Facultad de Ciencias de la Salud Universidad Isabel I
Vie, 30/01/2026 - 10:00

Niña jugando con bloques infantilesNiña jugando con bloques infantiles.

La neuropsicología infantil es una disciplina fundamental para comprender cómo se desarrolla el cerebro en la infancia y cómo los procesos neurológicos influyen en la conducta, las emociones, el aprendizaje y la comunicación. Su enfoque permite analizar el desarrollo cognitivo y emocional de los niños, así como identificar factores que pueden incidir en su desempeño escolar y social, con el objetivo de diseñar estrategias educativas y de estimulaciones adaptadas a sus necesidades.

Desde esta perspectiva, la neurociencia aplicada a la educación y la logopedia aportan herramientas clave para comprender el desarrollo infantil y favorecer intervenciones tempranas en contextos educativos, familiares y socioeducativos, siempre dentro de las competencias profesionales establecidas.

En este artículo, exploraremos cómo funciona el cerebro de los niños en las distintas etapas de la infancia y cómo la neuropsicología infantil permite detectar y tratar diversos trastornos del neurodesarrollo y dificultades del desarrollo neurológico tanto en el ámbito de la neurociencia como en la logopedia. Con esta formación se pueden identificar factores que pueden influir en el aprendizaje y la comunicación y aplicar estrategias educativas y de estimulación adaptadas.

¿Cómo funciona el cerebro en los niños?

El cerebro infantil se caracteriza por una gran plasticidad neuronal, lo que significa que tiene una elevada capacidad para reorganizarse en función de los estímulos del entorno y de las experiencias tempranas. Este desarrollo no es homogéneo, sino que sigue una secuencia evolutiva con distintas etapas clave.

Etapa prenatal (0-9 meses)

Durante el periodo prenatal se produce la proliferación neuronal y la diferenciación de las células nerviosas, así como la formación de sinapsis y el establecimiento de los primeros circuitos neuronales. En esta fase se sientan las bases de funciones como la percepción sensorial y las primeras formas de atención rudimentaria.

Infancia temprana (0-3 años)

Entre el nacimiento y los tres años, el cerebro experimenta un crecimiento notable en volumen y complejidad. Es una etapa crítica para la consolidación de redes neuronales que sustentan el desarrollo motor, cognitivo y lingüístico, así como la interacción con el entorno y las figuras de referencia.

Niñez media (3-6 años)

En esta etapa se desarrollan habilidades cognitivas más complejas, como la memoria de trabajo, la planificación inicial y el razonamiento básico, además de un uso más elaborado del lenguaje y la interacción social. La corteza prefrontal inicia un proceso de maduración que continuará durante años.

Niñez tardía (6-12 años)

Durante este periodo continúa la mielinización y el refinamiento sináptico, lo que mejora la eficiencia de los procesos cognitivos. Se fortalecen funciones ejecutivas como la organización, la planificación y el autocontrol, aunque la corteza prefrontal todavía no está completamente desarrollada.

Adolescencia (12-18 años)

La adolescencia implica cambios profundos a nivel cerebral, especialmente en la corteza prefrontal y en el sistema límbico. Esta asincronía madurativa ayuda a explicar comportamientos impulsivos y una mayor intensidad emocional, al tiempo que se consolidan progresivamente las funciones ejecutivas.

¿Cuándo se detectan los trastornos neurológicos en niños?

El diagnóstico temprano de trastornos neurológicos infantiles como el TDAH, el autismo y las dificultades de aprendizaje es esencial para intervenir lo antes posible y ofrecer una mejor calidad de vida al niño. Estos trastornos pueden ser detectados cuando los padres, profesores o médicos observan que un niño no está alcanzando los hitos de desarrollo esperados para su edad. Las señales de alerta definen necesidades educativas específicas para implementar en ellos estrategias de apoyo y estimulación adecuadas.

Alteraciones del neurodesarrollo y señales de alerta

En algunos casos, el desarrollo cerebral puede presentar alteraciones del neurodesarrollo que influyen en el aprendizaje, la atención, la conducta o la comunicación. Desde un enfoque educativo y neuroeducativo, no se trata de realizar diagnósticos clínicos, sino de identificar señales de alerta que indiquen la necesidad de apoyos específicos.

Estas señales pueden ser observadas por familias, docentes u otros profesionales cuando el niño presenta dificultades persistentes para seguir el ritmo de aprendizaje, comunicarse eficazmente o regular su conducta en relación con su edad evolutiva. Los profesionales formados en neuroeducación y logopedia pueden detectar indicadores de dificultades de aprendizaje y aplicar estrategias educativas o de estimulación adaptadas a las necesidades de cada niño.

Dificultades frecuentes en el ámbito educativo y comunicativo

Dificultades de atención y autorregulación

Algunos niños muestran dificultades para mantener la atención, regular la actividad motora o controlar impulsos. Desde la neuroeducación, se pueden aplicar estrategias pedagógicas y organizativas que favorezcan la concentración, la estructuración de tareas y la autorregulación.

Dificultades en la comunicación e interacción social

Existen niños que presentan retos en el uso del lenguaje, la comprensión de normas sociales o la interacción con iguales. Los enfoques educativos y logopédicos permiten diseñar programas de estimulación comunicativa y social, basados en principios de neurociencia y aprendizaje.

Dificultades de aprendizaje

Problemas en la lectura, la escritura o el cálculo pueden indicar la presencia de dificultades específicas de aprendizaje. Los profesionales formados en neurociencia educativa y logopedia pueden detectar indicadores tempranos y aplicar estrategias educativas adaptadas que faciliten el acceso al currículo.

Observación educativa y estrategias de intervención

Desde el ámbito educativo y logopédico, el trabajo se centra en:

  • Observación sistemática de los procesos de aprendizaje y comunicación.
  • Análisis del rendimiento académico y de la respuesta del alumno a diferentes metodologías.
  • Diseño de estrategias educativas, neuroeducativas y logopédicas ajustadas a las características del niño.
  • Colaboración con familias y equipos educativos para favorecer un entorno de apoyo coherente.

Las pruebas de rendimiento académico pueden utilizarse como herramientas educativas, siempre con un enfoque orientado a la mejora del aprendizaje y no al diagnóstico clínico.

Intervención educativa y logopédica

Las intervenciones se orientan a potenciar el desarrollo cognitivo, lingüístico y emocional mediante:

  • Metodologías activas y multisensoriales.
  • Adaptaciones metodológicas y organizativas.
  • Programas de estimulación del lenguaje y la comunicación.
  • Uso de recursos tecnológicos educativos y estrategias de apoyo individualizado.

La intervención logopédica se centra en favorecer la comunicación y el lenguaje, dentro de sus competencias profesionales, especialmente en contextos educativos, sanitarios y socioeducativos.

Especialización en desarrollo infantil

Si te interesa especializarte en el desarrollo infantil y contribuir al bienestar de los más pequeños, una buena opción es formarte en un Máster en Neurociencia y Educación. Estos programas permiten conocer técnicas actualizadas para evaluar y abordar trastornos como el TDAH, el autismo o las dificultades de aprendizaje, integrando los avances de la neurociencia con estrategias educativas basadas en la evidencia.

Para quienes sienten especial interés por el desarrollo del lenguaje y la comunicación, el Grado en Logopedia puede ser un complemento formativo clave. Esta titulación ofrece las bases necesarias para intervenir de forma eficaz en problemas como la dislexia, la tartamudez o los retrasos en la adquisición del habla, aspectos que requieren una intervención temprana y personalizada.

La neuropsicología infantil, por su parte, es una disciplina fundamental para comprender cómo se desarrolla el cerebro en la infancia y cómo determinadas alteraciones pueden influir en el comportamiento, el aprendizaje y la vida cotidiana de los niños. A través de una evaluación rigurosa y tratamientos especializados, es posible detectar y abordar trastornos como el TDAH, el autismo o las dificultades de aprendizaje con mayor precisión y eficacia.

Si te atrae este ámbito, formarte en áreas como la neurociencia educativa o la logopedia puede abrirte las puertas a una carrera centrada en mejorar el desarrollo cognitivo, emocional y comunicativo de la infancia.