Eduardo López Bertomeo Tutor de TFG en Educación Infantil y Educación Primaria
Vie, 22/10/2021 - 10:00

Juegos de madera de colores apilados unos sobre otros

Juego de construcción en colores rojo y azul

Serie: 'Educación en la Era Digital' (LXXXVII)

En la actualidad nos encontramos en lo que denominamos sociedad del conocimiento, la cual a su vez es consecuencia del entorno globalizado en el que se contextualiza nuestra sociedad. Todos los ámbitos sociales están interconectados en tiempo real y el acceso a los conocimientos científicos ya no es propiedad de unos pocos. En realidad, el conocimiento es accesible a todo el mundo a través de un 'clic', a través de Internet.

Esta situación ha provocado cambios en las aulas de las diferentes etapas educativas que conforman nuestros centros escolares debido, principalmente, a la enorme cantidad de conocimientos que se han ido añadiendo a los tradicionales contenidos escolares (Longás et al., 2008) y que, en muchas ocasiones, desbordan a docentes y centros educativos.

El aprendizaje por competencias

Para paliar esta situación, los procesos de enseñanza y aprendizaje comenzaron a encaminarse hacia la enseñanza por competencias (López y González, 2018). En este sentido, ya en 1996, el entonces presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, señalaba que el siglo XXI traería consigo una revolución en la generación y acceso a la información y conocimientos y que, por tanto, desde el ámbito educativo sería fundamental encaminarse hacia la promoción de la capacidad del estudiante de aprender a lo largo de la vida, es decir, del aprendizaje permanente. En definitiva, encaminarse hacia la competencia en aprender a aprender.

Ante esta perspectiva educativa, cabría preguntarse sobre cómo docentes y centros educativos de han ido adaptando a lo largo de estos años a la enseñanza por competencias. La respuesta se encuentra en el factor metodológico.

La metodología, como sabemos, trata de dar respuesta al ¿Cómo enseñar? De hecho, una de las máximas preocupaciones de las Ciencias de la Educación ha sido siempre la manera de plantear los contenidos a los alumnos para mejorar el binomio enseñanza-aprendizaje. De manera más concreta, la metodología se puede abordar como una serie sistematiza de actuaciones que se desarrollan en el contexto del aula y cuya finalidad es la de generar aprendizajes en el alumnado (Torrego, 2008). A su vez, la práctica metodológica implicará la implementación de métodos didácticos respecto a combinar técnicas y también actividades (Herrán, 2008). Todo ello, se contextualiza en las denominadas corrientes pedagógicas que se configuran a partir de ideas, opiniones o corrientes de pensamiento acerca de cómo entender los procesos educativos.

Desde esta perspectiva, ya desde los primeros pasos de nuestro sistema educativo a inicios del siglo XIX, las Administraciones educativas rara vez han determinado el tipo de metodología a emplear en las aulas. Sí es cierto, que la diferente normativa educativa ha tratado de ajustarse a las necesidades y tendencias de la sociedad correspondiente y por ello, en la actualidad, desde la legislación educativa se insta a profesores y centros a apostar por metodologías innovadoras, activas y participativas.

La metodología tradicional, predominante

A pesar de esta circunstancia, llama la atención como todavía hoy, casi consumido el primer cuarto del siglo XXI, la metodología predominante en nuestro país es la metodología tradicional, en la que el libro de texto se configura, no como un recurso, sino como en un método en sí mismo en el que el alumno es un simple receptor de contenidos y el maestro el transmisor. Es cierto que la apuesta por metodologías innovadoras es más común en etapas iniciales de la enseñanza, es decir, Educación Infantil y Primaria, sin embargo, conforme se avanza por etapas educativas superiores esas metodologías innovadoras se diluyen en los libros de texto y los apuntes interminables.

La Escuela Nueva

En cualquier caso, en contraposición a esa metodología tradicional que impera en nuestro sistema educativo, hay docentes y centros escolares que apuestan por proyectos educativos basados en metodologías activas y participativas. Metodologías que, en muchos casos e independientemente de las aportaciones innovadoras que realizan las TIC, tienen un origen en la denominada Escuela Nueva. Este movimiento pedagógico se originó finalizando el siglo XIX y se desarrolló hasta mediados del siglo XX en oposición al modelo tradicional, siendo John Dewey y su learning by doing uno de sus máximos exponentes. Dentro del ámbito de la Escuela Nueva encontramos a figuras como María Montessori, con su modelo pedagógico basado en la autoeducación y el carácter espontáneo en el que el uso de materiales autocorrectores se convierte en un aspecto básico. Asimismo, dentro de la corriente pedagógica de la Escuela Nueva, destaca también la metodología de Ovidio Decroly. Este pedagogo belga fundamentó su método de enseñanza en los llamados temas o centros de interés, con el que trata de captar la atención del niño a partir de globalidades como parte natural de interpretar la realidad por parte del niño. Por último, entre las figuras más relevantes vinculados a la Escuela Nueva encontramos a Rudolf Steiner, fundador de la metodología Waldorf basada en la experimentación, la vivencia y los trabajos manuales y en donde la música y en general, las prácticas artísticas, desempeñan un rol protagonista en el proceso educativo.

En definitiva, este tipo de metodologías surgidas en los primeros años del siglo XX están más de actualidad que nunca, hasta el punto de que en nuestra geografía se pueden encontrar centros docentes que hacen de estas metodologías su razón de existir y de educar. Son centros que apuestan por metodologías innovadoras que, a pesar de tener una trayectoria de casi un siglo, son perfectamente aplicables en la actualidad, ya que se adaptan perfectamente a las necesidades educativas de la sociedad del siglo XXI. Unas necesidades que, como decíamos al principio, pasan por la adquisición de competencias, entre ellas, la competencia en aprender a aprender, base del aprendizaje permanente y del éxito educativo.

Referencias

Herrán, A de la (2008). Metodología didáctica en la educación secundaria: una perspectiva desde la didáctica general. En A. de la Herrán y J. Paredes (Coords.). Didáctica General. La práctica de la enseñanza en la educación Infantil, Primaria y Secundaria, (pp. 134-149). Mc Graw Hill.

Longás, J., Civís, M., Riera, J., Fontanet, A., Longás, E., y Blanch, T. A. (2008). Escuela, educación y territorio. La organización en red local como estructura innovadora de atención a las necesidades socioeducativas de una comunidad.  Pedagogía Social. Revista Interuniversitaria, (15), 137-151.

López, E. y González, Á. L. (2018). Metodología didáctica y modelos pedagógicos en la enseñanza preuniversitaria de la Comunidad de Madrid. Comunitania: Revista Internacional de Trabajo Social y Ciencias Sociales, (16), 103-124.

Torrego, J. C. 2008. “El profesor como gestor del aula”. Pp. 197-214 en Didáctica general. La práctica de la enseñanza en educación Infantil, Primaria y Secundaria, editado por A. de la Herrán y J. Paredes. Madrid: Mc Graw Hill.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-5222

Añadir nuevo comentario

La Universidad Isabel I tratará la información que nos facilite con el fin de publicar su comentario como respuesta a esta entrada de su blog. Más información sobre este tratamiento y sus derechos en nuestra política de privacidad.