Niño jugando

A mi sobrina le hemos regalado un camión. Es precioso, grande y rojo. Pero no le gusta. A ella le encantan los juegos de cocinitas. Su hermano no deja de jugar con muñecas; las peina, las viste, les habla.

Está comprobado que antes de la aparición del juego simbólico, los niños y las niñas eligen los juguetes sin reparar en nada más que en sus propias preferencias. Pero también es cierto que dichas preferencias se ven mediatizadas por el comportamiento de los adultos que constituyen sus referentes; fundamentalmente los padres y los docentes. Cuando llega el juego simbólico, la elección está condicionada por la imitación de su entorno, por lo que observan en las personas que les rodean.

Los niños y las niñas juegan en cualquier circunstancia y ocasión. Lo hacen de manera espontánea, sin necesidad de que nadie se lo proponga. Pero también juegan cuando los adultos ponen a su disposición recursos lúdicos. Dichos recursos han de contar con una serie de características para que la conducta del juego pase de ser solo una actividad agradable que entretiene al niño a convertirse en una de las principales herramientas de aprendizaje tanto en el aula como en el ámbito de la familia.

El juego constituye una de las actividades principales que se van a desarrollar en el aula de Educación Infantil. Y es la actividad más perfecta: a través del entretenimiento y la diversión se promueve el aprendizaje. Además, fomenta el desarrollo individual y social. Mediante actividades lúdicas se estimulan la creatividad, la psicomotricidad, el lenguaje o la memoria.

Como educadores (la profesión más importante del mundo), debemos facilitar a niños y niñas las mejores herramientas que desarrollen sus capacidades. Y en su edad más temprana, dichas herramientas son los juguetes.

Evitemos que los juguetes que ofrezcamos a nuestros hijos y alumnos tengan connotaciones sexistas que promuevan estereotipos en niños y niñas que sean contrarios a los ideales de una sociedad igualitaria.

Tal vez, la primera forma en la que se comienza a diferenciar a los niños en función de su género sea mediante el tipo de juguetes que se les proporcionan.

Los profesionales de la educación son cada vez más conscientes de este problema y evitan catalogar los juguetes como «de niños» o «de niñas». Pero este comportamiento hay que trasladarlo a las familias, que, sin darse cuenta, pueden mantener conductas sexistas mediante los juguetes o juegos que fomentan en sus hijos.

Lamentablemente, seleccionar un juguete que «se relaciona» con el género del niño suele recibir un refuerzo social.

El juguete es una excelente herramienta para fomentar en los niños valores sociales saludables, máxime si su utilización se realiza en edades muy tempranas, durante las que se desarrollan los principales aprendizajes de las personas.

Cada tipo de juguete favorece el desarrollo de unas capacidades determinadas. En los niños que solo reciban juguetes relacionados con mecánica o herramientas se incrementarán las conexiones de su hemisferio izquierdo, pero no las de su hemisferio derecho. En las niñas que solo tengan acceso a muñecas y juegos propios de roles que la sociedad considera femeninos ocurrirá lo contrario.

De esta forma, todavía observamos que los estudios universitarios relacionados con las ciencias o la tecnología son cursados mayoritariamente por hombres, mientras que las mujeres se decantan por estudios humanísticos o sociales.

La elección de los juguetes y los juegos que facilitemos a los niños y las niñas incidirá en el correcto desarrollo cognitivo, afectivo y social de los futuros adultos.

No juguemos con los juguetes de nuestras alumnas y alumnos. Dejemos que lo hagan solo ellos.

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