David Mota Zurdo Coordinador del Grado en Historia, Geografía e Historia del Arte
Lun, 14/03/2022 - 10:00

Prensa en guerra

Los periodistas en un conflicto bélico.

Serie: 'Haciendo Historia' (LXXII)

El pasado 24 de febrero despertamos de súbito de lo que durante muchos meses fue una mezcla entre un delirio onírico y una película postapocalíptica de lo más fatalista. La batalla contra la Covid-19, que se ha cobrado la vida de millones de personas en todo el mundo, nos sumergió a todos en un contexto asfixiante en el que la muerte acechaba a la vuelta de la esquina y la extinción de la humanidad parecía una lógica y próxima consecuencia. Después de miles de millones de mascarillas y de litros de gel hidroalcohólico, de confinamientos (y de su incumplimiento) y de un corolario de buenas intenciones entre las principales potencias mundiales y sus aliados (para atajar lo que empezó siendo una crisis sanitaria pero que acabó convirtiéndose en una crisis política y económica), pienso que tener en el horizonte, como algo real, que la extinción humana estaba próxima, no era tan mala idea. Porque, una vez alcanzadas las vacunas, donde hubo una carrera entre las potencias -y empresas/laboratorios/farmacéuticas- a contrarreloj para tratar de frenar la expansión o, al menos, la letalidad del virus, se evidenciaron notables cambios y enfrentamientos en el escenario político internacional, algunos ciertamente ya latentes desde hace décadas, entre ellos, las posturas de encono entre Rusia, Estados Unidos y sus respectivos aliados.

la tierra con mascarillas

El coronavirus ha llegado en dos años a todo el planeta. Hoy se cumplen dos años del inicio del confinamiento en España.

Así se reinició una escalada que había sido intermitente desde inicios del siglo XXI. La exacerbada polarización de posturas tuvo (y está teniendo) claras reminiscencias a la otrora política de bloques de Guerra Fría, quizá por ello ha unido a muchos países cuyas relaciones estaban en punto muerto y ha revitalizado instituciones supranacionales de política multilateral como la Unión Europea (UE) o la Organización de Naciones Unidas (ONU), que parecían estar en standby, observantes de lo que ocurría a nivel internacional. Ahora bien, no debe pecarse de optimismo. De las instituciones indicadas, la que más está reforzando su posición es la UE y, en buena manera, es así porque Ucrania actúa de estado tapón, de vierteaguas entre dos mundos que comparten continente y diferentes componentes culturales e intereses económicos (no se olvide aquello del mundo globalizado), y todo lo que sucede junto a este territorio a las puertas de los mares Negro y de Azov tiene consecuencias sobre los estados miembro de la UE.

No cabe duda de que en Ucrania se está produciendo una crisis humanitaria en toda regla, más si se atienden a los cerca de 4 millones de refugiados que según cifras de la ONU está dejando lo que la clase política denomina “guerra de Putin” o “la guerra de un sátrapa”. Las noticias son constantes: análisis sobre la figura de Putin, el papel de la resistencia de las fuerzas ucranianas comandadas por Zelensky, la apertura de los corredores humanitarios, el número de víctimas civiles, la aparición de suicidios de militares rusos presentes en el frente, las iniciativas sociales humanitarias, el ataque con misil a la central nuclear de Zaporiyia o el temor tanto a una guerra como a un desastre nuclear derivado de una operación militar contra ésta u otra central son sólo algunos ejemplos.

periodista en la guerra en Gaza

Periodista en la Guerra de Gaza.

Viendo en perspectiva las últimas dos semanas (del 24 de febrero al 10 de marzo) el panorama informativo ha cambiado por completo. La invasión rusa de Ucrania ha enterrado la pandemia, un tema que abría todos y cada uno de los telediarios del país. Las noticias sobre la falta de respiradores, sobre la presión hospitalaria, la falta de personal en el sistema sanitario o las secuelas de la enfermedad ya no abundan, son subsidiarias y tienen mucha menos importancia a nivel mediático. Con esto no quiero expresar que debiera volverse a lo de antes, para nada. Considero que haber convertido la Covid-19 en un anatema que monopoliza todos los ámbitos de nuestra cotidianidad no ha hecho más que generar hastío, desazón e incomodidad entre la mayoría, incluso incredulidad para quienes no han creído en la enfermedad o para quienes han pensado desde el inicio que la pandemia es un constructo político.

Lo que pretendo con esta breve reflexión es poner de manifiesto un hecho: la fortaleza de los medios de comunicación. Éstos fijan la atención por unos temas en detrimento de otros y establecen deliberadamente en las conciencias una parte de la multiplicidad de relatos y narrativas que siempre hay en una guerra, sea contra un virus o contra un ególatra con ínfulas de grandeza imperial. Para algunos la respuesta es evidente y para ello tiran del tópico periodístico de que la actualidad manda. Sin embargo, al hilo de lo señalado a nadie se le escapa la pertinencia de la tesis de la teoría de la agenda setting; es decir, cómo los mass media tienen la capacidad de incluir o excluir contenidos y convertirlos en noticia. Igualmente, cabe hacer un matiz. La invasión de Ucrania es y debe ser noticia: al final se ha atacado un Estado soberano, la casuística implica a muchos actores estatales y no estatales, y la oleada de refugiados en diferentes direcciones, pero todas hacia Europa, es una calamidad de la que la opinión pública debe ser consciente. Pero llama la atención que no haya una cobertura similar con las guerras de Afganistán, Camerún, Yemen, Palestina, Haití, Myanmar, Etiopía, Mozambique, y un largo etcétera, entre los que se incluye el proceso de radicalización islámica que se está produciendo en el Sahel y que se está cobrando miles de vidas.

La pregunta, pues, que surge de esta disparidad de criterios lleva a interrogarnos por el porqué. ¿Qué ha cambiado para que apenas se dedique tiempo ahora a la pandemia? ¿Por qué importa más el conflicto ucraniano que el de otras partes del mundo como las indicadas? ¿Hay algún tipo de interés de parte de los medios de comunicación públicos para que éstos se dediquen a bombardearnos sólo con “la noticia”, sea esta un virus letal o el ataque a un Estado soberano como el ucraniano? ¿Si realmente vivimos en un mundo globalizado porque no hay una traslación evidente en los medios de comunicación? Sinceramente, yo no tengo las respuestas a estas preguntas, sólo aproximaciones e ideas como ciudadano, no como académico. Pero sí que creo necesario reabrir el melón del debate sobre la disparidad informativa, asumiendo que quien suscribe este texto ni ha tenido la idea del millón ni ha descubierto el canto del ornitorrinco al tratar de plantearlo, porque ya otros lo hicieron antes y mejor.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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