Sergio Cañas Docente del Grado en Historia, Geografía e Historia del Arte
Mié, 14/07/2021 - 08:33

Cartel conmemorativo del día nacional de Francia

Serie: 'Haciendo Historia' (L).

El 14 de julio de 1789 se conmemora un acontecimiento histórico de primera magnitud: la toma de la prisión de la Bastilla. Un hecho de por sí importante que todavía lo es más al verse insertado en los inicios de la Revolución francesa, un proceso histórico singular y la revolución “más asombrosa que ha sucedido hasta ahora en el mundo” al decir de Burke en esa misma época (1828, p. 9), que además tiene la peculiaridad de ser un día señalado en el calendario festivo francés. Porque desde 1880 Francia celebra su Día Nacional. Lo cual nos da pie a reflexionar sobre la alambicada relación entre historia y memoria, pues este día no deja de ser una conmemoración histórica. Es decir, una herramienta fundamental del nacionalismo para apropiarse del calendario y señalar qué fiesta debe celebrarse sobre un hecho histórico y qué parte del pasado debe ser celebrado por la nación y sus ciudadanos (Moreno Luzón, 2021).

Juramento del juego de pelota

Imagen 2. Juramento del juego de pelota. 

La invención de la tradición

La Revolución francesa es un hecho trascendental de la Historia, sobre todo para Europa aunque su resonancia fuera internacional, hasta el punto de que marca el final de una época, la del Antiguo Régimen, y el inicio de otra, la de la contemporaneidad liberal. Y dentro de la primera época de la Revolución el episodio de la toma de la Bastilla, sucedido el 14 de julio de 1789, se convirtió en el primer mito revolucionario francés por encima de otros hechos coetáneos como la constitución de la Asamblea Nacional y el Juramento del Juego de Pelota. Precisamente porque la fortaleza y prisión de la Bastilla se tomó, por los revolucionarios franceses, como un mito del Antiguo Régimen y del absolutismo monárquico francés: era la fortaleza construida por el rey Carlos V para defender la puerta de Saint-Antoine de París. Si bien a lo largo del siglo XVIII había perdido progresivamente su importancia defensiva, en el pasado se había utilizado como prisión política; no obstante de que a la altura de 1789 la población reclusa se reducía a siete presos de los que más de la mitad eran meros falsificadores, uno era un aristócrata incestuoso y dos estaban afectados por algún tipo de locura. Su función principal en el verano de 1789, y la razón de su importancia histórica en el contexto revolucionario, era servir como arsenal militar y, en gran medida, eso decantó su convulso final. Otra cosa fueron los motivos que los revolucionarios tuvieron después para desmontar el inmenso y vetusto edificio. Aunque en el imaginario colectivo nacionalista francés su conquista se interpretó como un acontecimiento fundamental para la construcción de la nación francesa por la simbología antiguorregimental que tenía el edificio. Como lo prueba que posteriormente al derribo de la fortaleza con parte de sus piedras se construyera el puente de la Concordia parisino (Artola, 2016, p. 298) o que se hicieran copias en miniatura con sus ladrillos que se vendieron muy bien en la época y décadas posteriores (Lowenthal, 2015, p. 445).   

La Bastilla o Bastilla Saint-Antoine de París. Grabado de 1890

Imagen 3. La Bastilla o Bastilla Saint-Antoine de París. Grabado de 1890.

Precisamente fue el republicanismo francés el que, desde finales del siglo XIX, ha interpretado que “el verdadero protagonista de la Revolución ha sido el pueblo francés que se sublevó contra la tiranía del rey tomando e incendiando la prisión de la Bastilla para manifestar su rechazo a los opresores monárquicos” (Ybarra, 2014, p. 72). Si bien la historia suele ser más prosaica, e interpretaciones historiográficas más recientes indican que si la toma de la Bastilla se ha convertido en un símbolo revolucionario francés “no atestigua tanto el éxito de los «revolucionarios» (…) sino la sorpresa de los contemporáneos de asistir a un acontecimiento improbable: el éxito de una revolución tras una serie ininterrumpida de fracasos, en la ciudad más importante de la época” (Marin, 2012, p. 19). Lo cual enlaza con la invención de la tradición contemporánea. Es decir, con la creación y popularización de los símbolos nacionales con el fin de cohesionar a la población en torno a un hecho del pasado (Hobsbawm y Ranger, 2002). Que en el caso de la Revolución francesa se trataba de una práctica creada ex profeso para inculcar los nuevos valores y las nuevas ideas nacidas al calor de la revolución para legitimar el final del Antiguo Régimen y el inicio del nuevo orden liberal. Y que básicamente se compone del himno de “La Marsellesa”, la creación de la bandera tricolor y la institución de fiestas nacionales como la del 14 de julio cuyo origen es, como venimos explicando, la toma de la Bastilla. Una celebración que comenzó siendo en origen un rito civil y político instituido el 14 de julio de 1790 con motivo del primer aniversario del hecho considerado por los propios revolucionarios como el inicio de la Revolución. Aunque inicialmente se le denominó como la Fiesta de la Federación porque simbolizaba la unidad nacional representada por los 83 departamentos en los que se dividía la nación francesa y por el conjunto de la población nacional de Francia. En la cual se exaltaba y juraba fidelidad a los valores acuñados por el propio hecho revolucionario que en el caso francés eran “libertad, igualdad y fraternidad”; conceptos que se convirtieron en el lema de la revolución francesa (Ybarra, 2014) y que posteriormente entroncaron con un sentido patriótico de defensa de la república francesa hasta nuestros días (Villares y Bahamonte, 1996).

Libertad, Igualdad y Fraternidad

Imagen 4. Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Los hechos históricos

En mayo de 1789 el rey Luis XVI de Francia convocó a los Estados Generales para solventar la bancarrota de su reino derivada del apoyo dado anteriormente a la causa revolucionaria norteamericana. Se trataba de un hito de la política nacional porque desde 1614 no se había reunido a la asamblea representativa de la sociedad estamental francesa, aunque su motivo era mucho más terrenal: “introducir una reforma tributaria que afectaría a los dos órdenes privilegiados”: clero y nobleza (Prieto, 1989, p. 13). La negativa aristocrática y de la jerarquía eclesiástica ante los cambios de calado que, en su perjuicio estamental, mejorasen la situación del Tercer Estado representado por abogados, médicos, mercaderes, comerciantes, hombres de letras y granjeros (Mackintosh, 1792), conllevaron a que éstos se erigiesen en Asamblea Nacional, proclamasen la soberanía nacional y se enfrentasen contra las tropas del rey en París (McPhee, 2007). Lo que inicialmente era una facción rebelde de los Estados Generales y una Revolución popular logró asaltar la Bastilla y toda vez tomaron los recursos militares allí almacenados, prendieron la mecha de la revolución liberal: el Estado francés dejó de estar en manos de un solo poder –el poder de la Corona- ante la pasividad cuando no la participación de parte del Ejército con los planes revolucionarios (Soboul, 1987, Vovelle, 2000 y Zurita, 2019).    

Toma de la Bastilla, cuadro de Jean-Pierre Louis Laurent Houel

Imagen 5. Toma de la Bastilla, cuadro de Jean-Pierre Louis Laurent Houel. Fuente: Gallica.

Para llegar a la toma de la Bastilla se tuvieron que alinear distintos elementos en el mes de julio de 1789. A saber. La población parisina, preocupada por la carestía de alimentos, temía que las tropas mandadas reunir por el rey en torno a la capital de Francia y compuestas por extranjeros en gran medida, terminasen con la obra iniciada por la Asamblea Nacional. El domingo 12 de julio la noticia de la destitución del popular ministro Necker por Luis XVI y el riesgo de que ese hecho fuera el comienzo de una oleada reaccionaria y represiva, hicieron que se produjeran multitudinarias manifestaciones populares en las calles de París. Lo que terminó con un enfrentamiento directo entre el pueblo parisino y un regimiento alemán en las Tullerías. Al día siguiente mientras el pueblo saqueaba el convento de San Lázaro pensando que albergaba cereales, en el Ayuntamiento de París se creó una milicia revolucionaria (la Guardia Francesa) compuesta por 40.000 ciudadanos. El problema era armarla para que su misión defensiva fuera efectiva, ya que los saqueos de armerías no alcanzaron más que para armar a algunos voluntarios. Los cuales no eran directamente controlados por la Asamblea Nacional.  

La rebelión de las mujeres.

Imagen 6. La rebelión de las mujeres. 

En la mañana del día 14 de julio la multitud, entre 7.000 u 8.000 ciudadanos parisinos, marchó al Hôtel des Invalides donde se sabía que se guardaba armamento. Ante la pasividad de las tropas guarnicionadas en el Campo de Marte que no hicieron nada para impedir que la muchedumbre se incautase de 30.000 rifles y 12 cañones. Una ingente cantidad de armamento que todavía no era útil porque se carecía de la pólvora y balas necesarias para poder usarlas efectivamente. Razón por la cual la multitud (que en ese momento no llegaba al millar de efectivos) comenzó a dirigirse hacia La Bastilla, defendida por el gobernador Launay junto a cerca de un centenar de soldados, de los cuales un tercio eran soldados extranjeros y el resto eran soldados veteranos inválidos para el servicio ordinario. La idea inicial e institucional de la Revolución no era forzar un asalto frontal. Y en un primer momento varios representantes municipales intentaron negociar con el gobernador la entrega del polvorín y el retiro de los cañones de la fortaleza que amenazaban las calles de París. Pero no se logró pactar una rendición satisfactoria para ambas partes cuando, hacia la una y media de la tarde, la turba comenzó a asaltar el patio exterior de la fortaleza. Ante la inminente amenaza revolucionaria y la ruptura del parlamento que se había establecido, Launay ordenó abrir fuego contra la multitud causando bastantes bajas entre los asaltantes que al término de la jornada dejaron varios ciudadanos muertos (98) y heridos (73), mientras nuevas delegaciones municipales intentaban, infructuosamente, frenar la sangría que se estaba produciendo y que determinó, más si cabe, a la muchedumbre armada a tomar la fortaleza por la fuerza. A las tres y media de la tarde llegaron hasta la Bastilla un par de destacamentos de la Guardia Francesa con cinco piezas de artillería tomadas durante la mañana en Les Invalides. Las cuales se ubicaron frente a la puerta de la fortaleza amenazando con derribarla si la guarnición no se rendía. Ante la nueva amenaza y debido a las pocas perspectivas de éxito en la defensa del edificio, sobre las cinco de la tarde del 14 de julio de 1789 la guarnición de la Bastilla se rindió bajo la promesa de que sus vidas serían respetadas y no serían maltratados. Fue entonces cuando la multitud tomó la fortaleza, se apoderó de la pólvora, saqueó los archivos y liberó a los presos. La guarnición, que apenas tuvo en torno a media docena de bajas durante el combate, fue encarcelada aunque el gobernador Launay fue asesinado en la calle y decapitado para que su cabeza pudiera ser clavada en una pica y posteriormente paseada de manera ignominiosa por las calles de París hasta llegar al Palacio Real. Esa misma noche el rey Luis XVI, ignorante en su palacio de Versalles de lo sucedido en París, ordenó la retirada de las tropas sitas en la capital de su reino. Fue informado de la toma de la Bastilla por el duque de La Rochefoucauld-Liancourt a la mañana siguiente. Hecho registrado por un célebre diálogo donde el rey preguntó a su ayudante si se trataba de una revuelta y el aristócrata, lacónico, le respondió: “No, señor, es una revolución”.  (Ybarra, 2014, Marin, 2012, McPhee, 2007 y Rudé, 1979).

Columna de julio (1830) en la plaza de la Bastilla

Imagen 7. Columna de julio (1830) en la plaza de la Bastilla. 

Bibligrafía:

Artola, M. (2016). El legado de Europa. Kailas.

Artola, M. y Pérez Ledesma, M. (2014). Contemporánea. La historia desde 1776. Alianza.

Burke, P. (1828). Reflexiones sobre la Revolución de Francia. Oficina de Martín Rivera. (Original de 1790).

Hobsbawm, E. y Ranger, T. (Eds.) (2002). La invención de la tradición. Crítica.

Lowenthal, D. (2015). The past is a Foreign Country. Cambridge University Press.

Mackintosh, J. (1792). Vindiciae Gallicae. G. G. J y J. Robinson.

Marin, J-C. (2012). Nouvelle historie de la Révolution française. Perrin.

McPhee, P. (2007). La Revolución Francesa, 1789-1799. Una nueva historia. Crítica.

Moreno Luzón, J. (2021). Centenariomanía. Conmemoraciones hispánicas y nacionalismo español. Marcial Pons.

Prieto, F. (1989). La Revolución Francesa. Istmo. 

Rudé, G. (1979). La Europa Revolucionaria 1783-1815. Siglo XXI. 

Soboul, A. (1987). La Revolución Francesa. Labor.

Villares, R. y Bahamonde, A. (1996). Historia del mundo contemporáneo. Santillana.

Vovelle, M. (2000). Introducción a la Revolución francesa. Crítica.

Ybarra, C. (2014). La revolución francesa. En Lario, A. (Coord.). Historia contemporánea universal. Alianza, p. 69-92.

Zurita, R. (2019). Europa en la época de Napoleón. Síntesis.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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