Lorena Salido Llorente Egresada del Grado en Educación Primaria.
Lun, 01/03/2021 - 10:05

Infografía de manos de diversos colores señalando la diversidad

Las desigualdades pueden abarcar infinitas e inimaginables posibilidades. En el caso de la humanidad, tantas como diferencias sea capaz de concebir; diferencias que, con los avances científicos, el acceso a una mayor documentación y una globalización consolidada son cada vez más elaboradas y rebuscadas, en ocasiones incluso rayando lo absurdo.

Hoy, 1 de marzo, se celebra el Día de la Cero Discriminación, una fecha que nació en defensa de la desestigmatización del SIDA y de los derechos de quienes lo padecían.

En este 2021, el mundo se estremece bajo la amenaza de la pandemia por Coronavirus que está golpeando con especial crudeza a los colectivos más desfavorecidos, incrementando aún más la desigualdad global que afecta a todo y a todos.

El primer paso para el cambio es la educación. Y esta debe ser el reflejo de la sociedad a construir. Y queda mucho por hacer. Es importante destacar el profundo cambio en pro de la eliminación de elementos discriminatorios de diversa índole, pasando de la integración a la inclusión, reivindicando la igualdad de género e instaurando también la coeducación. El fundamento de estos cambios es sencillo: las personas son diferentes, son únicas, con sus fortalezas y debilidades. Pero existe una conexión, un vínculo que nos unifica: el sentimiento de pertenencia a la humanidad, concibiendo esta como una realidad plural de seres humanos interconectados, donde hay cabida para cualquiera y toda aportación es bienvenida, complementando así la experiencia vital de los individuos.

Por ello, es de suma importancia transmitir esta visión en la rutina escolar. En un mundo que cuenta con diferentes creencias, múltiples identidades sexuales, cambios en los conceptos de género, una interculturalidad infinita y nuevas necesidades educativas, se necesita un cambio. Existe un currículo oculto, una serie de elementos que se manejan en las aulas, que generan desigualdades, pero que en ocasiones están tan asimilados e interiorizados en la conducta que se reproducen día tras día de forma normalizada. 

Las personas viven aceptando prejuicios sin ser suficientemente cuestionados. No resulta fácil aceptar las diferencias ajenas ni tampoco las limitaciones propias. Sin embargo, cuando esto ocurre, se comienza a recorrer el camino de la tolerancia. Si se acepta lo primero, se actúa desde el respeto. Reconociendo lo segundo, se gana en honestidad. Y asumiendo que se puede convivir en armonía, valorando lo enriquecedor de las diferencias y haciendo de esto un elemento de cohesión, entonces se conseguirá una educación en igualdad

Esta tarea exige un gran compromiso y esfuerzo por parte de todos los miembros de la comunidad educativa, quienes deben estar sensibilizados y motivados para eliminar cualquier rastro de discriminación. Todas las vivencias diarias en las aulas son el reflejo de la rutina del mañana. Está en juego decidir qué mundo queremos, siendo el ideal un puzle donde cada pieza encaje, a pesar de ser diferente, y contribuya al éxito de este proyecto común llamado sociedad.

 

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