David Mota Zurdo Coordinador del Grado en Historia, Geografía e Historia del Arte
Mié, 22/09/2021 - 11:50

Guerra Irán-Irak. Fuente: El gran capitán

Guerra Irán-Irak. Fuente: El gran capitán.

Serie: 'Haciendo historia' (LIII)

¿Sabías que hoy se cumplen 51 años de la guerra entre Irán e Irak? ¿Cómo se originó este conflicto? ¿Cuál era la situación de partida en ambos países? A través del siguiente artículo se ofrecen algunas de las claves de este enfrentamiento que ha pasado a la historia por ser uno de los primeros en los que se utilizó el gas tabún.

¿Persia o Irán?

Desde finales del siglo XIX, Irán, el territorio perteneciente a la antigua Persia, siempre fue codiciado por potencias como la Rusia zarista o Reino Unido. Una pugna de intereses de terceros actores que hizo que fuera un territorio políticamente inestable durante buena parte del siglo XX. Para entender un poco mejor la evolución de este territorio y su trayectoria política debe realizarse un análisis previo de su historia. Sólo así puede entenderse el por qué de su conflictividad.

En 1921, el general Reza Khan accedió al poder iraní y cinco años después se proclamó Sha. En 1935, en la plenitud de su mandato, restauró el nombre de Persia con un objetivo político e identitario claro: engarzar su país con la historia milenaria persa; es decir, instrumentalizó la historia a su favor para tratar de evidenciar que existía una nación persa desde la noche de los tiempos y, de este modo, justificar su existencia. Sin embargo, este efímero éxito propagandístico, identitario y nacional se vio enturbiado por sus simpatías políticas. La proclividad del Sha hacia la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial provocó que el país fuera invadido por la Unión Soviética y Gran Bretaña, que estos justificaron bajo el pretexto de salvaguardar el control de la ruta petrolífera desde el golfo Pérsico hacia territorio soviético. Esta circunstancia hizo que el Sha abdicara a favor de su hijo Reza Pahlevi.

El reinado de Reza Pahlevi

Tras la finalización de la II Guerra Mundial, Persia, que había recuperado la denominación de Irán, evolucionó conforme a la lógica de Guerra Fría; en otras palabras, se vio influido por las medidas políticas implementadas por el bloque occidental y el del este. En esta tesitura, sumado a las presiones internas de la sociedad iraní que reclamaba mayores derechos sociales, el Sha nombró un nuevo primer ministro: Mohammad Mosaddeq, que contaba con un fuerte apoyo de los musulmanes chiíes. Pero su vocación reformista, como pudo observarse en su interés por nacionalizar los pozos petrolíferos que explotaban empresas extranjeras provocó la reacción británica y estadounidense, principales afectados, y éstas apoyaron en 1953 un golpe de Estado liderado por el propio Sha que hizo que Mosaddeq no durara demasiado tiempo en el poder.

Figura. Revolución iraní, Teherán, 1979. Fuente: El País

Revolución iraní, Teherán, 1979. Fuente: El País

El Sha intentó occidentalizar el país a través de una férrea dictadura militar, gracias al importante flujo de dinero que recibió de las explotaciones petrolíferas controladas por empresas norteamericanas y británicas. Sus gobiernos se habían propuesto obtener el rico crudo iraní a un bajo precio, obteniendo de paso tanto los pingües beneficios derivados de su extracción como la creación en Irán de un gobierno amigo (títere) que fuera el principal centinela de Occidente en la zona; en otras palabras, el garante de sus intereses. Esta situación influyó notablemente sobre el gobierno del Sha, que fue profundamente corrupto y que malgastó los aportes económicos petrolíferos incrementando la desigualdad social y el descontento.

En este contexto, las mezquitas se convirtieron en centros de oposición al régimen: los ayatollahs chiís, que habían apoyado en su día a Mossadeq y que impulsaron la frustrada revolución de Jomeini en 1953, encabezaron una serie de agitaciones populares durante la década de 1970, que terminaron por derribar al Sha, que huyó en 1979. Para entonces, Jomeini, líder de los ayatollahs, que se había exiliado en París, volvió a Irán para convertirse en presidente de la República islámica que había nacido tras una revolución política en la que se habían mezclado sensibilidades nacionalistas y religiosas con un único fin: derribar el régimen Sha.

El acceso de Jomeini al poder trajo consigo un duro enfrentamiento con Estados Unidos, que se prolongó hasta 1989 (y que fue reeditado en 2005 bajo las presidencias de Mahmud Ahmadineyad y G.W. Bush). La relación bilateral entre ambos países se vio marcada tanto por la crisis de rehenes de la embajada de Estados Unidos en Teherán, donde varios técnicos estadounidenses fueron secuestrados durante más de un año por estudiantes iraníes, como por la guerra con Irak (1980-1988), donde el régimen de Saddam Hussein contó con ayuda de los países árabes y de Estados Unidos, que quería frenar la propagación del fundamentalismo chií de los ayatollahs iraníes. El fin de la guerra con Irak, la muerte de Jomeini en 1989 y la I Guerra del Golfo (1990-1991), que enfrentó a las potencias occidentales contra Irak, provocó que se produjera un acercamiento de los líderes iraníes a posiciones occidentales.

La guerra entre Irán e Irak

La revolución islámica de Irán influyó notablemente sobre Irak, un país que desde 1958 había sido dirigido por militares nacionalistas del Partido Socialista Baaz, que apostaba por la neutralidad y se oponía al imperialismo con una política de equilibrio entre panarabistas y comunistas. Sin embargo, un sector de militares iraquíes se mostró hostil a la decisión de su gobierno de integrarse en la República Árabe Unida del egipcio Gamal Abdel Nasser, su deriva izquierdista y su decisión de salirse del pacto de Bagdad. Este caldo de cultivo fue apoyado por la CIA y los británicos que apoyaron al citado sector militar desafecto para que diera un golpe de Estado en 1963. Esta maniobra contribuyó a la matanza de miles de izquierdistas de todo tipo, que cayeron a manos del escuadrón de la muerte que lideró Saddam Hussein. Después de diferentes disensiones internas y de mucha inestabilidad política, Ahmed Hassan al-Bakr, pariente de Hussein, se hizo con el poder. Este se encargó de nacionalizar el petróleo en 1972, lo que contribuyó a que a partir de 1979 se produjera una sangrienta purga en el seno del partido Baaz, que Bakr fue destituido y que Saddam se quedara al mando. Hussein aprovechó su situación privilegiada y se volcó en la obtención de armas y la construcción de un reactor nuclear cerca de Bagdad (destruido por los israelíes mediante un ataque aéreo en 1981).

Figura. Guerra Iran-Irak. Fuente: Parstoday

Guerra Irán-Irak. Fuente: Parstoday.

Hussein hizo caso omiso al acuerdo que había firmado con el Sha de Irán en 1975 tan pronto como Jomeini ascendió al poder y proclamó el gobierno islámico chií. El mandatario iraquí tomó esa decisión porque la existencia de un gobierno de esas características la causó importantes problemas en su territorio: Jomeini incitó a la población chií iraquí a que se sublevara contra el régimen de Hussein. Así las cosas, Saddam planteó reivindicaciones territoriales en el golfo Pérsico, incluida la rica provincia petrolífera de Juzestán, que se encontraba en suelo iraní y el 22 de septiembre de 1980 declaró la guerra a Irán, con apoyo de los países árabes de mayoría musulmán sunní, Kuwait y Arabia Saudí, que también temieron la expansión de la revolución iraní.

Hussein aprovechó que el ejército de Jomeini estaba desorganizado por la revolución islámica y que contaba con el apoyo de Occidente, que lo veía como un aliado en medio de un convulso escenario, para embarcarse en una guerra contra Irán. Sin embargo, en mayo de 1982, la situación comenzó a ir mal para los iraquíes y Saddam trató de negociar la paz con ayuda saudí. Los iraníes, que no estaban dispuestos a hacer frente a las reparaciones de guerra exigidas por Irak para firmar la paz, rechazaron la oferta de cese de hostilidades y optaron por invadir Irak.

Fue entonces cuando el Gobierno de Estados Unidos, dirigido por Ronald Reagan, decidió intervenir en la guerra. En junio de 1982 dio ayuda financiera a Saddam para comprar alimentos en Estados Unidos, presionó a los bancos norteamericanos para que le concedieran préstamos y le dieron suministros con el argumento de que eran para usos civiles. Los estadounidenses cuidaron mucho las apariencias. Para que no quedara evidenciada de su ayuda, la CIA instó al iraquí a que comprara armas norteamericanas a través de terceros países como Chile y Egipto. Sin embargo, la principal cobertura norteamericana fue que les dio acceso a sus satélites. Gracias a los datos obtenidos de estos dispositivos pudieron conocer los movimientos y la envergadura de las tropas iraníes, localizaron sus zonas de suministro y frenaron así su avance. Junto a esto, Estados Unidos le vendió armamento químico y biológico: Irak fue así el primer país en utilizar en combate el gas tabún, que había sido desarrollado por los nazis durante la II Guerra Mundial.

Figura. Exterminio kurdo. Fuente: ANF

Exterminio kurdo. Fuente: ANF.

Irán solicitó a la ONU la condena del uso de armas químicas, pero la presión de Estados Unidos a través de diferentes delegaciones amigas impidió que la organización se pronunciase. Entre 1987 y 1989, fase final de la guerra, Saddam y su primo Ali Hassan al-Majid, llevaron a cabo una campaña de exterminio contra los kurdos del norte, que fueron desplazados a Kirkurk para acceder al control de los recursos petrolíferos. Utilizaron armas químicas en una operación de limpieza étnica contra la población civil que destruyó todo lo que había a su paso.

Pese a las atrocidades cometidas, de las que fue consciente la opinión pública norteamericana, Hussein siguió siendo un protegido de Reagan, mientras que Irán, se quedó solo, sin apoyos ni aliados. Esta situación de aislamiento obligó a Jomeini a solicitar un alto el fuego que se hizo efectivo en agosto de 1988. Por eso, conviene recordar una fecha como hoy y ser conscientes de las atrocidades humanitarias que se han cometido por intereses partidistas, religiosos o de terceros.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

 

Añadir nuevo comentario