Clara Miracle Belda Galbis Profesora del Máster en Formación del Profesorado
Mié, 18/08/2021 - 09:58

Serie: 'El reto del Profesor en Formación' (X).

Hace casi año y medio que nuestra vida, a nivel individual y colectivo, cambió; quizá en muchos aspectos para siempre. El coronavirus SARS-CoV-2 invadió todos nuestros espacios y nos hizo adaptarnos por obligación y a marchas forzadas a una nueva realidad que aún hoy sigue vigente y que tendrá seguro impacto en el futuro, a largo plazo, no necesariamente a peor.

En el ámbito concreto de la educación superior, salvo excepciones, el confinamiento estricto impuesto en España de marzo a junio de 2020 conllevó transitar sin previo aviso de la enseñanza presencial a la enseñanza en remoto, magnificando problemáticas preexistentes y planteando desafíos inéditos que la comunidad educativa tuvo que afrontar. Así, se apostó definitivamente por metodologías y herramientas ya sobre la mesa pero aún no explotadas al máximo de forma generalizada y se buscaron nuevas estrategias para salvar cualquier obstáculo que, con relación al contexto sociosanitario existente, se interpusiera —entonces y a partir de este momento, hasta la fecha— en el camino hacia la formación integral de los alumnos.

En el marco europeo y desde hace ya décadas, especialmente desde la Declaración de Bolonia, en junio de 1999, y con la subsiguiente puesta en marcha del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), en el entorno universitario se entiende que el estudiante es y debe ser el verdadero protagonista del propio proceso aprendizaje, guiado, apoyado y motivado por el cuerpo docente, que abandona las clases magistrales como metodología de enseñanza exclusiva, promoviendo no solo la acumulación de contenidos sino también la adquisición de competencias, según las características concretas del estudiantado, con evaluación continua y aprovechando las posibilidades que nos bridan hoy las nuevas tecnologías. En este contexto, la vertiente práctica de las ciencias o, dicho de otro modo, el aprendizaje activo basado en la experiencia que supone aplicar el método científico en el laboratorio o incluso fuera, adquiere aún más importancia de la ya históricamente adjudicada. En pandemia, sin embargo, ha sido necesario acomodarla a las medidas adoptadas para contener la expansión de la COVID-19, en paralelo al uso abruptamente profuso de programas y entornos virtuales con los que no todo el mundo estaba familiarizado. Y eso, además, considerando cuestiones del tipo cómo y cuándo el alumnado podría acceder a los materiales del curso y de qué forma podría fomentarse su participación.

Centrándonos en el área de la biología, buen ejemplo de ello se recoge en el trabajo de Morrison et al. (2021), con 3 actividades típicamente presenciales pero organizadas para su desarrollo a distancia, todas contemplando el trabajo en equipo y el uso de herramientas digitales, para la adquisición de competencias como el planteamiento de hipótesis y la comunicación efectiva de resultados. Entre estas, se incluye el estudio de la diversidad vegetal local, proponiendo que cada alumno reconozca 20 especies de plantas en su municipio y que junto con un compañero preparen una presentación en línea analizando, comparando y compartiendo con el resto de la clase sus listas y conclusiones, previamente revisadas por otros alumnos del grupo. Para ello, se contempla el uso de distintas aplicaciones informáticas gratuitas, en concreto: 1) Seek (https://www.inaturalist.org/pages/seek_app), para la identificación en tiempo real o diferida de plantas, animales y hongos a partir de fotografías —teniendo previstas también opciones para quienes no dispusieran de teléfono inteligente o no pudieran salir de su domicilio—; 2) Google Forms (http://forms.google.com/), para la revisión por pares y la evaluación de la actividad por parte de los docentes, y, finalmente, 3) Zoom (https://zoom.us/), para compartir y visionar las presentaciones pregrabadas.

Grosser y Hale (2021), por su parte, considerando los beneficios de trabajar en el aula literatura científica tratando temas de actualidad y con un impacto directo y claro en la realidad diaria de los discentes, comparten una actividad pensada para facilitar la discusión a distancia, aunque sincrónica, de un artículo científico. En particular, del manuscrito publicado por Beigel et al. (2020) evaluando la eficacia del remdesivir para el tratamiento de la COVID-19, de acceso abierto y acompañado de un vídeo resumen de apoyo, que, para estudiantes de un país de habla no inglesa facilita y refuerza el aprendizaje integrado de contenidos y de una lengua extranjera (en este caso, el inglés) en un contexto real.

Otra opción la ofrecen Estes et al. (2021), compartiendo 9 módulos para adquirir desde casa conceptos y habilidades propias del quehacer diario en cualquier laboratorio de microbiología, mediante kits económicos de material fungible preparados sin incluir muestras biológicas, eligiendo materiales y procedimientos sencillos que imitan la textura propia de los medios de cultivo, por ejemplo, y que permiten la obtención y análisis de resultados, entre otros, apoyados con manuales y material audiovisual.

Parece claro, pues, que existen muchas posibilidades y siempre es posible innovar. Es cuestión de implicarse y adaptarse al contexto, sea cual sea, aprovechando que hoy en día las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden ser de gran ayuda en tiempos de pandemia, pospandemia u otros, en todas las áreas y niveles del campo de la educación.

Seguro que podríamos compartir experiencias y recopilar y debatir un sinfín de iniciativas, seas o hayas sido estudiante, docente e investigador o no; ¿te animas?

¿Cómo enseñaste o aprendiste en tiempos de pandemia? ¿Se te ocurre o has puesto en práctica otras alternativas? ¿Recomendarías algún recurso específico?

¿Qué impacto crees que tendrá en el futuro de la educación todo lo que hemos vivido últimamente? ¿Consideras a las circunstancias motor de un cambio irreversible? ¿Acelerador de algo que estaba por llegar? ¿O ni una cosa ni la otra?

Porque compartir es vivir y el debate enriquece, si te apetece, no lo dudes: ¡comenta!

Referencias

Beigel, J. H., Tomashek, K. M., Dodd, L. E., Mehta, A. K., Zingman, B. S., Kalil, A. C., Hohmann, E., Chu, H. Y., Luetkemeyer, A., Kline, S., Lopez de Castilla, D., Finberg, R. W., Dierberg, K., Tapson, V., Hsieh, L., Patterson, T. F., Paredes, R., Sweeney, D. A., Short, W. R., Touloumi, G., Lye, D. C., Ohmagari, N., Oh, M., Ruiz-Palacios, G. M., Benfield, T., Fätkenheuer, G., Kortepeter, M. G., Atmar, R. L., Creech, C. B., Lundgren, J., Babiker, A. G., Pett, S., Neaton, J. D., Burgess, T. H., Bonnett, T., Green, M., Makowski, M., Osinusi, A., Nayak, S. y Lane, H. C. (2020). Remdesivir for the treatment of covid-19 — Final report. The New England Journal of Medicine, 383(19), 1813-1826. https://doi.org/10.1056/NEJMoa2007764

Estes, A., Jozwick, A. y Kerr, J. (2021). Teaching "Crafty microbiology": Safely teaching hands-on microbiology skills at home. Journal of Microbiology & Biology Education, 22(1). https://doi.org/10.1128/jmbe.v22i1.2345

Grosser, M. y Hale, R. (2021). Analysis of a COVID-19 clinical trial to emphasize experimental design and quantitative reasoning in an introductory biology course. Journal of Microbiology & Biology Education, 22(1). https://doi.org/10.1128/jmbe.v22i1.2389

Morrison, E. S., Naro-Maciel, E. y Bonney, K. M. (2021) Innovation in a time of crisis: Adapting active learning approaches for remote biology courses. Journal of Microbiology & Biology Education, 22(1). https://doi.org/10.1128/jmbe.v22i1.2341

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1859

Burgos, España

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