Sergio Cañas Docente del Grado en Historia, Geografía e Historia del Arte
Mié, 16/06/2021 - 11:53

Papa pio ix

Serie: 'Haciendo Historia' (XLVII)

Tal día como hoy de hace 175 años Giovanni María Mastai Ferreti (Sinigaglia, 1792- Roma, 1878) era elegido Sumo Pontífice de la Iglesia católica. A cuyo frente se puso bajo el nombre de Pío IX. Se trata de un papa que ha pasado a la historia por ser quien lidió con el periodo revolucionario, y por ende convulso, vivido en Italia con motivo de su proceso de unificación y la creación del reino y de la nación italiana (1848-1870). Un nuevo estado europeo creado al calor de las ideas liberales oficialmente en 1861. Y que para nacer terminó con todas las monarquías absolutas de la península itálica, incluyendo el dominio temporal y político que el papado había disfrutado en los Estados Pontificios desde el Medievo. Hasta concluir con la propia toma de Roma, a la sazón la capital histórica del poder temporal de la Iglesia católica, que se fijó por motivos históricos y administrativos también como la capital de Italia.

Tiara Pio IX

Imagen 1. Tiara papal de Pío IX. Fuente: aciprensa.com.

Otros autores han destacado diversos hechos sobre su pontificado que es importante tener en cuenta. Por ejemplo que su pontificado fue el segundo más largo de la historia de la Iglesia, superando los 31 años de ejercicio, solo superado en principio por el mismo San Pedro, el primer obispo de Roma según la tradición católica, cuya datación histórica es difícil de determinar y establecer con un procedimiento historiográfico. Lo que unido a su papel religioso ha llevado a algunos investigadores como Orellana a denominarle como el “papa de la cruz” por “su largo y fecundo pontificado”. Pues al margen de su actividad política proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de la virgen María, declaró a san José como patrón de la Iglesia universal y preservó la unidad eclesial frente a las amenazas internas y externas. Si bien lo que nos interesa en este texto es fijarnos en su papel político en el contexto histórico de la Unificación de Italia y conocer más de cerca la ideología de este pontífice. Pues partimos de la hipótesis de que evolucionó a medida que se fue fraguando la propia revolución italiana. Y porque queremos saber por qué autores como Bernardelli lo considera como el último papa-rey de Roma y, junto a otros autores, lo han presentado como un icono histórico en la defensa del Antiguo Régimen y del campo reaccionario. Mientras que otros, como hizo Wagner hace dos décadas, piensan que fue precisamente su actitud política abierta de los inicios de su reinado y pontificado los que le llevaron a un callejón sin salida para mantener el trono de Roma, y explica así la crisis de su pontificado. Dos conclusiones complementarias, a nuestro juicio, si revisando los principales acontecimientos políticos de su vida.

Pintura Pio IX

Imagen 2. Pintura de Pío IX poco después de ser elegido papa. Fuente: Wikipedia.org.

Lo primero que resalta de su biografía es su pertenencia a una familia aristócrata italiana de la que fue el noveno hijo. En principio, por influencia paterna, estuvo destinado a servir en la Guardia Noble del papa, pero no fue admitido por un accidente que le causó epilepsia. Razón por la que, guiado por su madre, terminó eligiendo la carrera eclesial. Ya desde joven conoció de cerca los disturbios políticos que tuvieron a Roma como escenario, pues en 1809 acudió allí para estudiar Filosofía y Teología y en 1810 abandonó la ciudad por causa de las guerras napoleónicas. Inferimos que tuvo que ser necesariamente después de que Napoleón, el emperador de Francia, añadiera Roma a su dominio tras apresar a Pío VII y nombrase a la ciudad eterna como la segunda capital de su Imperio. Lo cierto es que el joven Mastai solo regresaría a Roma en 1814 para retomar sus estudios toda vez un debilitado Napoleón restituyó los Estados Pontificios y devolvió el poder temporal al papa. Finalmente fue ordenado sacerdote en 1819.

Escultura Pio IX

Imagen 3. Escultura de Pío IX en Santa Maria Magliore. Fuente: zenit.org.  

Posteriormente fue designado director de un orfanato y auditor del delegado apostólico en Chile y en Perú. Más tarde se le nombró canónigo de Santa María en Via Lata, director del gran hospital de San Michele y finalmente arzobispo de Spoleto. Dignidad eclesial para la que lo nombró el papa León XII. Y donde pudo demostrar su faceta más política. Pues en 1831 medió para que unos 4.000 revolucionarios, desertores del ejército austriaco que amenazaron con ocupar Spoleto, depusieran las armas y no fueran castigados por las autoridades de Austria. Imperio católico cuya monarquía absolutista gobernaba entonces, directa o indirectamente, buena parte del norte de Italia: los ducados de Parma, Toscana y Módena y el reino Lombardo-Véneto. Fue entonces cuando comenzó a ser un personaje muy popular entre los fieles católicos y también entre algunos revolucionarios italianos. Llegando a crearse una fama de liberal, asentada por la historiografía sobre este periodo histórico, que a la postre fue crucial para ser elegido papa en 1846. Pues era el candidato de la facción liberal de la Santa Sede, defensora de aplicar un programa moderado de reformas en los Estados de la Iglesia. Hasta el punto de que los neoguelfos (corriente monárquica, liberal, moderada y católica, partidaria de una federación italiana encabezada por el papa) pensaron que Pío IX favorecía la unidad italiana. Algunas crónicas de la época, recogidas por Bernardelli, informan de que su disposición a crear la Consulta de Estado como órgano político representativo para los Estados Pontificios, originó una procesión nocturna y voluntaria de miles de romanos en 1847. Que concluyó en la plaza del Quirinal (residencia del papa en esta época) donde Pío IX salió a la ventana para saludar a la multitud congregada.

Pio IX bendice

Imagen 4. Pío IX bendice desde un balcón a la multitud. Fuente: Wikipedia.org

En ese sentido la actitud política inicial de Pío IX se distanciaba de la que mantuvieron Gregorio XVI y el cardenal Lambruschini, su secretario de Estado, totalmente contrarios a las ideas revolucionarias que pedían más libertad política y la reunión de la nación Italia en un solo Estado. Primero porque un mes después de su nombramiento como Sumo Pontífice, promulgó una amnistía general para todos los encausados por motivos políticos. Es decir, repitió con los revolucionarios italianos una vía diplomática frente a los problemas políticos de su momento, que tanto rédito político y popularidad le habían dado anteriormente. Hasta el punto de que los sectores reaccionarios italianos comenzaron a temer que se hubiera producido una hipotética alianza entre Pío IX, la masonería y los carbonarios (sociedad secreta partidaria de establecer un gobierno constitucional unitario en Italia). Si bien la idea era descabellada desde el punto de vista histórico: el papa solo había anunciado su voluntad de establecer un consejo de asesores laicos representativo, una guardia civil y un gabinete. Algo novedoso para las ideas conservadoras pero que no cabe interpretar como un programa revolucionario radical.  

Fotografia Pio IX

Imagen 5. Fotografía de Pío IX en 1875. Fuente: lastampa.it.

Pero esas medidas no eran suficientes en 1848, Año de las Revoluciones o Primavera de los Pueblos. Porque las tesis revolucionarias demandaban entonces un gobierno constitucional, el predominio del gobierno civil y la declaración de guerra contra Austria para unificar el país. Y aunque las presiones populares consiguieron que Pío IX aceptasen las tesis políticas, se negó tajantemente a declarar la guerra contra una nación católica. Lo que enervó más los ánimos revolucionarios romanos que querían marchar a la batalla junto al reino del Piamonte-Cerdeña, el principal impulsor de la Unidad de Italia, llegando al extremo de asesinar al primer ministro Rossi, herir de bala a un prelado y detener a Pío IX hasta que prometiera un ministerio democrático. Una situación que, si nos fijamos detenidamente, era parcialmente análoga a la acontecida varias décadas antes con Pío VII y Napoleón. Pero que no era igual porque en 1848 era el propio pueblo italiano el que le demandaba ceder el poder terrenal de la Iglesia al cuerpo civil revolucionario. No obstante, gracias a la ayuda de la diplomacia bávara y francesa Pío IX escapó de Roma y se refugió en Gaeta. Y como los acontecimientos se precipitaban en este tipo de hechos que aceleran el curso de la Historia, en 1849 se declaró la República de Roma. Desde el exilio el papa pidió auxilio militar a todas las potencias católicas, siendo España la primera en hacerse eco del llamamiento y una de las que terminó enviando tropas junto al reino de Nápoles, Francia y Austria, para defender el poder temporal del papado. Circunstancia paradójica por cuanto España era desde hacía un decenio una nación constitucional bajo el reinado de Isabel II, que se explica por la necesidad que tenía el gobierno moderado de volver a ocupar un espacio en el plano internacional tras una cruenta guerra civil contra el legitimismo y de mejorar las relaciones políticas con la Santa Sede rotas anteriormente por la falta de entendimiento entre el gobierno progresista español y Roma, si bien el protagonismo militar de esa campaña lo tuvieron Francia y Austria. Logrando tras una corta guerra que en 1850 Pío IX fuera restituido con plenos poderes en Roma. Para entonces ya no aparecía como un papa liberal. Más bien, pensamos, era el adversario de esa doctrina como se demostraría a continuación.  

Pio IX tropas

Imagen 6. Pío IX bendice a las tropas españolas en Italia. Fuente: museodelprado.es.

La revolución italiana no se conformó con la derrota. Y tras nuevos levantamientos ocurridos en buena parte de la península itálica, donde el papel del famoso líder Garibaldi, empujando desde sur, la participación de la Francia de Napoleón III, y la tenacidad política del Piamonte del rey Victor Manuel II y de un político capaz como Cavour, fueron factores decisivos para materializarlos, finalmente en 1861 se logró crear el reino de Italia dirigido, en una senda liberal, por el rey Víctor Manuel II. Pero todavía Roma, a pesar de que el resto de los Estados Pontificios fueron integrándose en el reino de Italia, permanecía en manos del poder temporal de Pío IX. Quien a medida que triunfó la revolución italiana se enemistó más con ella y que en 1864 publicó el Syllabus errorum, un suplemento de la enclíclica Quanta Cura donde condenaba proposiciones censuradas por la Iglesia que derivaban en posturas modernas donde destacaban el socialismo, el comunismo y el liberalismo. Algunos autores consideran que no era una condena política sino teológica, en cambio otros defienden que se trató de condenar los errores modernos de esas doctrinas como causantes de los males del momento: revoluciones y guerras, división social, ateísmo y cientifismo…, en suma las consecuencias políticas y sociales del paso hacia la modernidad histórica representada entonces por el liberalismo que se venían difundido desde los tiempos de la Revolución francesa por parte del movimiento contrarrevolucionario. El siguiente paso que dio Pío IX fue convocar el Concilio Vaticano I (1869-1870) donde se promulgó el dogma de la infalibilidad papal. Por el cual con independencia de la ideología política de los creyentes, el papa era quien tenía autoridad para decidir sobre proposiciones religiosas. Y que es uno de los factores que, a nuestro juicio, responde a la idea de que fue un pontífice que aseguró la unidad religiosa del catolicismo. En 1870 Roma terminó siendo conquistada por el reino de Italia que se anexionó esa importante ciudad, tanto por su capital simbólico como porque terminaba de unificar la nación italiana. Y Pío IX se recluyó en el Vaticano considerándose un prisionero del reino italiano y negándose a aceptar la incorporación de Roma a Italia. Solo entonces se puso fin a la soberanía temporal y política de los papas que habían gobernado como reyes durante más de un milenio. Y el Antiguo Régimen era sustituido en toda Italia, pese al apoyo y complicidad de Pío IX con la contrarrevolución italiana, por el nuevo orden liberal.

Moneda Pio IX

Imagen 7. Moneda de una lira pontificia de plata acuñada en 1867 con la efigio de Pío IX. Fuente: numismaticabilbao.com

 

Bibliografía:

Bernardelli, G. (2012). Cuando Pío IX “anticipó” el discurso a la Luna de Rocalli. En La Stampa, 12 de octubre de 2012. Recuperado de: https://www.lastampa.it/vatican-insider/es/2012/10/12/news/cuando-pio-ix-anticipo-el-discurso-a-la-luna-de-roncalli-1.36368580.

Cañas Díez S. (2012). El catolicismo español frente a la Unificación de Italia. En E. Granito (coord.). Un popolo, uno Stato. Conquiste e problematiche dell´unificazione italiana vista da una provincia meridionale. Pléctica, pp. 189-222.

Cañas Díez, S. (2017). La fuera militar española en defensa de Pío IX (1848-1850). RUHM, 6. Recuperado de: https://ruhm.es/index.php/RUHM/article/view/348

Cárcel Ortí, V. (2000). Pío IX, pastor universal de la Iglesia. Edicep.

Orellana, I. (2017). Beato Pío IX-7 de febrero. 6 de febrero de 2017. Recuperado de: https://es.zenit.org/2017/02/06/beato-pio-ix-7-de-febrero-3/.

Wagner Sosa, F. (2000). Pío IX, el último soberano. Yalde.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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