Antonio Segura Marrero
Lun, 30/10/2017 - 18:35

El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) ha supuesto una reformulación del modelo educativo universitario donde, no solo el proceso de enseñanza es fundamental, sino que el proceso de aprendizaje del alumno se establece como eje principal en esta renovación pedagógica.  

En este nuevo paradigma, los objetivos educativos no consisten solo en el desarrollo de conocimientos, sino también en la adquisición de una serie de competencias. Por tanto, la evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje adquiere una nueva dimensión, donde no solo se debe evaluar si el alumno ha aprendido unos conocimientos determinados, sino también se deben evaluar las competencias definidas para una asignatura a través de diferentes actividades que faciliten su asimilación y el desarrollo progresivo de las mismas.

Solamente puede evaluarse una competencia si se coloca al alumno en una situación que evidencie la adquisición de la misma, y esta adquisición es evidenciada si se desarrolla durante un periodo de tiempo con la progresión de diferentes actividades. Por ello, la evaluación continua se establece como el método evaluativo más óptimo en este nuevo modelo educativo.

Pero, ¿En qué consiste la evaluación continua?

Es una nueva forma de entender la evaluación que difiere notablemente de cómo se entendía tradicionalmente. Lo definimos como un método evaluativo dónde se establecen diferentes actividades o pruebas a lo largo de una asignatura, valorando así el proceso de aprendizaje del alumno. Se establece como foco de atención permanente el alumno y su proceso de enseñanza-aprendizaje, lo cual permitirá su mejora a medida que avanza el curso.

La evaluación continua presenta una serie de beneficios en el contexto educativo. En primer lugar permite al alumno una mayor facilidad para superar las asignaturas, ya que, tanto los contenidos como las competencias, se asimilan y aprenden de una forma más gradual y profunda, recibiendo un apoyo constante por parte de los docentes. Además, al disponer de información y de un feedback continuo, el alumno podrá conocer su propio ritmo de aprendizaje, teniendo la oportunidad de rectificar y reorientar su proceso educativo, mejorando hábitos y métodos de estudio. Favorece, por tanto, un aprendizaje autónomo, incrementando entre otras cosas la propia capacidad organizativa.

Por otro lado, la evaluación continua permite incorporar una gran diversidad de recursos y actividades, lo que permite adaptarse a los diferentes estilos de aprendizaje del alumnado, mejorando de esta forma su experiencia educativa.

Otro aspecto que se debe destacar es la vinculación de las actividades de la evaluación continua con los intereses y las posibles necesidades laborales futuras de los estudiantes, que les permitirá desarrollar su perfil profesional, conocer sus capacidades y adquirir las competencias necesarias que podrán aplicar en el mundo profesional, incrementando por tanto, su empleabilidad.

Así mismo, permite mejorar el proceso de aprendizaje al ir desarrollando progresivamente las competencias de cada asignatura, vinculando de una manera más fácil y eficiente los conocimientos previos con los nuevos, generando así un aprendizaje significativo.

Al mismo tiempo, la evaluación continua permite a los diferentes integrantes del proceso de enseñanza-aprendizaje participar en la construcción compartida de conocimiento, sintiéndose todos parte de una comunidad educativa, e incentivando a los estudiantes a participar de forma activa en su aprendizaje.

Imagen 1. Pirámide del aprendizaje. Elaboración propia basada en Glasser (1999)1.

Por tanto, y como muestra William Glasser en su pirámide de aprendizaje, el contexto educativo ha cambiado notablemente donde, tanto el alumnado como su forma de aprender, deben ser eje principal del proceso de enseñanza-aprendizaje.

La evaluación continua es la mejor respuesta a este nuevo modelo educativo universitario propuesto por el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), ya que, debido a su naturaleza, permite recorrer los diferentes niveles propuestos por Glasser a través de un aprendizaje progresivo con diferentes tipos de actividades y recursos, enriqueciendo el proceso de enseñanza-aprendizaje del alumnado, y en consecuencia, incrementando la calidad educativa.

«Una verdad aprendida no es más que una verdad aprendida a medias, mientras que la verdad entera debe ser reconquistada, reconstruida o redescubierta por el propio alumno».

-Jean Piaget-

 

1 Glasser, W. (1999). Teoría de la Elección. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

Entrada publicada el 30/10/2017

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España​

ISSN 2605-258X

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