Diego Piay Augusto Docente del Grado en Educación Primaria y el Máster en Formación del Profesorado
Vie, 18/02/2022 - 09:00

Panteón de Agripa, imagen de uno de los techos con columnas

Imagen de parte de la columnata de entrada al Panteón de Agripa (Roma). Fuente: Pixabay.

Serie: 'Educación en la era digital' (CIV)

El docente que debe impartir docencia de Historia al alumnado de Primaria, se encuentra ante niños y niñas que no tienen, todavía, un sentido del pasado totalmente formado. Al mismo tiempo, la curiosidad está muy presente en sus vidas, debido a todo el aporte de información que reciben a diario, pero también al paisaje histórico que les circunda. En este contexto es fundamental encontrar las estrategias adecuadas para que las escuelas puedan enfrentarse a la didáctica de la historia de la mejor manera posible, garantizando que el alumnado reciba una enseñanza de calidad, basada en contenidos rigurosos transmitidos con metodologías docentes que hagan del aprendizaje un proceso atractivo y llevadero.

La historia es un «bien común» que debe protegerse y fomentarse, pero es preciso que su enseñanza se lleve a cabo con metodologías que favorezcan su aprendizaje. En este sentido, es lícito centrar la atención en los más jóvenes, como también lo es propiciar una formación del equipo docente en materia histórica, pues es el mejor modo de asegurar una enseñanza en dicha disciplina rigurosa y fiable. El riesgo de no hacerlo es que se pierda la esencia del conocimiento histórico, de su método, y de sus resultados, y que la materia acabe por convertirse en una serie de datos y fechas que el alumnado no comprende, provocando la pérdida absoluta de su interés.

No se trata de cantidad, sino de calidad; no se trata de ofrecer contenidos extenuantes, sino de ejercitar y motivar la comprensión de los fenómenos del pasado. Y para fomentar dicha compresión, que mejor modo que habituar a los estudiantes a relacionarse con las fuentes primarias y su análisis, inspirando sus propias competencias. Una enseñanza eficaz de la historia no puede garantizarse con una serie de contenidos sobre los sucesos y protagonistas del pasado; lo importante es promover la capacidad de reconstruir la imagen del pasado, y lograr la comprensión de las conexiones que lo unen al presente.

La cuestión de la enseñanza de la historia en la educación primaria reviste una importancia y una seriedad mayor a la imaginable. Lo cierto es que, si el alumnado más precoz no crece en el amor por el pasado y en el valor de la historia, difícilmente podrá lograrse la formación adecuada de los ciudadanos, explotando el componente cívico que el estudio de la historia aporta. De hecho, la formación en historia en la educación primaria debe velar, no solo por la transmisión de las competencias necesarias a los ciudadanos del futuro, sino también por la creación de una serie de valores comunes compartidos por todos lo estudiantes. Es por ello fundamental que los contenidos impartidos sean creados por profesionales en la materia, y que el objetivo último sea estudiar el pasado de forma crítica y no como una storia evenemenziale o «historia de sucesos», a fin de desarrollar las competencias y capacidades del alumnado. Y para que el sistema funcione es preciso que los métodos y los criterios metodológicos expresados se apliquen al aprendizaje de la historia desde los momentos iniciales de la educación.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-5222

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