Susana Sarmiento - Vie, 06/02/2026 - 11:57
Imagen generada por IA a través de Gemini de la serie Stranger Things.
Series: 'Un viaje por la ciencia' (LXV)
En una sociedad donde la imagen reina y cada vez nos cuesta más detenernos a leer un texto denso o escuchar una larga conferencia, el cine se erige como una de las herramientas más eficaces para la divulgación científica. El séptimo arte logra algo crucial: conectar el dato frío con la emoción humana. Nos abre la puerta a sentir la ciencia.
Sin embargo, históricamente ha existido una brecha entre lo que la ciencia quiere contar y lo que el cine muestra. A menudo vemos producciones actuales que carecen de asesoramiento, resultando en historias inverosímiles. Observamos faltas de rigor histórico en cintas recientes, como Napoleón o Gladiator II, y lo mismo ocurre con la ciencia.
El cine tiene el potencial de ser la mejor plataforma para combatir las fake news. Afortunadamente, cada vez más directores buscan la verosimilitud, alejándose del cliché del "científico loco" para regalarnos obras maestras. Hemos recorrido un largo camino desde el Dr. Frankenstein hasta la física de Interstellar, la genética de Jurassic World o la nostalgia tecnológica de Stranger Things.

Imagen de la serie Stranger Things. Fuente: Wikipedia.
En España, aunque con menos ejemplos, contamos con casos notables como Autómata (2014), asesorada por la experta en IA Concha Monje; Altamira, avalada por especialistas en cuevas de Cantabria; o la reciente La Huella del Mal (2025), que contó con la supervisión de José María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca.
El valor de la documentación: De Kubrick a Nolan

Cartel de 2001: Una odisea del espacio. Fuente: Filmaffinity.
Si miramos atrás, obras seminales como 2001: Una odisea del espacio marcaron la diferencia gracias a la colaboración real. Basada en un relato de Arthur C. Clarke (físico y matemático además de escritor), la película integró conceptos reales sobre velocidad y distancia espacial. Clarke, junto a expertos de la NASA e IBM, creó un referente absoluto. Incluso Marvin Minsky, padre de la IA, ayudó a diseñar al icónico HAL 9000.
Esta tradición continúa hoy. En Minority Report, John Underkoffler (MIT) diseñó la famosa interfaz gestual que usaba Tom Cruise. Más recientemente, Interstellar no habría sido posible sin Kip Thorne, Premio Nobel de Física, cuyos cálculos para el filme derivaron en publicaciones científicas reales sobre agujeros negros.
La ciencia en la televisión: Big Bang y Breaking Bad

Logotipo de la serie The Big Bang Theory. Fuente: Wikipedia.
El rigor ha saltado también a las series. The Big Bang Theory contó con David Saltzberg, físico de la UCLA, quien se aseguraba de que cada ecuación en las pizarras fuera correcta y cada diálogo técnico tuviera sentido. Curiosamente, Mayim Bialik (Amy Farrah Fowler) no necesitó tanta ayuda: ella es doctora en neurociencia en la vida real.
Por su parte, Breaking Bad recurrió a Donna J. Nelson, profesora de química, para asesorar no sobre cómo "cocinar" droga, sino sobre el comportamiento y el lenguaje académico de un químico como Walter White, dotando al personaje de una credibilidad indiscutible.
El caso español: Autómata y La Huella del Mal
Volviendo a nuestro cine, la película Autómata, protagonizada por Antonio Banderas, especula sobre un futuro donde la IA supera a la humana. Para ello, contaron con Concepción Monje, investigadora del Robotics Lab de la Universidad Carlos III. Ella supervisó el diseño de los "Pilgrims" y aportó realismo a la trama.
Como señala la propia Monje, aunque la película plantea una evolución acelerada, la realidad ya camina hacia allí: "Más que un robot inteligente dentro de 50 años es probable que pronto tengamos compañeros robóticos que alivien nuestras tareas cotidianas".
Un caso excepcional es el de La Huella del Mal, estrenada en 2025. La colaboración científica comenzó mucho antes de las cámaras: su autor y director, Manuel Ríos Sanmartín, trabajó estrechamente con José María Bermúdez de Castro desde la gestación de la novela original hasta la adaptación cinematográfica.
Gracias a esta simbiosis, tanto la representación de los homínidos como la práctica arqueológica gozan de un rigor absoluto. Pero la ciencia aquí no es solo estética; la profunda reflexión antropológica sobre el origen del mal que vertebra la historia está sólidamente documentada.
El compromiso con la veracidad llegó al set de rodaje, contando con la supervisión continua del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) para garantizar el respeto al sitio Patrimonio Mundial. Además, se estableció una red de consulta directa para resolver dudas inmediatas de arte, maquillaje o vestuario, apoyándose en especialistas como el investigador Antonio Rodríguez Hidalgo y Rodrigo Alonso que además es el director-gerente del Sistema Atapuerca (Museo de la Evolución Humana), entre otros investigadores/as y miembros de la Fundación Atapuerca.
El cine, bien asesorado, no solo entretiene: educa, inspira y nos prepara para el futuro.
Editor: Universidad Isabel I
ISSN 2792-1808
Burgos, España