Actitud emprendedora y emprendimiento

Muchas empresas demandan a la universidad una formación más práctica, en la que también se entrenen habilidades como el trabajo en equipo, la comunicación, el liderazgo, la creatividad o conocimientos financieros y de marketing que permitan que todos los empleados puedan participar en la mejora de la calidad de procesos, productos y servicios. Las cualidades propias que se piden a un emprendedor son muy similares a esas que demandan los empresarios. Por eso la actitud emprendedora es útil tanto para aquellos que deseen crear su propia empresa, como para los que presten sus servicios por cuenta ajena. Debemos fomentar el emprendimiento como actitud profesional.

Tener actitud emprendedora, ya sea trabajando por cuenta propia o por cuenta ajena significa conocer las técnicas de creación y búsqueda de ideas, saber seleccionar las mejores ideas y por último saber implementarlas.

La selección y el desarrollo requerirán conocimientos de fundamentos del marketing: estrategia, posicionamiento, segmentación, análisis de producto y servicio, fijación de precios, estrategias de comunicación, técnicas de distribución, etc. Por su parte, la creación del plan de negocio y la medición de resultados requerirán conocimientos sobre contabilidad y análisis financiero.

Trabajar desde la idea para llegar al proyecto requiere poner en práctica conocimientos sobre creatividad, creación de empresas, marketing, contabilidad y gestión; que serán útiles para tu ejercicio profesional en cualquier ámbito; muy especialmente si lo haces como autónomo, pero también si tu ejercicio profesional lo haces por cuenta ajena.

Tradicionalmente, la aspiración más habitual de los estudiantes universitarios ha sido la de conseguir una plaza de funcionario que le proporcionase seguridad laboral a lo largo de su vida activa. Otros muchos aspiraban a conseguir un buen puesto en una empresa en la que poder desarrollar su carrera profesional, a ser posible hasta la jubilación.

Son aspiraciones legítimas que aún siguen siendo mayoritarias, pero que no pueden ocultar una realidad cada vez más evidente: el mundo ha dejado de ser un espacio en el que las cosas cambian de manera lenta o progresiva, para moverse a velocidad de vértigo. Tal y como describe Zygmunt Bauman (2005) en su constructo de la sociedad líquida, no hay tiempo para que nada sea sólido, y arraigue.

Schumpeter, uno de los más grandes economistas de todos los tiempos describió la “destrucción creativa” como el proceso necesario para que lo nuevo  de cada tiempo sustituyese a aquello que se había quedado obsoleto, y así se garantizase la posibilidad de que se generase verdadero valor añadido con el uso de los medios de producción a nuestro alcance. Es el primer economista que habla de la innovación como verdadero motor económico.

También lo hizo Alfred Marshall, al citar como factor de producción a la organización industrial, lo que hoy llamaríamos los emprendedores (Ortega, 2016). Lo hizo allá por 1890 en sus famosos Principios de Economía, que sentaron entre otras bases, las del marginalismo económico, que facilitó el estudio de los agentes como entes que tomaban decisiones de producción y de consumo. En definitiva, el estudio con nuevas herramientas de análisis de los agentes económicos, lo que con el paso del tiempo vino a llamarse microeconomía.

A los tradicionales factores de producción: tierra, capital y trabajo, se unía, por lo tanto, el emprendimiento. Incluso hay un quinto factor que añaden algunos autores como Berumen (2015). Se trata del comercio (logística), un factor que conecta al productor con el consumidor, y que determina la localización de las infraestructuras productivas (capital).

En definitiva: el engranaje que mueve a la producción de valor añadido (productos y servicios) es movido por el emprendimiento y favorecido por la logística y el comercio.

Emprendimiento, logistica y factores de produccion

La deslocalización de las grandes industrias, ha sido de hecho, uno de los grandes cambios que han vivido los países más desarrollados. España, ha visto como su sector industrial decrecía, provocando, no pocas veces situaciones de conflicto, ante la dificultad de que se reactivasen nuevas formas de generar valor y crear empleo.

El siglo XXI no es el primer periodo de la historia en el que se producen grandes trasformaciones, pero sí que es quizás el periodo en el que más rápidamente se están produciendo, ampliadas por la caja de resonancia de las redes sociales.

Los jóvenes que ahora comienzan sus estudios universitarios parten con la ventaja de formar parte de la primera generación que ha crecido en un entorno que se digitalizaba. Prensky (2001) los llamó los “nativos digitales”.

Existen muchas referencias al emprendimiento tanto en libros, blogs, plataformas o suplementos de periódicos. No obstante, en este período de transformación digital la información es tan abundante, que voy a permitirme recomendar dos publicaciones que pueden ser de mucho interés para aquellos que queráis completar la información contenida en este libro. Espero provocar el suficiente interés para que así sea:

  • El libro: “Emprender con éxito. 10 claves para generar modelos de negocio”  de SClibro, escrito por Pablo Adán (2014) es un excelente manual que reúne toda la información de interés en este campo.
  • Mi segunda recomendación es que visitéis la página web del proyecto Global Entrepreneurship Monitor (GEM), del que hablaré detenidamente más adelante, y que destaco por su exhaustividad y por ser un proyecto transnacional que nos permite observar el proceso del emprendimiento desde diferentes perspectivas culturas, económicas y sociales.

La universidad y su compromiso con la sociedad

La misión de la universidad de Ortega y Gasset (1930) es uno de los libros más citados cuando se hace referencia a los objetivos que tiene la universidad. La tesis fundamental del libro es fijar las tres misiones que debe tener toda universidad:

  1. Enseñar una profesión.
  2. Preparar investigadores.
  3. Formar hombres cultos.

La universidad debe ayudar a los jóvenes a comprender mejor el mundo en el que viven y prepararles para que sirvan a la sociedad, siendo uno de los mejores servicios el de saber generar valor añadido, ya sea en su trabajo por cuenta propia como por cuenta ajena. Esa capacidad de generar valor añadido es la principal característica del emprendedor.

La Universidad debe mostrar su compromiso con la formación y promoción de futuros emprendedores. Una necesidad que ya ha sido manifestada en diferentes instancias tanto educativas, como institucionales. Como muestra de ello adjuntamos un extracto de un informe del Ministerio de Industria (2008), en el que se apela a las universidades a convertirse en centros de impulso de la actividad emprendedora:

 “La Universidad, por su parte, debe de ir implantando enseñanzas de este tipo en todas las carreras, pues de cualquiera de ellas pueden surgir emprendedores, además de impulsar la spin off, como un modelo de gran importancia para la comercialización y adopción del capital de conocimiento e investigación que se fragua dentro de ella y que ha sido muy escasamente aprovechado hasta la fecha en comparación con su potencial”.

EN ESENCIA

Fomentar el emprendimiento no sólo será útil si se consigue ampliar el porcentaje de nuevas empresa, sino que lo será también por proporcionar a los jóvenes herramientas y actitudes que les serán muy útiles en su desempeño como trabajadores por cuenta ajena.

Además, conseguirá que el reconocimiento social de los emprendedores crezca y se convierta en una aspiración. En España, el concepto que se tiene del emprendimiento y de los empresarios en general, dista mucho de ser ideal.

La clave por lo tanto es fomentar una actitud y convertirla en una referencia.

 

Referencias:

Adán, P. (2014). Emprender con éxito. 10 claves para generar modelos de negocio. Madrid: sclibro.

Bauman, Z. (2005). Vida líquida (Albino Santos Mosquera, Trans. 2006 española ed.). Barcelona: Paidós.

Berumen, S. A. (Ed.). (2015). Lecciones de economía para no economistas (2ª ed.). Madrid: ESIC.

Informe GEM España. (2019). Informe GEM España, from http://www.gem-spain.com/

Ministerio de Industria. (2008). La influencia de la educación específica en la actividad emprendedora española y en sus expectativas de crecimiento   Retrieved from http://antigua.gem-spain.com/Mis%20archivos/Informes%20Especiales/INFORME_ACEIII_2008.pdf

Ortega, I. (2016). El legado para los emprendedores, from http://www.inakiortega.com/2016/03/el-legado-para-los-emprendedores.html

Ortega y Gasset, J. (1930). La misión de la universidad. Madrid: Alianza Editorial.Padilla Obregón, F. (2002).

Prensky, M. (2001). Digital Natives, Digital Immigrants Part 1. On the Horizon, 9(5), 1-6.

 

Entrada publicada el 13/03/2019

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398

 

Comentarios

Buenas tardes, a tod@s.
Comparto con Benito que la actitud emprendedora significa: "conocer las técnicas de creación y búsqueda de ideas, saber seleccionar las mejores ideas y por último saber implementarlas".
Personalmente, considero que en un mercado tan competitivo como el actual, dicha actitud resulta fundamental no solo para encontrar trabajo sino para relacionarse.
Gracias, por compartir esta entrada en el blog, la misma nos invita a la reflexión sobre la importancia de fomentar una actitud y convertirla en una referencia.
¡Un saludo a tod@s!

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