Ana Bárcena Santamaría Departamento de Comunicación
Mié, 29/11/2017 - 17:12

Cuesta pensar que le guste descargar adrenalina y que al mismo tiempo “prudente” sea la palabra que mejor le defina. Responsable, en ocasiones demasiado, procura siempre hacer bien su trabajo. No sabemos si alentado por las series de televisión del momento, la criminología se convirtió en su pasión hace ya unos cuantos años y, desde entonces, no ha parado de trabajar para conseguir mejorarla. Y aunque pueda parecer paradójico, mientras intentaba dejar su timidez a un lado, trabajaba para resultar invisible a la vista de muchos. Y por la timidez no os preocupéis. La venció.  Tanto, que hasta pudo disfrutar de una coca-cola con un investigado, mientras lo investigaba claro. Así es Víctor Rodríguez, nuestro recién estrenado Decano de la Facultad de Criminología.

¿Por qué te decantaste por la criminología?

Cuando acabé Bachillerato me decanté por la rama de laboratorios, prácticas… Porque eso era lo que me gustaba y se me daba bien. En ese momento oí hablar de la criminología. Era la época en la que C.S.I estaba de moda y fui a informarme. Al cabo de una semana me había matriculado. Pero más que por este tipo de series, que tuvieron algo que ver ya que despertaron mi curiosidad por este tema, fue por mi pasión por los laboratorios. Mi experiencia trabajando en ellos siempre había sido buena, se me daba bien y mis compañeros me alentaron a ello. Les hice caso, y de lo que busqué, lo que más me llamó la atención fue esto, la criminología, porque se salía de lo típico.

Una parte importante de tu vida fue tu etapa como detective privado

Cuando acabé la licenciatura me vi con una titulación con muchas salidas potenciales, pero pocas salidas laborales reales y muy complicadas. Así que en ese momento decidí que quería ser mi propio jefe, me decanté por el autoempleo. Monté mi despacho profesional de detectives y peritos judiciales y en esa andadura estuve 4 años.

¿Cómo recuerdas esa etapa?

Fue una etapa dura, y no solamente los inicios, porque eres tu empresa, eres tu jefe y tienes que controlar muchas cosas al mismo tiempo. Pero también una etapa bonita, divertida, productiva; en la que aprendes muchísimo si tienes ganas y predilección. Te llevas buenos y malos recuerdos pero siempre positiva.

Si tuvieses que elegir… ¿Con qué te quedas?

Me quedo con los cuatro años y con experiencias como llegar a un juicio y que el juez, cuando recibe el informe, te pregunte si los has realizado tu, le digas que sí, y que su respuesta sea que casi te puede marchar porque el informe es irrefutable y ya está casi ganado el juicio, no dicho de esta manera pero casi casi (se ríe), ¡imagínate mi cara! O que un cliente se ponga a llorar de alegría en mitad de un lugar público cuando recibe un informe de más de 6 meses de investigación, porque sabe que con ese informe su problema se iba a solucionar.

Dejas esa vida y te decantas por la docencia. ¿Por qué?

Puede sorprender porque es muy diferente. Pero en parte lo hice porque en mi etapa como detective privado vi que la competencia no siempre hacía bien el trabajo, y no me refiero a nivel profesional metodológico, que ahí cada uno tiene su opinión, sino a nivel normativo. Pensé que no porque unos pocos hagan la cosas mal, el resto vamos a tener que cargar con ello. Entonces vi la oportunidad de ser profesor de seguridad privada y de criminología y poder formar a futuros detectives y futuros peritos, acorde a la normativa primero, pero también transmitiéndoles esos valores profesionales y personales que creo que deben tener para ser buenos profesionales el día de mañana.

¿Echas de menos en algún momento ejercer?

Alguna vez, de vez en cuando, sí que me gustaría volver a salir a la calle y tener un caso de esos un poquito peliagudo que tienes que estar todos los días pensando en ello, en cómo sacar las pruebas, los vídeos o fotos que te hacen falta… Porque es algo que me gusta, que llevo dentro, pero reconozco que es un ritmo de vida muy acelerado. Me he llegado a tirar 18 horas en la parte de atrás de un coche mirando a un portal, esperando. Sin moverme, con todo lo que conlleva. Entonces ese aspecto no lo echo de menos (se ríe), pero sí la parte quizás más de película, la de tener que seguir a una persona por una ciudad, ir haciendo fotografías, intentar ser lo más invisible posible, apañártelas en ciertas situaciones en las que en 30 segundos se decide si hechas a perder todo tu trabajo, porque en muchas ocasiones mi trabajo se justificaba con una fotografía o con 5 segundos de vídeo.

¿Qué crees que es lo más importante que deben saber tus alumnos?

La importancia de la experiencia o, en términos más generales, la importancia de la formación continuada. Sin duda. De hecho, alguna vez, cuando he podido hablar con mis alumnos personalmente en las jornadas presenciales, siempre se lo he dicho. Que no se desesperen. Los primeros meses, si se decantan por el autoempleo, son muy duros porque encontrar clientes no es fácil, todo son gastos… Pero en cuanto empiezas te das cuenta de que luego siempre merece la pena. Como en todo, los principios siempre cuestan, tienen que tener paciencia y no desesperarse. Nunca abandonar. Muchas veces la paciencia es la mejor virtud de un detective.

¿Cómo es Víctor cuando deja de fu faceta de docente y criminólogo? Si la deja, que no todo el mundo consigue separar lo profesional de lo personal.

Es difícil desconectar, en mi vida personal soy un poco más dicharachero, hablo más “si llega” (se ríe), porque bastante hablo aquí. Y el tiempo libre que me queda intento invertirle en hacer deporte para despejarme del trabajo, estar con mis amigos lo que puedo, incluso con compañeros u otros profesionales con los que aunque no estén en Burgos sigo manteniendo el contacto. Y los fines de semana les dedico a estar con mi familia y a participar en carreras de obstáculos.

Además también nos han contado que eres amante de las motos.

Esa afición curiosamente empezó por tema profesional, ya que al ser detective a veces necesitaba moverme en un entorno un poco más complicado y en ciertas ocasiones un coche no me facilitaba las cosas. Por ahí empezó mi afición, luego descubrí que me gustaban también para el fin de semana, no solo por trabajo. Y no es tanto la adrenalina como el hecho de concentrarme en mi mismo, en la carretera y en lo que puedan hacer los demás. Algo que, como detective, también tienes que hacer, fijarte en lo que están haciendo los demás y anticiparte, ver qué van a hacer antes de que ocurra. Entonces por estas cosas me gusta. Y además de ir a hacer una ruta con la moto, conocer algún pueblo y aprovechar a comer por la zona también es algo que disfruto mucho.

¿Que nos puedes decir de ti que si no cuentas nadie se imaginaría?

No es que sea un libro abierto, pero intento ser siempre igual en todos los entornos. Quizás en el trabajo soy un poco más serio por trasmitir profesionalidad y fuera soy un poco más divertido. Algo que muchas veces la gente cuando se lo cuento no se lo cree es que yo, antes, hace 10 años o así, al poco de acabar la carrera, era una persona súper introvertida. A mí nunca se me hubiese pasado por la cabeza que yo con lo tímido que era iba a ser capaz de plantarme delante de un abogado, un alcalde, etc., para ofrecerle mis servicios, diciéndoles los beneficios que iba a tener su trabajo si contaban conmigo. Pero me vi en la situación de que mi trabajo como detective o como perito tenía que fundamentarse primero en eso y me tuve que poner las pilas.

¿Cómo es trabajar en la Universidad Isabel I?

Distinto, una docencia online es distinta a la universidad presencial. Pero es bonito poder decir que tienes alumnos repartidos por toda España, incluso en otros países, sabiendo que estás dando la oportunidad de estudiar, de adquirir una formación, a personas que en muchas situaciones, si no fuese por ti y por esta metodología, no podrían.

Y te tenemos que dar la enhorabuena porque recientemente te han nombrado Decano de la Facultad de Criminología… ¿Cómo lo afrontas?

Muchas gracias. Lo afronto con ganas, con ilusión y con ganas de mejorar esforzándonos ya no solo por la Facultad y los grados, sino por la Universidad en su conjunto. Además la seguridad y la criminología son unas de las líneas principales de la Isabel I y hay que potenciarlo lo máximo posible.

¿Qué tienes en mente? ¿Cómo te gustaría que evolucionase esta Facultad?

Primero, sacar los laboratorios de investigación, ya que en criminología hay mucha parte de investigación y eso se puede mejorar. Enlazar la criminología aún más con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, con informática ya trabajamos en conjunto para relacionar nuestra rama con los drones y con la seguridad de prevención de ataques con drones, tanto físicos como ciberataques. Sacar nueva formación para los alumnos y una spin-off que a los alumnos les pueda servir para recibir formación tanto oficial como cursos de perfeccionamiento de 30/40 horas. También trabajaremos para poder comenzar a tener  una bolsa de trabajo para alumnos egresados y para aquellos que estén realizando su TFG, para que estos últimos lo puedan hacer en alguna empresa y quizás eso les dé la oportunidad de conseguir un puesto de trabajo. 

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