Cayetano Medina Molina Profesor del Grado en ADE de la Universidad Isabel I
Mié, 19/05/2021 - 11:30

Startup, infografía con las palabras y varios dibujos alrededor de las letras

Serie: 'A Global Outlook for Project Managers' (III)

Si pensamos en los términos más empleados al referirnos a la actividad profesional en nuestros días, y cabe esperar que refuercen su posición en los próximos años, posiblemente entre ellos se encuentren emprendimiento y startup. De hecho, al referirnos a las startups, las dos percepciones más generalizadas en Europa, de acuerdo con el EU Startup Monitor, son la relevancia que presentan para el crecimiento económico así como su habilidad para desarrollar ideas, productos y servicios innovadores (Steigertahl y Mauer, 2019). Dicha situación se desarrolla en el entorno generado a partir de la Cuarta Revolución Industrial y la transformación acaecida en la gestión de las empresas a través de la introducción de las tecnologías digitales o dotar de nuevos usos a aquellas que ya existían con anterioridad, el denominado emprendimiento digital, un pilar esencial del crecimiento económico, creación de empleo e innovación (Calvo et al., 2020, 20).

No obstante, dichas startups, como cualquier otra empresa, se enfrentan a retos. En el caso de las startups, entre sus principales retos se encuentran el logro de liquidez (72,3%) y el incremento de capital (37,8%). De hecho, sus tres principales vías más habituales de financiación son los ahorros (77.8%), business angels (29%) o capital riesgo (26,3%) (Steigertahl y Mauer, 2019).

Pero la dificultad para atraer el interés de los inversores depende del 'estado' en el que se encuentren. De este modo, si nos valemos del Barómetro de emprendimiento en España, en 2018, el 60% de la financiación vía capital riesgo se concentraba en startups seed, estado en el que se encontraban sólo un 10.4% de las startup. Pero ¿qué significa encontrarse en el estado seed? Pues se trata de aquellas startup a las que se les proporciona financiación antes de que haya comenzado la producción/distribución en masa con el objetivo de completar la investigación, la definición del producto o el diseño del producto. Dicho de otro modo, en esta fase las startup se encuentran en la prueba de mercado y creación de prototipos (ONTSI, 2019). Es decir, cuanto más rápidamente una startup alcance la etapa de prueba de mercado y creación de prototipos, mayores serán sus posibilidades de captación de financiación.

Y es en la confluencia entre la rapidez, y eficiencia, en el desarrollo de la prueba de mercados (o prototipos) con las startups donde emerge el lean startup como un método preeminente en el desarrollo de negocios y productos.

Dicha relevancia se deriva de que el problema de muchos de los proyectos emprendedores que fracasan es que crean un plan de negocio, consiguen financiación, desarrollan el producto y, sólo después de crearlo y lanzarlo, obtienen la retroalimentación de los clientes (Llamas y Fernández, 2018). Ante dicha situación lean startup propone un camino más corto, y eficiente, que la metodología tradicional del plan de negocio, reduciendo las posibilidades de fracaso. Por ello, en lugar de hacer planes complejos basados en muchas asunciones, se realizan ajustes constantes apoyados en ciclos de feedback (Villalobos et al., 2018).

La metodología lean startup, persigue reducir el tiempo y el coste vinculado al desarrollo de un negocio, a través de un proceso que consiste en transformar las ideas en productos, medir la reacción de los clientes frente a éstos y aprender si perseverar o pivotar la idea de negocio. Todo ello bajo la premisa de que lo más importante es actuar con rapidez, para lo que trata todas las ideas como supuestos o hipótesis que deben ser validadas a través de rápidos experimentos en el mercado. La base del lean startup se encuentra en crear el producto que el cliente necesita y por el que está dispuesto a pagar, empleando la cantidad mínima de recursos (Llamas y Fernández, 2018; Villalobos et al., 2018).

Para ello, lean startup se centra en tres pasos que se deben recorrer en el menor tiempo posible y con la mínima inversión (Llamas y Fernández, 2018): (1) construir, creando un Producto Mínimo Viable (PMV), versión con las funcionalidades mínimas que permitan recoger la máxima cantidad de aprendizaje validado acerca de los clientes; (2) medir cómo responden los consumidores para tomar decisiones apropiadas; y, (3) aprender, en relación a si resulta viable el negocio, perseverar, o pivotar, es decir, reajustar sustancialmente las ideas que no están funcionando. La metodología lean startup propone que el emprendedor valide sus hipótesis y suposiciones a partir del PMV, 'la versión de un nuevo producto que permite a un equipo recoger la máxima cantidad de aprendizaje validado, acerca de sus clientes, con el mínimo esfuerzo' (Llamas y Fernández, 2018; Ries, 2009, p. 91).

Es decir, ante un escenario en el que previsiblemente se sigan reduciendo los plazos disponibles para el lanzamiento de nuevos bienes y servicios, así como se siga complicando el acceso a la financiación, lo mejor que podamos recomendar es aquello de 'por favor, ¡rápido, lean!'

 

Referencias

Calvo, J.L., Sánchez, C. & García, R. (2020). Emprendimeinto digital y desarrollo local ¿Es posible el emprendimiento digital en la España vaciada? Economía Industrial, 417, 11-22.

Llamas, F.J. y Fernández, J. C. (2018). La metodología Lean Startup: desarrollo y aplicación para el emprendimiento. Revista EAN, 84, 79-95.

Ontsi (2019). Barómetro de emprendimiento en España Diciembre 2019.

Ries, E. (2009). Minimum Viable Product: A guide.

Steigertahl, L. & Mauer, R. (2019). EU Startup Monitor 2018 Report. European Comission.

Villalobos, G., Vargas, M., Rodriguez, J., y Aaya-Castillo, L.A. (2018). Lean start-up as a strategy for the development and management of dynamic entrepreneurships. Dimensión Empresarial, 16(2), 193-208.

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2697-2077

Burgos, España

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