Hoy se celebra el Día Internacional del Corrector. No se trata de un homenaje al último cosmético de Maybelline para las ojeras (aunque la búsqueda de la palabra «corrector» dé este resultado con frecuencia) ni tampoco celebra la aparición de la herramienta de revisión ortográfica en los procesadores de textos de los ordenadores (que, según dicen, ‘identifica’ y disminuye los errores). Se trata, en realidad, de un reconocimiento a la labor de aquellos profesionales que se ocupan, en la sombra, de cuidar el uso de la lengua en los textos ajenos.

El motivo por el cual se ha escogido esta fecha es el natalicio de Geert Geertsen, más conocido en español como Erasmo de Rotterdam (1467-1536). Al parecer, no se sabe a ciencia cierta si el 27 de octubre fue la fecha exacta de su nacimiento, o bien el 26 o el 25, algo que en cierto sentido tiene mucho que ver con el oficio del corrector, pues la duda siempre está presente. En cualquier caso, la Fundación Litterae, institución argentina dedicada a difundir y promover el estudio de la lengua española, propuso en el año 2006 el 27 como día del corrector en honor a la figura de Erasmo, considerado el primer corrector de la historia.

Erasmo de Rotterdam, internacionalmente conocido por sus obras filosóficas y teológicas y por su propósito reformador, en un primer momento desempeñó, sin embargo, una labor no tan popular ni reconocida, la de corrector de textos. Su intención fue siempre la de buscar un estilo claro, simple y directo; de ahí que su ocupación en un inicio se centrase en la corrección y edición de, sobre todo, textos griegos, pasando años más tarde a convertirse él mismo en autor de obras que tendrían gran trascendencia. De esta manera, se preocupó primero de ejercitarse en el arte de la escritura y de cuidar el uso narrativo y estilístico del lenguaje, y lo hizo, de forma significativa, en los tiempos en los que la imprenta de tipos móviles estaba en sus primeros años de vida, época determinante para la difusión de la cultura.

Unos cuantos siglos después, esta tarea enmendadora aún es ejercida por una serie de profesionales, apasionados sobre todo de la lectura y la escritura; estos, aunque aún ‘víctimas’ de un cierto desconocimiento popular en lo que se refiere a su trabajo, cuentan con una presencia necesaria e indiscutible que se hace patente en diversos ámbitos profesionales y académicos. En España, la UniCo (Unión de Correctores), asociación que vela por el reconocimiento de los derechos de los correctores y cuyo propósito es fijar la atención sobre la figura de este profesional y exaltar su labor, organiza cada año una «cacería de erratas». Esta iniciativa, en la que se anima a correctores, amantes de la lengua o cualquiera que esté interesado en estas cuestiones a salir a las calles en busca de errores e informar a la asociación de estos, sirve para que numerosas empresas y entidades tomen conciencia de la necesidad del cuidado de la lengua. El resto del año, a través de la cómica figura de El Corrector Justiciero (ilustrada por Forges) y de su publicación Deleátur, además de jornadas, congresos y otra serie de iniciativas varias, la asociación sigue contribuyendo a este importante y necesario cometido.

©zapa y ©homodefectus: <http://www.homodefectus.com/2012/03/07/erratas/>

http://www.homodefectus.com/2012/03/07/erratas/

Se trata, pues, de un pequeño homenaje para aquellos incomprendidos, en constante ‘diacrisis’, que tienen pesadillas con las mayúsculas y cuyos ojos, enrojecidos por las horas delante del ordenador, hacen pensar que la noche anterior la fiesta duró más de lo debido (¡qué más quisieran!), pero que, aun así, disfrutan de un oficio en el fondo afortunado, pues permite, entre bambalinas, acceder al ensayo de la cultura y al privilegio de intervenir en su proceso (siempre con comedimiento, eso sí) para cuidar de que, una vez se apaguen las luces y se alce el ‘telón’, la ‘obra’ salga lo mejor posible.

Comentarios

¡¡¡ Que preciosidad de texto María !!! Me quedo con las últimas frases.

¡¡Felicidades en vuestro día !!!

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