Adolfo López Novas - Lun, 16/02/2026 - 11:43

Dibujo representativo del populismo geopolítico. Fuente: Cssr.news
Serie: 'Manual de Defensa y Liderazgo' (XI)
La situación geopolítica contemporánea atraviesa un estado de tensión permanente, marcada por una evolución informativa donde los discursos de ciertos líderes generan conflictos constantes entre Estados. Esta inestabilidad se ve alimentada por intereses comerciales estratégicos, pulsiones expansionistas de anexión territorial y el auge de movimientos de extrema derecha en el mundo occidental. En este escenario, el populismo emerge como una determinada forma de hacer política.
Entendemos el populismo contemporáneo como una técnica discursiva política que busca generar estructuras emocionales e identidades colectivas basadas en la movilización de afectos como la ira, la indignación o el miedo. Este instrumento de comunicación política, no obstante, no se identifica con un único espectro ideológico, sino que es transversal y se emplea para la movilización de las bases sociales que apoyan a un agente político determinado.
La lógica populista ha trascendido las fronteras domésticas para impregnar las relaciones internacionales, dando lugar a un populismo geopolítico que utiliza la escena global como altavoz para las bases internas. En los últimos meses, esta tendencia se ha intensificado mediante una “diplomacia de la fuerza” proyectada en los medios de comunicación y foros internacionales; una estrategia que no busca el consenso diplomático tradicional, sino la espectacularización del conflicto para reafirmar la soberanía y el vigor del líder ante su propia audiencia nacional.
El populismo opera como una técnica discursiva que instrumentaliza las emociones para trazar una frontera entre un “nosotros” y un “ellos”. Esta dinámica, bajo el binomio amigo/enemigo teorizada por Carl Schmitt, no se apoya en la lógica racional, sino en la creación de identidades colectivas basadas en afectos como la indignación, la ira o el miedo. A través del espectáculo y el lucimiento personal, ciertos líderes proyectan una imagen de fortaleza, indispensable para enderezar la decadencia percibida de una nación en crisis. Así, capta la atención de bases sociales movilizadas, que buscan un sentido de pertenencia y de seguridad frente a la incertidumbre contemporánea.
El populismo como respuesta emocional
Para las clases sociales en situación de precariedad o degradación social, este modelo resulta especialmente atractivo al ofrecer marcos explicativos simplistas que desplazan las causas de sus problemas hacia agentes externos definidos como un “ellos”, y que toma la forma de un conflicto antagónico de un “enemigo”. Para Eva Illouz, el populismo se consolida como una política de identidad donde el individuo se vincula emocionalmente a una forma de sentir los agravios, lo que permite movilizar a los votantes incluso cuando las políticas propuestas pueden ser contrarias a sus propios intereses de clase social, y esto se debe a que el discurso populista apunta a reforzar la identidad del grupo mayoritario, reparar heridas simbólicas (reales o imaginadas) y enfrentar varias identidades entre sí.
Esta construcción del antagonismo encuentra un sólido respaldo teórico en el pensamiento de Schmitt, quien justificó que la esencia de lo político reside en una relación dialéctica donde se sitúa el bando "nosotros" o "amigo" frente al bando de "ellos" o "enemigo". No obstante, es posible matizar esta visión a través de la perspectiva de Chantal Mouffe, para quien la existencia de relaciones antagónicas es un signo de la heterogeneidad y del pluralismo propias de la sociedad. Bajo esta mirada, el antagonismo no es negativo por definición, sino que los conflictos severos surgen únicamente cuando la diferencia se desplaza hacia una enemistad radical que busca la aniquilación simbólica o efectiva del otro.
En la práctica geopolítica reciente de Estados Unidos, este modelo de exclusión antagónica se traduce en una mayor iniciativa internacional orientada a la defensa de intereses particulares, lo que conlleva una espectacularización de las relaciones internacionales y el surgimiento de tensiones con aliados tradicionales. Esta estrategia incluye actualmente el apoyo a candidaturas extranjeras alineadas ideológicamente y la formulación de amenazas de anexión territorial en nombre de la integridad nacional. Sin embargo, este enfoque genera contradicciones internas cuando las medidas económicas, como la imposición de aranceles, las cuales fueron defendidas como un mecanismo de protección de los nacionales, provocan un alza de precios que afecta al consumidor estadounidense; o cuando la obsesión por la proyección exterior descuida los problemas domésticos. Ante el descenso de la valoración pública y la aparición de grietas en las bases sociales que lo sustentan, los líderes intensifican el uso de enemigos externos o ficticios para revitalizar su base social y movilizarla contra sus enemigos políticos.
Repensar la política y lo político
Ante esta situación en clave nacional e internacional, cabe preguntarse: ¿Cómo podemos pensar una salida óptima a este momento de la historia? El modelo agonístico de Chantal Mouffe supone una respuesta al modelo de las políticas del agravio y de la confrontación actuales. Mouffe considera crucial distinguir entre “lo político”, aquella dimensión del antagonismo inherente a las relaciones sociales que nunca podrá ser erradicada; y “la política”, entendida como el conjunto de prácticas, instituciones y discursos que buscan organizar la coexistencia humana en un orden siempre precario y conflictivo al estar afectadas por la dimensión de “lo político”.
En este marco, “lo político” está imbuido de un “nosotros” construido como forma colectiva de identificación, en oposición a un “ellos”, lo que Mouffe denomina "exterior constitutivo". El reto de la democracia no es eliminar esta distinción, sino transformar el antagonismo entre enemigos en un agonismo entre adversarios, donde el reconocimiento de la diferencia no derive en la destrucción, sino en una lucha legítima dentro de las instituciones.
En resumen, el modelo agonístico es un modelo pluralista que no busca subsumir a la sociedad en la totalidad, sino mantener el pluralismo agonístico y antagónico inherente a las sociedades. Sin embargo, el modelo de la política agonística sí busca que, dentro del conflicto político natural, las diferentes partes puedan llegar a acuerdos pudiendo superar la relación antagonística (amigo/enemigo).
En relación con la visión internacional, Mouffe aboga un mundo multipolar que no esté regido políticamente de manera unificada. De manera que se reconocería una pluralidad de polos regionales que se organizan en función de diferentes modelos económicos y políticos, carentes de una autoridad centralizadora. Para Mouffe, si bien no es la única solución posible a los conflictos internacionales, es una vía a explorar para que los conflictos no estallen de manera antagónica.
“Lo político” posee una naturaleza intrínsecamente agonística y, por ser agonístico, está latente su tornarse antagónico. El objetivo de una política bajo un modelo agonístico no es la de eliminar el conflicto, sino su gestión democrática minimizando las posibilidades de que la discrepancia adopte la forma de un conflicto bajo la dualidad amigo/enemigo. Será imperativo para ello superar el actual momento populista y sus discursos vertebrados en torno al agravio y la confrontación. Hemos de transformar nuestra relación con la política, transitando desde estructuras de sentimiento donde los afectos políticos profundizan las distancias en la sociedad, hacia una estructura afectiva que nos permita encontrarnos cívicamente. Sólo así podremos habitar el antagonismo inherente de nuestra sociedad sin que se fragmente definitivamente el tejido democrático y las redes de cooperación internacionales construidos con tanto esfuerzo.
Bibliografía
Illouz, E. (2023). La vida emocional del populismo. Katz.
Schmitt, C. (2024). El concepto de lo político. Alianza.
Mouffe, C. (2014). Agonística. Pensar el mundo políticamente. Fondo de Cultura Económica.
Editor: Universidad Isabel I
ISSN 2951-9756
Burgos, España