Jorge Magdaleno Marco Director del Máster en Dirección de Recursos Humanos
Mié, 27/07/2022 - 12:36

Equipo de trabajo unido chocan manos.

Equipo de trabajo unido chocan manos.

Serie: 'Gestión de Personas y Talento en la Era Digital' (XXIX)

“Aprender a fluir” es un ensayo psicológico de Mihály Csíkszentmihályi sobre la felicidad y la manera de conseguirla. Según el autor, el concepto central que hemos de tener en cuenta y alrededor del cual gira el libro es el de fluir, estados de flujo o experiencias de flujo (de la palabra inglesa “flow”). “Fluimos” cuando estamos realizando una actividad en la que nuestras capacidades y los desafíos que acometemos se encuentran ambos en un nivel alto y óptimo de funcionamiento. Si nuestras capacidades y los desafíos se entrecruzan en otros niveles, experimentamos emociones diferentes al “estado de flujo”. Por ejemplo, si una tarea es de dificultad elevada, pero nuestras capacidades son bajas, sentimos ansiedad. Asimismo, si el desafío es de nivel bajo pero nuestras capacidades son medias, experimentamos aburrimiento. Cuando tanto desafíos como capacidades se encuentran en bajo nivel, se produce apatía. Relacionando estas dos variables a la hora de acometer cualquier actividad, capacidades y desafíos, en niveles bajo, medio y alto de ambas, recorremos distintas emociones asociadas a las tareas que llevamos a cabo, hasta un total de ocho emociones, sólo una de las cuales, el “flujo” o “estado de flujo”, nos puede ayudar a ser más felices.

El flujo nos permite desarrollar nuestras capacidades y tener la sensación de estar realmente viviendo la vida, de una manera activa. Por lo general, a la gente le gusta más darse a actividades más fáciles pero que no reportan tal sensación placentera, pero si se invierte un poco de esfuerzo y tiempo en dedicarse a las actividades que producen experiencias de flujo, nos sentiremos mejor.

Los estados de flujo se alcanzan por medio de la atención y de la concentración esforzada, y para ello debemos emplear toda nuestra energía psíquica. La atención canaliza la energía psíquica de manera que sólo podemos utilizarla en un escaso número de tareas determinadas al mismo tiempo, pero, cuando realizamos una actividad que produce estado de flujo, toda la energía psíquica es conducida hacia la actividad propiamente dicha y nos olvidamos del mundo que nos rodea. Nos dedicamos en cuerpo y alma a dicha actividad sin ni siquiera ser conscientes del paso del tiempo, y solamente cuando salimos de ella, reflexionamos acerca de lo viva y placentera que ha resultado la experiencia.

En contra de lo que podría parecer, los estados de flujo no tienen por qué alcanzarse únicamente durante actividades ociosas o que deseamos hacer. También pueden darse en el ámbito del trabajo si somos capaces de ver desde otro punto de vista la actividad laboral. Transformar un “tengo que trabajar” por un “quiero trabajar”, al mismo tiempo que añadir energía psíquica y creatividad al empleo, puede ayudarnos enormemente a dejar de temer el trabajo e, incluso, ir contentos a nuestro lugar de trabajo. Debemos aspirar a “amar el destino”, es decir, aceptar y querer todo lo que nos ocurre aunque nos sea impuesto o no tengamos más remedio que hacerlo. Este cambio de concepción nos puede llevar a disfrutar de las tareas más monótonas de la vida.

En este sentido, el autor destaca lo que denomina como la paradoja del trabajo, consistente en el contraste que observa entre el hecho de que el trabajo es susceptible de crear experiencias de flujo en la misma medida que otras actividades no laborales creadoras de tales experiencias. La mayoría de la gente afirma que preferiría no tener que trabajar, o trabajar menos, si bien es precisamente en el contexto laboral donde vivencia la mayor parte de experiencias de flujo. Esto último es así porque en el trabajo se da un ajuste adecuado entre desafíos y capacidades, en un nivel alto para ambos elementos.

Esta paradoja se trata de explicar con dos argumentos. El primero se relaciona con la falta de interés por parte de los empresarios de preocuparse por el bienestar y las condiciones laborales de sus trabajadores, es decir, existe una objetiva disfunción de las características del trabajo que impiden a los trabajadores esperar encontrar experiencias de flujo en sus puestos de trabajo.

La segunda razón que causa la paradoja del trabajo hace referencia a la socialización temprana y a la presión cultural, que tienen importantes influjos del movimiento sindicalista que luchó por unas mejores condiciones laborales durante la expansión de la revolución industrial.

Las experiencias de flujo son más fácilmente observables en personas que se han labrado una carrera profesional muy individualizada y causante de autorrealización. Éstas apenas distinguen entre tiempo libre y tiempo para trabajar, ya que el trabajo resulta tan satisfactorio que se confunde con una actividad de ocio más. Esto no significa que no se puedan encontrar estados de flujo en personas con empleos duros o indeseables a primera vista, ya que las experiencias de flujo dependen más de las características individuales y de la manera en que se perciben las vivencias laborales.

El autor finaliza el capítulo dedicado al trabajo apuntando que incluso en los trabajos en los que se experimentan más sensaciones de flujo, las personas necesitan tiempo libre para dedicarse a otras actividades. En los casos en los que las personas no realizan prácticamente nada fuera de la esfera laboral, estas personas sufren de “laboradicción”, lo cual conlleva la pérdida de experiencias de flujo ajenas al trabajo y el peligro que representa una eventual falta de dicho trabajo.

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1816

Burgos, España

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