Alejandro García Morilla Profesor de la Universidad Isabel I
Vie, 01/12/2017 - 11:00

Puerta de Cantalapiedra, parte del recinto murado de Madrigal de las Altas Torres, en la provincia de Ávila. | By Cruccone (Own work) [CC BY-SA 3.0 es (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/es/deed.en)], via Wikimedia Commons

A priori puede resultar curiosa la relación entre don Vasco de Quiroga y la Reina Católica. Sin embargo, son varios los puntos de conexión entre ambos. El primer lazo de unión es Madrigal de las Altas Torres. Localidad abulense que vio nacer a estos dos personajes, aunque con una diferencia de 19 años. Además de esta coincidencia, destacan otros dos aspectos que consideramos de mayor fuste e importancia, especialmente en estos tiempos en que la conquista y colonización española del nuevo mundo es tan discutida y denostada por parte de algunos que la consideran sangrienta, cruel, demoledora e irrespetuosa con las tradiciones y cultura autóctonas; como si ésa hubiera sido la única y legítima actitud de los españoles en el nuevo mundo. 

Por un lado, nos referimos a la sensibilidad que tanto la Reina como el obispo de Michoacán tuvieron hacia la población indígena. Por otro, la preocupación por las letras y la educación que guiaron buena parte de los actos y decisiones de sus vidas. Una y otra se encontrarán fuertemente ligadas. A ello podríamos sumar la conexión establecida entre ambos cuando don Vasco pasó a formar parte del cuerpo de Letrados de la Corte de los Reyes Católicos; hecho que le permitió conocer las sensibilidades de la Reina hacia la población indígena que quedarían fijadas en varios capítulos del Testamento de la Reina de 1504 como verdaderas mandas testamentarias[1].

Vasco de Quiroga, primer obispo del estado mexicano de Michoacán.

1. Vasco de Quiroga

Don Vasco o Tata Vasco como era conocido en tierras mexicanas –aún hoy es recordado con este nombre- es considerado una de las grandes figuras españolas del comienzo de la Edad Moderna, como uno de los grandes humanistas de su época[2]. Aunque de ascendencia gallega, nació en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) en la séptima década del siglo XV (1470-78) y murió en Uruapán (Méjico) en 1565. Don Vasco se formó en Leyes y se licenció en Cánones  en la Universidad de Valladolid. Esta formación y su proximidad a la Corte hicieron que desempeñara distintos funciones ligadas a la administración de justicia. Fue juez de residencia en Orán, formó parte del cuerpo de Letrados de la Corte de los Reyes Católicos, actuó de delegado de la Corona en la firma de los Tratados de Paz con el rey de Tremecén (1526). Pero sin lugar a duda, sus dos grandes ocupaciones fueron las de oidor de la segunda Audiencia de Méjico y la de obispo de Michoacán.

Su interés por el nuevo mundo aumentó al mismo ritmo que crecían las disposiciones de las Cortes y del Consejo de Indias para proteger y ayudar a las poblaciones autóctonas. Para esta tarea era fundamental la labor de los misioneros.  Las noticias que llegaban desde el nuevo mundo sobre los constantes abusos sobre la población indígena eran constantes. Los testimonios de los dominicos fray Antonio de Montesinos y fray Bartolomé de las Casas sobre las crueldades e injusticias que los conquistadores españoles estaban cometiendo y la comprobación in situ de la miseria en la que vivían los indios, sirvieron de acicate para que nuestro personaje centrase sus esfuerzos en la defensa y protección de estas poblaciones.

Sin embargo, y al contrario de lo que podría parecer, su actividad en el nuevo mundo no debe relacionarse exclusivamente con su etapa como obispo. De hecho, su desempeño como oidor fue llevado a cabo como seglar, y fue en esta etapa en la que se dieron las primeras actuaciones para dar a conocer esta situación de injusticia –nada más llegar a Nueva España envió una carta al Consejo de Indias para denunciar indignidad humana a la que eran sometidos los indios por los conquistadores- y comenzar con las primeras actuaciones.

Una de las más interesantes fue la creación de sus famosos pueblos-hospitales[3]. No eran otra cosa que pequeñas comunidades de indios –exclusivamente de indios- de autoabastecimientos y guiados por Ley de Dios. Dentro de estas comunidades se esforzó especialmente por la creación de escuelas, colegios y sanatorios. Con ello se cumpliría una de las principales encomiendas establecidas por la Reina Isabel en su citado testamento como era la labor colonizadora, la evangelización, la curación y sanación de los enfermos y, especialmente, la enseñanza. A ello se sumó la publicación de numerosas obras dedicadas a esta población con recomendaciones, consejos y derechos y leyes para la protección de la vida indígena[4].

Su labor en Nueva España puede dividirse en dos etapas. La primera estuvo marcada por la fundación de pueblos-hospitales; en ellos  primaba la recuperación física de los indios y su desarrollo social y la autosuficiencia económica. La segunda consistió en una la labor pedagógica. Consolidadas estas poblaciones, y tras ser consagrado obispo, tuvo que comenzar formando a un grupo de clérigos colaboradores. Para su instrucción creó el Colegio de San Nicolás de Pátzcuaro, considerado el primer seminario de América y que con el tiempo se convertiría en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo de Morelia. De forma paralela fundó y dotó una importante biblioteca donde destacaban especialmente los libros eclesiásticos y las obras de los autores clásicos.

Retrato anónimo del siglo XVII de la reina Isabel I de Castilla, localizado en el Museo del Prado.

2. El testamento de Isabel la Católica

De todos es conocida la preocupación de la Reina Isabel por la cultura de su tiempo. No en vano se han llevado a cabo en los últimos años importantes estudios para tratar de clarificar la verdadera dimensión de esta faceta. Así, ha quedado patente su amor por los libros –llegó a formar una importante biblioteca-, la escritura –fueron muy abundantes las series documentales elaboradas en su reinado-  y su sensibilidad para con todas las bellas artes de su tiempo son aval suficiente para justificar el apelativo de reina culta[5].

Otra de sus facetas fue la imperiosa defensa de la fe católica tanto en España como en los enclaves americanos. Esta defensa llegó hasta tal punto que hoy en día ha quedado demostrado como el principal interés de los Reyes Católicos para el apoyo y financiación de la conquista americana no fue otra que la evangelización de esos territorios y su administración bajo el mismo régimen que se empleaba en los territorios peninsulares. La misma sensibilidad mostró al conocer la barbarie de algunos conquistadores defendiendo la dignidad de los indígenas por encima de cualquier otra razón. Ambas facetas fueron predicadas durante su reinado y recogidas en su testamento[6].

El testamento de la reina fue firmado en 1504. Su redacción gira en torno a cuatro ejes fundamentales:

  • Sostenimiento de una monarquía católica como eje de gobierno de los españoles.
  • La unidad de los reinos hispanos peninsulares.
  • El mantenimiento de las expediciones marítimas y la extensión de la fe católica así como la prohibición de enajenación de Gibraltar.
  • La justicia y el buen gobierno para con los pueblos americanos

Las cláusulas sobre la protección de los indios se incluyeron en un codicilo que se anexó al testamento. Éste contiene una profunda reflexión de la reina sobre cómo debía ser la conquista y gobierno en las tierras americanas. Hay que pensar que en el momento de la muerte de la reina, las expediciones el Nuevo Mundo no habían hecho nada más que comenzar. Sin embargo, las premisas que a este respecto se establecieron en su testamento marcarían las actuaciones de sus sucesores para con los indios. La tarea evangelizadora se considerará prioritaria en todo momento, bajo el auspicio y beneplácito de la Santa Sede.

 

[1] P. CASTEÑEDA, Quiroga, Vasco de: DHEE, Vol. 3, Madrid 1973, pp. 2039-2040.

[2] Sobre nuestro personaje, sin ser exhaustivos, Cf.: R. AGUAYO SPENCER, Don Vasco de Quiroga: documentos, México 1939; M BATAILLÓN, Vasco de Quiroga et Bartolomé de las Casas: Revista de Historia de América, 33(1952)83-95; C. CABRERA, De solicitanda infidelium conversione en L. CAMPOS, “Métodos misionales y rasgos biográficos de don Vasco de Quiroga, según Cristóbal Cabrera” en Don Vasco de Quiroga y Arzobispado de Morelia, México 1965, pp. 107-155; P. BORGES, Vasco de Quiroga en el ambiente misionero de la Nueva España: R133, 69(1966)297-340; A. ARRIAGA, Vasco de Quiroga, fundador de pueblos: Estudios de Historia Novohispana, 1(1966)149-155; P. CASTEÑEDA, Quiroga, Vasco de: DHEE, Vol. 3, Madrid 1973; S. ZAVALA, Ensayo bibliográfico en torno de Vasco de Quiroga, México 1991; L. O. VELAYOS ZURDO, Vasco de Quiroga: olvido y glorificación, Madrigal de las Altas Torres 1992; F. MARTÍN HERNÁNDEZ, Don Vasco de Quiroga. Protector de Indios, Salamanca 1993; V. ARCE GARCÍA, Don Vasco de Quiroga, educador: Pulso. Revista de educación, 24(2001) 89-106; G. ZAID, El modelo de Vasco de Quiroga: Revista de la Universidad de México, 20(2005) 22-24.

[3] Sobre los pueblos-hospitales cf. J. C. GARCÍA FAJARDO, Una utopía hecha realidad: los Hospitales-ciudades de Vasco de Quiroga: Anuario del Departamento de Historia, 1(1989)271-286.

[4] Algunos de sus títulos más importantes son: “Carta-Informe al Consejo de Indias”: Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas en América y Oceanía, 2, XIII (Madrid 1864.84), ramo 15, Archivo General de Indias; “Información en Derecho del Licenciado Quiroga sobre algunas provisiones del Real Consejo de Indias”, ms. 7360, Biblioteca Nacional de Madrid;  “Reglas y Ordenanzas para el gobierno de los Hospitales de Santa Fe de Mexico y Michoacán” en:  J. J. MORENO, Fragmentos de la vida y virtudes del V. Ilmo. y Rvmo. Sr. Dr. Don Vasco de Quiroga, México 1766; o su “Testamento de don Vasco de Quiroga” en: R. ARREOLA CORTÉS, Historia del Colegio de San Nicolás, Morelia 1982, pp. 351-367.

[5] Para un conocimiento general sobre la importancia de la cultura escrita –libros y documentos- de la Reina Católica remitimos a E. RUÍZ GARCÍA, Los libros de Isabel la Católica. Arqueología de un patrimonio escrito, Salamanca 2004. 

[6] Para poder analizar en toda su dimensión el testamento de la Reina Católica recomendamos tener en cuenta las advertencias  de Luis Suárez sobre las circunstancias en que se redactó. Cf. L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, Análisis del testamento de Isabel la Católica: Cuadernos de Historia Moderna, 13(1992)81-90.

Entrada publicada el 01/12/2017

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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