Ilustración: Fernando Serra

Para encontrar el origen de esta expresión, que hoy en día utilizamos para posicionarnos a favor de alguien en un debate o situación conflictiva, os proponemos un bonito viaje a la Edad Media, tal vez a una céntrica plaza de una importante villa, abarrotada de gente expectante ante el duelo de caballeros que está a punto de tener lugar.

A lomos de un caballo, cubiertos casi por completos con aparatosas armaduras y provistos de una gran lanza, estos caballeros medievales solían arreglar sus diferencias mediante los llamados «combates judiciales». Los motivos que los llevaban a estos enfrentamientos eran muy diversos, desde la defensa del honor propio, o incluso del de amigos o familiares, hasta la consecución de un trofeo.

El duelo lo ganaba el caballero que conseguía romper la lanza de su adversario. De ahí que se comenzase a utilizar la expresión «romper una lanza», que –como tantas otras– ha conseguido mantenerse en el tiempo y llegar intacta hasta nuestros días.

Fuentes de consulta:

  • Pascual, G. S. (1999). Abecedario de dichos y frases hechas (Vol. 19). Edaf.

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