Irene García Lázaro Coordinadora y Docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales
Vie, 19/11/2021 - 09:20

Los niños en un museo con sus cuadernos de notas para aprender.

Dos niños tomando notas en un museo de arqueología.

Serie: 'Un Viaje por la Ciencia' (XV)

Las visitas culturales a los museos suponen un enorme valor educativo para el alumnado, al acercarlos al conocimiento a través de un proceso guiado, siendo espacios dinamizadores de la cultura. Mediante el descubrimiento, la manipulación y la observación, se proporcionan oportunidades de aprendizaje, lo que los convierte en una fuente de conocimiento y disfrute.

De igual modo, la visita a las instituciones museísticas son una gran oportunidad para reflexionar sobre el patrimonio, fomentando la identidad cultural, haciendo posible profundizar sobre los orígenes de las civilizaciones. En la actualidad, se podría afirmar que los museos han experimentado una transformación como espacios educativos que proporcionan experiencias, permitiendo a los sujetos conectar con el pasado, conociendo la situación cultural y social. Sin lugar a dudas, esto provoca que los visitantes creen su propio criterio, fomentando la pasión por el conocimiento.

Hervás (2010) alude a cuatro principios que están presentes en los museos:

  • Todos los sujetos poseen interrogantes sobre diferentes temáticas.
  • Es necesario contribuir a responder los interrogantes mediante la interacción social.
  • Un museo debe ser un espacio beneficioso para investigar y encontrar respuestas.
  • Los visitantes pueden examinar los descubrimientos que realizan, si poseen las herramientas adecuadas.

Los museos como depositarios de conocimiento ofrecen una experiencia enriquecedora para los menores, contribuyendo al pensamiento creativo, invitándoles a cuestionarse y preguntarse, siendo fundamental para el desarrollo cognitivo. Además, las visitas programadas a los museos suponen una manera de alimentar la curiosidad, despertando el interés en temáticas como la naturaleza, el arte, el medioambiente, la historia, la arqueología, etc.

Por su parte, los museos trabajan por adaptar sus contenidos y programas a los menores y para ello es fundamental que exista una estrecha y profunda comunicación entre ellos y las instituciones formativas, donde se persiga el aprendizaje significativo de los niños y niñas y se llegue al acuerdo de objetivos comunes.  Para ello, y de manera previa, siempre se planifica la visita, estableciendo unas pautas a seguir e indicando los recursos que serán necesarios para la adquisición del conocimiento (Travé, 2003).

Igualmente, los museos deben buscar cómo satisfacer las necesidades de los menores, involucrándolos de manera activa en el proceso. Para ello, hay que poner en marcha iniciativas que potencien el valor educativo de las instituciones museísticas como espacios de encuentro interactivos y dinámicos, donde se generen y difundan conocimientos. El recinto museográfico, consciente de la importancia de integrar a los niños y niñas en sus programas, debe centran sus actividades en el aprendizaje informal utilizando el juego y haciendo posible la interacción con las obras artísticas.

 

Referencias bibliográficas

Hervás Avilés, R. M. (2010). Museos para la inclusión. Estrategias para favorecer experiencias interactivas. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado24(3),105-124.

Travé, G. (2003). Más allá de las paredes del aula: salidas de investigación escolar. Kikiriki.Cooperación educativa, 71, 43-46.

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1808

Burgos, España

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