Miguel Ángel Yunta Ibarrondo Coordinador de los Grados en Educación Infantil y Primaria
Vie, 17/11/2023 - 08:21

 NiñosNiños jugando.

Serie: 'El Reto del Profesor en Formación' (LXVI)

Tal y como señalan Sáenz-López (2016) durante la etapa de Educación Primaria se produce un gran desarrollo a nivel físico, mental, social y emocional para el alumnado. La legislación vigente recoge que, dentro de las múltiples funciones que desempeñan el centro educativo y los docentes, el curriculum ha de orientarse al desarrollo de la autoestima y la autonomía como piezas clave para crear ciudadanos del siglo XXI. Para lograr este objetivo ha de existir una conexión y continuidad entre el curriculum de Educación Primaria y Secundaria. Si bien es cierto que dicho continuismo ocurre bajo la supervisión de los equipos directivos y la inspección educativa, ¿qué perspectiva tienen los docentes y alumnos sobre ello?

Son numerosos los estudios que señalan la importancia de hacer una correcta transición debido al estrés que supone este proceso para el alumnado. Como explican Tonkin y Watt (2003) este proceso reaviva la presión del grupo inexistente en la etapa educativa anterior debido a las nuevas sinergias propias de individuos que se desconocen, se ven más valorados públicamente y los círculos sociales cambian (todo ello potenciado con la aparición de las redes sociales) y del mismo modo cambian la conciencia espacial.

González-Rodríguez et al. (2019) explican que el paso de la Educación Primaria a Secundaria, es uno de los cambios más complejos que el estudiante experimenta a lo largo de su vida académica. Como si de la noche a la mañana se tratara, el alumnado se despide en junio de su centro educativo en el cual ha forjado su personalidad, de sus compañeros, de su posición importante al ser partícipe de los cursos “superiores” y las sinergias que se generan con los docentes (los cuales son maestros con una carrera universitaria centrada en la didáctica y la pedagogía) para, en septiembre, comenzar el curso académico en un nuevo centro, donde se convierte de nuevo en el “pequeño” del instituto, generando y desarrollando nuevos rasgos de su personalidad así como lazos sociales con sus compañeros y compañeras e interaccionando con docentes con grandes conocimientos sobre la materia y centrados no tanto en la didáctica sino en la consecución de objetivos.

Dada esta casuística, González-Rodríguez, et al. (2019) señalan la importancia de proporcionar pautas para mejorar este proceso de transición, la cual es considerada como una tarea compleja que debe ser llevada a cabo teniendo en cuenta todas las variables (académicas y no académicas) que rodean al sujeto. Por su parte, Ávila Francés et al. (2022) señalan como determinantes la organización y la cultura escolar, situándose en esos ámbitos la mayoría de los factores señalados por los docentes. Sin embargo, y en línea con otros estudios, se destaca también la importancia de la comunicación entre centros educativos-alumnado-familias y el papel esencial de la tutoría en la transición. Si este proceso no se realiza de forma adecuada, en numerosas ocasiones, el alumnado que tiene una buena adaptación en una etapa educativa puede presentar numerosos problemas de adaptación a su nueva etapa, traduciéndose no solo en una pérdida en su calidad educativa y calificaciones obtenidas, sino produciéndose también, en la mayoría de los casos, acoso escolar (Fernández Guerrero et al., 2021).

Es por ello por lo que, todos los trabajos anteriormente citados confluyen en sus conclusiones: todas las variables revisadas en estos estudios (principalmente las relacionadas con el individuo, la familia y la escuela) pueden influir en el estudiante que realiza el proceso de transición, reseñando que en las chicas suelen presentarse una mayor tendencia al acoso escolar mientras que los chicos reciben más violencia verbal. De igual manera, la violencia observada predomina en ESO y a medida que la edad aumenta el alumno cambia la violencia verbal por la violencia física.

Por todo ello, se ha de abogar por programas de transición con mayor extensión en el tiempo, que permitan al alumnado conocer el contexto con anterioridad (compañeros, docentes y centro), haciendo esta transición de forma paulatina y no puntual al comienzo y finales de curso. De igual manera, tanto los docentes como los padres han de acompañar y facilitar este proceso, haciendo que el alumnado se sienta arropado en todo momento y evitando problemas derivados de una incorrecta transición.

 

Referencias.

Ávila Francés, M., Sánchez Pérez, M. C., y Bueno Baquero, A. (2022). Factores que facilitan y dificultan la transición de Educación Primaria a Secundaria . Revista de Investigación Educativa, 40(1), 147–164.

Fernández-Guerrero, M., Suárez-Ramírez, M., Rojo-Ramos, J. y Feu-Molina, S. (2021). Acoso escolar en Educación Primaria y en Educación Secundaria en Badajoz: análisis de los factores de riesgo. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 24(2),97-111. :

González-Rodríguez, D., Vieira, M.-J., y Vidal, J. (2019). Variables que influyen en la transición de la Educación Primaria a la Educación Secundaria Obligatoria. Un modelo comprensivo. Bordón. Revista de Pedagogía, 71(2), 85–108. https://doi.org/10.13042/bordon.2019.68957

Saenz-Lopez Buñuel, P. (2016). Educar emocionando. Propuesta para la (R)evolución en las aulas del siglo XXI. Universidad de Huelva.

Tonkin, Susanne., y Watt, Hellen. (2003). “Self-concept over the transition from primary to secondary school: A case study on a program for girls”. Educational Research 13(2).

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1859

Burgos, España

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