Internet, red de redesQuienes nos dedicamos a la educación (y especialmente quienes tenemos responsabilidad en la formación del profesorado) no podemos dejar de cuestionarnos la funcionalidad de los aprendizajes que pretendemos que se implementen en las aulas.

Siendo tajantes, podríamos decir que no tenemos ningún tipo de certidumbre sobre cómo será el mundo en el que vivirán los alumnos actuales, o sobre qué requisitos personales y profesionales deberán afrontar. Tal vez la única certeza de la que partimos es de que gran parte de los clichés y parámetros en los que se basa la escuela actual están destinados a desaparecer.

Necesitamos llevar a cabo una verdadera «convolución» educativa. En términos de la física de señales, convolucionar consiste en efectuar una traslación del sistema de coordenadas de una o varias funciones. Muchos de los procesos escolares tras los cuales nos parapetamos, nos enrocamos (la memoria a corto plazo y los exámenes que la evalúan, la obsesión por la caligrafía, por ejemplo), han dejado de ser capacitantes para los alumnos. Ocupamos el tiempo de clase ordenando a los alumnos cosas irrelevantes, rutinarias, iterativas, escasamente motivadoras, con una baja capacidad potencial de generación de huella cognitiva… En Finlandia (y este dato debería ser matizado más de lo que puedo en este artículo) se está prescindiendo de la caligrafía, mientras que Schleicher, ideólogo de la metodología del Informe PISA, indica que en España el freno para la mejora del sistema educativo es la deficiente gestión que se realiza en las escuelas de la memorización.

Insisto: realmente no sabemos gran cosa de los requisitos que se plantearán a los actuales alumnos. Desde 2012 hasta el presente, ninguna de las diez profesiones de alta cualificación más demandadas por los países de la OCDE existía como estudios universitarios.

Y, sin embargo, todos cuantos nos dedicamos a la tarea docente y la gestión educativa tenemos la obligación implícita de acarrear certidumbres, de realizar una visión prospectiva rigurosa que determine cuáles son las claves que realmente harán capacitativa y funcional la formación que brindemos a los discentes. Me atrevería a priorizar al menos seis ejes.

El primero es tal vez obvio, pero no se practica. A fuerza de ser enunciado, tal vez es una expresión que se ha desemantizado: apenas significa. Se trata de desarrollar en el alumno la capacidad de autoformación y reciclaje; ser capaz de aprender desde el desempeño, desde la propia resolución de tareas (y tarea es algo distinto de un simple ejercicio). Es así porque muchos de los actuales escenarios profesionales se caracterizan por la necesidad de ser eficientes en desempeños para los que se ha recibido una cualificación formal previa: médicos que operan con las Google Glass, que ven en tiempo real el resultado de una cirugía sobre un tumor hepático, etc. Imaginemos qué pensarían los profesores de estos cirujanos, o valoremos la distancia considerable que hay entre el marco en el que recibieron la formación y el desempeño real que han debido afrontar.

Preparamos a los alumnos para oficios hoy en día inexistentes, o para oficios tradicionales que van a experimentar cambios hoy en día no imaginables. La idea de una formación completa (universitaria, de formación profesional, etc.) que sirva al aprendiz para su desempeño profesional a lo largo de su vida es ya una realidad pretérita. Por tanto, debemos focalizar la enseñanza-aprendizaje en la capacidad del alumno de seguir produciendo sus aprendizajes, saber analizar las necesidades formativas, evaluar sus fortalezas y sus debilidades y necesidades, saberse conectar con nodos de difusión del conocimiento específico que precise -y saber validar la calidad de la información-. El PBL (problems based learning) o aprendizaje basado en problemas, y el CBL (challenge based learning), una de las fórmulas de aprendizaje-servicio, son dos metodologías acordes con este planteamiento.

La segunda clave sería la capacidad del alumno para afrontar verdaderos procesos y resolver verdaderas tareas. La realidad cada vez es más refractaria a ser explicada mediante interpretaciones simplistas (por ejemplo, asignaturas inconexas entre sí), mediante lección magistral y examen basado en la memoria a corto plazo de los mismos contenidos que han sido transmitidos. El sistema escolar debe permitir a los alumnos afrontar la complejidad que sí está presente en un proceso, en una tarea escolar a la que se pueda calificar como procesual. Sí es un proceso escolar una tarea en la que el alumno deba tomar decisiones (arriesgar), aprender por descubrimiento, afrontar escenarios de aprendizaje o resolución no previstos, comunicar eficientemente, trabajar cooperativamente, descubrir sus necesidades puntuales de aprendizaje para la resolución de una tarea, evaluar sus propuestas y la globosidad del proceso de resolución, sacar conclusiones realistas y replicarse para otros procesos similares, y, finalmente, relacionar lo aprendido con otros campos afines, dado que es una estrategia clave saber vincular los aprendizajes puntuales en otras estructuras más globales.

La tercera clave de un nuevo paradigma escolar sería fomentar en el alumno la capacidad de negociación semántica. Como señala Georges Siemens, no hay un verdadero aprendizaje allí donde no hay confrontación de ideas. Es en este punto de ignición donde se genera un conocimiento que ha sido adquirido de forma relevante, razonada, apreciando o descartando otros puntos de vista, otras posibilidades de resolución, otras sensibilidades… El conocimiento debatido tiene una peculiaridad respecto al asumido sin ser puesto en cuestión: tiene una mayor capacidad de ser replicado, de forma que lo aprendido en un caso concreto sirve para guiar otros muchos aprendizajes con un sustrato común.

Necesitamos adoptar esquemas de trabajo que permitan que los alumnos desarrollen la capacidad crítica, analizando de forma contrastada distintas fuentes de información y propuestas de resolución, comparando las mismas con sus conocimientos y sus estrategias para resolver un problema.

La cuarta clave sería el fomento de la capacidad de resiliencia y de una nueva actitud respecto al aprendizaje. La resiliencia y la autorregulación de los aprendizajes («aprendizaje autoorganizado», en el que el alumno tiene una posición proactiva en su aprendizaje, toma decisiones –tomar decisiones sobre qué y cómo quiero aprender es ya un acto de aprendizaje-) son condiciones sine qua non de un aprendizaje capaz de abordar una formación de alta exigencia. El discente deberá, por ejemplo, saber hacer (y hacerse…) preguntas válidas, no conformarse con la primera explicación, intentar integrar información anterior en el nuevo esquema cognitivo, buscar las debilidades de una explicación…

La penúltima clave es la cualificación en la gestión de la información. Cada hora se publica en Internet más información que la que un sujeto tardaría 10.000 años en leer, dedicando las 24 horas del día. Según la Sociedad Americana de Entrenamiento y Documentación, la mitad de la información actualmente válida se ha gestado en los últimos diez años. En este contexto, determinar la fiabilidad o actualidad de la información, saberla transformar y comunicar, resulta una habilidad crítica. No menos lo es saber afrontar los peligros de la sociedad de la información: «diabetes informativa» (exceso de información que no se puede transformar en «glucosa», en conocimiento, en algo «metabolizable»), «toxoinformación», banalización de la comunicación en Internet, tecnonarcisismo y dependencia tecnológica…

Por último, resulta crucial el desarrollo de la iniciativa y la habilidad para la innovación, el «talentismo», la búsqueda de la singularidad y la excelencia. La globalización, la necesidad de competir en un mercado que no conoce límites, impone la necesidad tomar iniciativas asumiendo de forma controlada posibles riesgos y calculando su viabilidad, así como proponer soluciones creativas y singulares, que mejoren a las ya consolidadas. No sirve, en resumen, ese esquema (que tiene cierto regusto de sector industrial maduro…) de aprender algo para luego replicarlo.

Comentarios

Es un artículo excelente, genial, con el que estoy totalmente de acuerdo. Muchos de los enfoques educativos actuales no tienen ningún sentido

Un artículo magnífico, de lo más interesante que he podido leer en educación. Coincido totalmente con el planteamiento. ¡¡Gracias por compartir una argumentación tan contundente!!

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