este asunto al inicio del curso escolar, que también coincide con el comienzo de las temporadas deportivas.

Se trata de un tema sobre el que me he pasado muchas horas hablando con otros entrenadores y con padres de deportistas, pues siempre me ha llamado la atención el comportamiento de algunos progenitores y tengo una idea muy clara, que espero no cambiar -ya que en breve también estaré en el lado de los segundos-, sobre cómo se debe actuar.

En mi experiencia como deportista vi a muchos compañeros a los que sus padres les reñían e incluso les castigaban cuando no les salía una buena competición. Yo tuve mucha suerte y nunca podré agradecer a los míos lo suficiente su postura en mi relación con el deporte. «Mientras disfrutes y no descuides los estudios, te apoyaremos; y si los desatiendes no te apartaremos del deporte, pero te quitaremos los viajes de competiciones», me espetaba mi padre con frecuencia.

Evidentemente eran los viajes lo que más me gustaba, por eso de medirme a otros nadadores de fuera, o las participaciones con la Selección Española de Natación. Solo una vez en una competición en casa, en la histórica piscina de Huerta del Rey de Valladolid, al salir, mi padre me dice: «Para qué has venido hoy si no has hecho nada», yo le respondí: «La próxima vez te tiras tú al agua a ver qué haces», respuesta inadecuada que no se merecía porque siempre me llevó a los entrenos, día tras día, a las seis de la mañana y a las cuatro de la tarde, y a las competiciones,  con excelente ánimo y grandes dosis de sacrificio.

Cartel

Como entrenador nunca entendí, pues ya venía predispuesto, a los padres que llegaban el primer día a una competición con cronómetro y libreta. Pensaba para mis adentros, ¡pero si yo casi no uso el crono en las competiciones!

Con mis grupos siempre reunía a los padres al comienzo de temporada y les decía: «El entrenador soy yo y si alguien cree que lo va a hacer mejor, puede coger a su hijo, entrenarlo y darle las explicaciones técnicas que crea convenientes». Siempre me fue bien; además, también les decía que les dejaran disfrutar del deporte y de todo lo que conlleva: sacrificio, esfuerzo, dedicación, éxito, fracaso, etc., porque todo ello se trasladaría al resto de actividades que realizaran, especialmente a los estudios. En conclusión, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Patricia Ramírez.

En breve pasaré por una tercera etapa. Mis hijos de cuatro y cinco años, no tardando mucho, empezarán a competir en algún deporte, o eso espero, pues considero que los valores que se adquieren en la competición son muy meritorios y forjan la voluntad de quien los practica.

Deseo que todo lo que he dicho anteriormente no me lo tenga que repetir a mí mismo, dado que a alguno de mis amigos nadadores, que luego fueron entrenadores y ahora son padres, más de una vez le he tenido que decir: «Mejor quédate en casa». Y a los que no están en esa situación les animo a que, si me ven haciendo lo que no debiera, me lo digan y me manden a paseo.

Al final lo que me gustaría conseguir como padre de deportistas con mis hijos es lo que señala la psicóloga Ramírez:

1)  Motivarles para que hagan deporte

2)  Apoyarles en sus objetivos

3)  Dejarles que decidan; no obligarles a nada porque tengan talento

4)  No presionarles

5)  No hablar mal de sus compañeros

6)  No desacreditar a su entrenador (si soy yo, será más fácil)

7)  Animarles siempre, independientemente del resultado

Por mi parte, de mi cosecha, incluiría un punto 8):

Ayudarles a ponerse objetivos importantes e ilusionantes, pero que sean realistas y progresivos.

Esto último lo explicaba muy bien mi amigo Marc Capdevila, doblemente olímpico: «Primero me puse como objetivo ir a los campeonatos nacionales, luego ganar medallas, después ser internacional; como guinda ir a una olimpiada y, cuando lo conseguí, ser finalista olímpico». Objetivo este que no logró, pero el resto sí, aunque con muchísimo esfuerzo.

Espero que estas reflexiones puedan ayudar a los futuros entrenadores que estamos formando en la Isabel I, así como también a los padres comprometidos con la educación de sus hijos, sea cual sea el deporte que practiquen. 

Añadir nuevo comentario