Ya pudimos percibir que el curioso caso de los gentilicios cultos españoles es un vínculo real con el pasado, pero ¿cuándo se produjo la creación de estos gentilicios? Todo apunta al Renacimiento. Es difícil saberlo. Sin duda, esta creación es posterior al periodo árabe, ya que ciudades con un claro nombre árabe como Guadix, que viene de Wadi-Acci (Wadi es río y Acci el nombre de la ciudad romana que está bajo la actual Guadix) pierde su raíz árabe para crear el gentilicio de accitano, aunque también se admite guadijeño o, incluso, en el diccionario de topónimos de P. Celdrán se incluye foroaugustano (¿alguien lo confundió con la Colonia Libisosanorum Foroagustana? Hoy en día esta ciudad romana se sabe que estuvo en Lezuza, Campo de Montiel… un poco lejos de Guadix).

El Vocabulario español-latino de Antonio de Nebrija (1495) recoge algunos gentilicios, dando una fecha mínima para ello, por lo que es lógico pensar en que fue en esta época de erudición y gran pasión por la Antigüedad cuando se empezó a retomar la idea de crear unos nuevos y mejorados gentilicios españoles “a la romana”. En dicho vocabulario se pueden encontrar entradas como astigitano, que directamente es indicado para definir al habitante de Écija o la entrada de Sevillano, que lo define como “cosa de allí. Hispalensis.e”.

Retrato de Antonio de Nebrija. | By Antonio_de_Nebrija.jpg: Antonio del Rincón (1446 - 1500) derivative work: Escarlati (Antonio_de_Nebrija.jpg) [Public domain], via Wikimedia Commons

Pero que el proceso se iniciase en el Renacimiento, no impide para encontrar asociaciones más tardías. Por ejemplo, el gentilicio culto de Alcalá de los Gazules es lascutano, pero su acuñación no pudo producirse antes de 1840, cuando se descubrió el llamado bronce de Lascuta, un decreto pretoriano que es en dónde se recoge este topónimo antiguo (Turris Lascutana).

También existen casos en los que el topónimo antiguo era dudoso o se demostró a posteriori que, en realidad, la ciudad romana que se creía bajo un determinado municipio era en realidad un error de adscripción geográfica o, incluso, un falseamiento.

Dentro de esta casuística, el gentilicio más evidente es el de Badajoz. ¿Quién no se ha sorprendido al escuchar que los de allí son llamados pacenses? Dicho apelativo alude a los topónimos bien de Pax Iulia bien de Pax Augusta. Ha quedado suficientemente demostrado por la epigrafía que la ciudad romana de Pax Iulia se encuentra debajo de la actual Beja, en el Bajo Alentejo portugués. La denominada Pax Augusta no fue más que un error de Estrabón, quien unió los nombres de Pax Iulia y Emerita Augusta (Mérida) y que los eruditos renacentistas decidieron ubicar en Badajoz. ¡Pacense alude a una ciudad que nunca existió!

Otro curioso modo de denominar a alguien de Badajoz, aunque ya en desuso, es el de beturiense. Sin duda, los de Badajoz son los que más suerte tienen a la hora de usar gentilicios que se pueden definir como originales. Beturiense viene de Baeturia, una región que autores antiguos como Plinio el Viejo, Estrabón o Ptolomeo indican que abarcaba la zona entre el río Ana (Guadiana) y el río Baetis (Guadalquivir); es decir, que la Baeturia sería una región geográfica que se extendería por parte de las actuales provincias de Sevilla, Córdoba, Badajoz y Huelva. Beturiense es un término demasiado abstracto y genérico como para reducirlo a una ciudad. Sin embargo, podrías llamar así a un badajocense (sí, también está admitido).

El llamado bronce de Lascuta, en donde se recoge el topónimo Turris Lascutana. | By Hermes_3_illustration1.png: unknown derivative work: Fca1970 (Hermes_3_illustration1.png) [Public domain], via Wikimedia Commons

Pero, ¿por qué se quiere vincular un gentilicio al pasado precisamente durante el Renacimiento? Es también en esta época cuando la sociedad empieza un proceso de individualización como nunca antes se había visto en la Historia. Eso crea ciertas necesidades a nivel individual, ya que precisamente es cuando se empieza a usar la palabra individuo (simplificando mucho: hasta entonces, salvo la élite, más individualizada, una persona no tenía la conciencia de persona por sí misma, sino por su papel dentro de la comunidad a la que pertenece y las relaciones con otras personas, definiéndose a sí mismo como hijo de… nieto de… algo que no se ha perdido completamente en los pueblos).

Todo este proceso de creación gentilicia evidencia un desarrollo más complejo, algo de lo que muchas veces no somos conscientes. Por un lado, representa la evolución propia del modelo de individualización de nuestra sociedad. Por otro, evidencia un vínculo buscado e intencionado con el pasado que no deja de tener una carga tanto simbólica como política. Pero todo ello hace que a diario nuestra sociedad se relacione con el pasado de una manera tan sublime que pasa desapercibida.

Estas son las reflexiones de un matritense, es decir, de un madrileño. ¿Qué Madrid no fue ciudad romana? Es verdad. Pero, ¿cómo una capital no va a tener un cultismo? ¡Es tan fácil como inventárselo y hacer que suene a latín!

Entrada publicada el 22/02/2018

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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