David Mota Zurdo Coordinador del Grado en Historia, Geografía e Historia del Arte
Mié, 29/06/2022 - 11:00

Serie: 'Haciendo Historia' (LXXXV)

 

El 29 de junio de 2008 el estadio Ernst Happel de Viena acogió la final de la Eurocopa de fútbol entre Alemania y España. El conjunto germano era el gran favorito, avalado tanto por su fama de gran ogro del fútbol mundial como por la notable trayectoria que había mantenido en el campeonato. El hispano, por su parte, había demostrado un juego muy vistoso, con su fútbol de tiqui-taca y había logrado llegar a la final tras haber superado la fase de cuartos, batiendo por penaltis a uno de sus «cocos»: la Italia de Gianluigi Buffon, Francesco Totti y compañía.

El conjunto español, dirigido por Luis Aragonés, había logrado llegar a una final de Eurocopa tras 24 años. Por eso, antes de empezar el encuentro, el contexto presagiaba un resultado aciago: una tarde en la que posiblemente la historia tampoco estaría del lado del conjunto rojigualda. La presión era enorme porque el combinado nacional se jugaba «una deuda histórica» que debía saldar afrontando el pesimismo crónico que le acompañaba «desde el Paleolítico», ese que le hacía tiritar cuando veía cerca una fase final, como señaló José Sámano en las páginas de El País.

Los argumentos para pensar así eran de peso. Hasta 2008, el fútbol de la Selección española había estado marcado por dos factores sobre su juego y actuaciones internacionales: la furia y el fracaso. Alejandro Quiroga (2014) lo ha estudiado con gran profundidad en su Goles y banderas, donde ha hecho hincapié en que la imagen irradiada por el fútbol patrio no fue de la mano de sus resultados. En efecto, desde los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920, donde alcanzó una medalla de plata con un juego muy marcado por el cuerpo a cuerpo, la prensa española se encargó de cimentar en el imaginario colectivo y la opinión pública la idea de que el equipo de fútbol español era un once indómito, irreductible y agresivo, que no se rendía y que luchaba hasta el final. Este concepto sobre lo hispano fue utilizado convenientemente por las dictaduras, primero, de Miguel Primo de Rivera, y, después, de Francisco Franco, para mostrar la fortaleza española (su superioridad) y tratar de dejar así atrás la leyenda negra sobre la pérdida de grandeza del país, sobre el que pesaba todavía su pasado de gloria imperial.

No obstante, a pesar de contar con esa aura guerrera y combativa, el conjunto español siempre se veía abocado al desastre, al fracaso, como si la historia les hubiera reservado un lugar oscuro junto a los parias. Ciertamente, el currículum de descalabros y debacles era largo. Por ejemplo, en el mundial de Argentina de 1978, en partido de fase de grupos, Cardeñosa falló un gol a puerta vacía frente a Brasil que acabó con sus opciones en el mundial; en la final de la Eurocopa de 1982, Gonzalo Arconada, el portero español, no consiguió atajar el lanzamiento de una falta ejecutada por Michel Platini que aventajó a Francia en el marcador: un error que supuso la copa; y en el campeonato del mundo celebrado en Estados Unidos en 1994, cuando el combinado perdía dos a uno frente a la Italia de Roberto Baggio, Julio Salinas falló una ocasión inmejorable que impidió su pase a semifinales.  

Junto a estos desastrosos resultados se sumaban otros ingredientes exclusivamente vinculados a las eurocopas. La última final jugada había sido en 1984, cuando la España de Víctor Muñoz, Arconada, Juan Señor, Lobo Carrasco y Camacho cayó derrotada por dos a cero ante la Francia de Platini en el Parque de los Príncipes parisino, como ya se ha indicado. Y la única final de un campeonato internacional de selecciones de fútbol ganado por España hasta entonces había sido en 1964, cuando Amancio, Luis Suárez y el chopo Iríbar derrotaron a la todopoderosa Unión Soviética de Yashin (la araña negra), Shustikov e Ivanov. Un triunfo que el franquismo utilizó propagandísticamente, en sintonía con la imagen de furia española, para demostrar su «fortaleza nacional» y equipararse a las democracias: «la plana mayor del Régimen, con Franco a la cabeza […] demostró a los comunistas cómo se juega al fútbol en la Europa libre» (Larrey, 2015).

 

Eurocopa de 1964. Fuente: Cuadernos de Fútbol

Por tanto, aquella tarde del 29 de junio de 2008 se convirtió en el momento para que la España democrática obtuviera una victoria. Un triunfo que ayudara a que el país dejara atrás la dictadura y se convirtiera en símbolo de la España moderna, homologando su situación al resto de naciones europeas y corrigiendo una «anormalidad histórica» que había condenado al fútbol nacional al fracaso, como admitió el presidente Rodríguez Zapatero. También, obviamente, para redirigir la atención hacia otros problemas, que no fueran los económicos y sociales derivados de la crisis financiera internacional (Quiroga, 2014: 143).

Corría el minuto 33 de juego y toda esa responsabilidad cayó de súbito sobre los chicos de Aragonés y, en concreto, en un jugador: Xavi Hernández. El mediocentro catalán, de envidiable visión periférica, que se desmarcó en la zona de tres cuartos, percibió segundos antes de que se diera cuenta de su posición cómo le apuntaban todos los focos, incluso llegó a oír cómo se contenía la respiración en multitud de hogares del país, que sólo tenían ojos para la pequeña pantalla. Recibió un balón de Marcos Senna en zona caliente, un espacio del campo en el que tener tiempo para pensar y colar un pase se convierte en algo totalmente destructivo para las defensas rivales, y lanzó la pelota al espacio -prácticamente sin mirar- entre Mertesacker y Lahm, los defensas alemanes, con dirección a su objetivo: Fernando Torres. Este hizo un control orientado, ganó la posición a Lahm y picó la pelota ante el portero Jens Lehmann que se quedó inmóvil. El delantero centro del Liverpool FC marcó así el primer y único gol de la tarde que dio la victoria al conjunto español.

Los periodistas Manolo Lama y Paco González narraron la gestación del gol del siguiente modo en los micrófonos de Cadena SER:

Que bien toca para Xavi, Xavi para Torres, que buena pelota le han puesto a Torres, gooooooooooool de España, gooooooooooool del niño. Una, dos y tres: yoooooo soy español, español, español. Yoooooo soy español, español, español. Gol de España, goooool de Fernando Torres.

Si se ha traído a colación esta narración es por ser sintomática de un cambio de mentalidad que, a continuación, se explica. En su primera parte se describe una jugada finalizada en gol. Pero su segunda es mucho más interesante. Como se ha indicado al inicio, hasta 2008 la narrativa del fracaso, marcada por la derrota y su continua repetición a lo largo de la historia de la selección española, había dominado la imagen sobre el fútbol hispano. Sin embargo, tras esta victoria, se produjo precisamente lo contrario: se inauguró una narrativa del éxito, basada en la emisión de un discurso patriótico presto a celebrar todos los logros de la nación española.

Ese “Yoooooo soy español, español, español” no es baladí. El cántico se convirtió en un lema patrio, que se intensificó en el Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012, al calor de las victorias y de la interesada imagen que transmitieron los medios de comunicación, que lo acompañaron de otros slogans sobre las capacidades de La Roja, entre ellos, el «Podemos», como se vio en el canal de televisión Cuatro. Se produjo así una auténtica eclosión del sentimiento nacional, un patriotismo futbolístico, que de acuerdo con cánticos básicos y repetitivos como el indicado la sociedad española se sumergió en una profunda autoafirmación nacional. Quiroga (2014) lo ha definido con gran elocuencia:

Las semanas de la Eurocopa 2008 fueron testigo de un uso sin precedentes de las banderas constitucionales españolas entre los aficionados. Muchos españoles colgaron el emblema nacional en sus balcones y lo llevaron a las plazas para ver los partidos […] La Eurocopa 2008 permitió un proceso de re-significación que despojó a los símbolos españoles de sus antiguas connotaciones ultraderechistas y presentó una imagen positiva, inclusiva, moderna y victoriosa de la nación. […] esta recuperación de los símbolos españoles fue llevada a cabo principalmente por jóvenes y adolescentes […que] no le otorgaban a la bandera constitucional española un significado especialmente político durante los partidos de fútbol, sino más bien cultural (p. 154).

La proliferación de banderas en Madrid, Sol. Fuente: ABC

Se gestó así una etiqueta: la marca España. Esta estuvo vinculada con práctica exclusividad al deporte y fue eficazmente utilizada tanto por el segundo gobierno de Rodríguez Zapatero (2008-2011) como por el de Rajoy (2011-2018). Su uso en un contexto de crisis económica como el de 2008 se hizo para tratar de mitigar la mala coyuntura que sufrió el país en lo político, lo social y lo económico utilizando el deporte como mecanismo para la retroalimentación identitaria y el orgullo patrio. Pero la realidad fue mucho más compleja que el simple pan y circo o el redireccionamiento de la atención hacia otras cuestiones para eludir así el afrontamiento de problemas reales. Mientras ambos gobiernos se dedicaron a poner sobre la mesa las victorias de la selección nacional como ocurrió en 2008, 2010 y 2012, las tasas de desempleo en España crecieron hasta el 25 por ciento y cerca de un 22 por ciento de hogares llegó a vivir en el umbral de la pobreza. En otros términos, cerca de un millón de personas se vieron obligadas a utilizar comedores escolares para que sus hijos tuvieran aseguradas las tres raciones diarias y muchos padres de familia se vieron abocados a buscar comida en la basura. Esta situación generó duras críticas y enfrentamientos y tuvo su reflejo en la canción crítica y contestataria, como se vio en 2013 en una composición del grupo de rap-metal Riot Propaganda:

Siguen sangrando las venas del pueblo, siguen cerrando colegios, han convertido estar explotado en un privilegio, ¿el precio? tu dignidad, no lo dudes, la gravedad se torna frágil aquí en el trapecio, multitudes violadas por patrañas, censura, la marca España un padre de familia buscando en la basura, […] otro parado, otro desahucio, otro mendigo, […] mientras, otro bache, otro inmigrante sin tarjeta sanitaria muere por VIH, o cáncer.

Por eso, ahora que han pasado 14 años desde aquel gol de Torres, conviene arrojar contexto al proceso de resignificación nacional del que fue aparejada la victoria en la Eurocopa 2008, afrontando críticamente lo que vino después y valorando hasta qué punto esta efeméride merece ser recordada ciñéndose sólo a lo deportivo.

Hombre con camiseta de fútbol buscando comida en la basura en España. 2012. Fuente: Ámbitos

Para saber más…

Larrey, J. (2015). Historia de la Eurocopa (II). España 1964. Cuadernos de fútbol, 66.

Quiroga, A. (2014). Goles y banderas. Fútbol e identidades nacionales en España. Marcial Pons.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

 

 

 

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