Fernando González-Ferriz Profesor del Máster del Profesorado
Jue, 16/09/2021 - 11:00

Alumno frente a un ordenador con una profesora por detrás observando lo que hace.

Las nuevas metodologías docentes incluyen la tecnología como base de la formación.

Serie: 'El reto del profesor en formación'(XI)

Es evidente que el proceso de enseñanza-aprendizaje ha evolucionado a pasos agigantados en los últimos años, impulsado, en gran medida, por las nuevas tecnologías. La forma de enseñar y los enfoques metodológicos aportan cada vez más protagonismo al propio alumnado, transformando al mismo tiempo el papel del docente, cuya función pasa a ser la de mediador y facilitador del conocimiento y de la forma de aprender.

El enfoque de las metodologías activas, que aparece como consecuencia de las necesidades de este nuevo entorno, va a permitir, además, el desarrollo de las competencias clave, muy presente en las últimas reformas educativas. Así pues, el aprendizaje va  a ser considerado como un proceso constructivo con un objetivo claro: resolver problemas y aportar un enfoque práctico, olvidando el objetivo tradicional centrado en la acumulación y memorización de la información.

Muchas son las ventajas de este tipo de metodologías, entre las que destacan:

  • Favorecen el aprendizaje autónomo y la competencia de 'aprender a aprender'.
  • Orientan el aprendizaje hacia la resolución práctica de problemas y situaciones de la vida real.
  • Aumentan la implicación y motivación del alumnado.
  • Pueden integrarse fácilmente con otras metodologías como la 'flipped classroom' (clase invertida).
  • Debido a su versatilidad, pueden aplicarse tanto a ESO y Bachillerato, como a Formación Profesional y educación universitaria.
  • Facilitan la incorporación y uso de las TICs.

Una de las metodologías activas, que destaca por su carácter eminentemente práctico, es el Aprendizaje Basado en Retos (ABR). Si bien comparte ciertas similitudes con su hermano mayor, el Aprendizaje Basado en Proyectos  (ABP), el ABR aporta más flexibilidad y menos estructuración, dejando un mayor grado de libertad a los alumnos a la hora de resolver el problema planteado y aportar soluciones. Los retos, además, se basan en situaciones de la vida real y no tanto en simulaciones o casos hipotéticos.

Etapas de la metodología

En cuanto a la implantación de la metodología, podemos definir de forma breve una serie de etapas que nos guiarán a lo largo del proceso:

  1. Planteamiento del problema y pregunta inicial: se trata de definir la situación que va a servir como punto de partida para la resolución del reto y de la pregunta esencial, que tras una sesión de brainstorming, servirá como punto de partida para posteriores investigaciones.
  2. Resolución del reto: es la parte más extensa del proceso. En ella se desarrollarán las tareas que servirán para dar solución al problema planteado. Esta fase es fundamental para el aprendizaje y permitirá llevar a la práctica los conocimientos que ya posee el alumnado.
  3. Puesta en común y presentación de la solución: una vez que se han analizado todas las posibles alternativas, los alumnos deberán encontrar una solución única y estructurar la información de forma que sea comprensible y pueda ser trasladada al resto de la clase.
  4. Evaluación: Será importante definir cómo se va a llevar cabo la evaluación, que puede realizarse tanto a lo largo del reto, como al finalizar el mismo con la presentación de los resultados. Las rúbricas pueden ser un instrumento de evaluación muy eficiente, ya que permite a los alumnos conocer aquellos criterios que van a ser medidos.

Garantizar la diversidad

Otro aspecto muy importante a tener en cuenta en el ABR es la consideración de los agrupamientos. Para que esta metodología sea efectiva deberán constituirse grupos lo más heterogéneos posible que garanticen la diversidad. Así pues, deberían integrarse en cada uno de ellos alumnos con distintas capacidades, nacionalidades o sexo. La diversidad de los grupos enriquecerá de forma considerable el proceso, aportando distintos puntos de vista que, a su vez, contribuirán al desarrollo de otras competencias como las sociales y de comunicación lingüística.

Este tipo de metodología facilita, por otra parte, la incorporación de las nuevas tecnologías. Hoy en día encontramos un gran número de instrumentos que pueden ser aplicados tanto al proceso de planificación, como de investigación y resolución del reto, o a la presentación de los resultados obtenidos. En todos los casos, se contribuirá al desarrollo de las competencias digitales.

Por último, el Aprendizaje basado en Retos, permite la introducción de metodologías complementarias como son los procesos SCRUM, basados en un conjunto de herramientas y funciones que van a permitir gestionar el trabajo de forma ágil y eficaz. Un reto, por tanto, se puede dividir en tareas breves y concisas que deben ser realizadas en un período de tiempo determinado, realizando controles (conocidos como sprints) de forma periódica.

 

REFERENCIAS:

Jiménez, A. B., Hinojosa, V. C., Ramos, J. C., Sánchez, R. M., Blasco, V. J. Q., & Mendoza, C. A. (2019). El aprendizaje basado en retos como propuesta para el desarrollo de las competencias clave. Padres y Maestros/Journal of Parents and Teachers, (380), 50-55.

March, A. F. (2006). Metodologías activas para la formación de competencias. Educatio siglo XXI24, 35-56.

Murillo Estepa, P. (2007). Nuevas formas de trabajar en la clase: metodologías activas y colaborativas. El desarrollo de competencias docentes en la formación del profesorado.

Observatorio de Innovación Educativa (2015). Aprendizaje Basado en Retos. Edu Trends. Observatorio de Innovación Educativa/Tecnológico de Monterrey, México.

 

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1859

Burgos, España

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