Javier Fariñas Profesor del Grado en Periodismo
Lun, 19/04/2021 - 10:00

Imagen de una niña africana mirando una jeringuilla con una vacuna

Serie: El Poder de la Palabra (I).

David Soler es el fundador y editor de África Mundi, la primera newsletter en castellano sobre el continente africano. El pasado 8 de abril, a través de Twitter, lanzaba una advertencia que no tenía nada de globo sonda: 'Cada vez que un país africano es tendencia en España, tiemblo'. Respondía así a una serie de tuits en los que algunos usuarios valoraban el inicio de la última gira por África del presidente español, Pedro Sánchez, que le ha llevado por Angola y Senegal. 'A quién le importa Angola!? Un país de mierda corrupto con una de las mayores inflaciones del mundo' (sic), 'Sánchez va de gira a Angola y Senegal a finiquitar unos 10.000 o 20.000 refugiados mas, seguro que de paso promete regalar a miles de vacunas' (sic), o 'Pedos Siniestro ‘El Sepulturero’en Angola? Que nos traerá ? Otra cepa?' (sic) fueron algunos de los mensajes a los que aludía Soler (puntuación, acentuación y construcción del lenguaje en redes sociales es tema de otras entradas en este y otros foros).

A pesar del crispado momento social y político en el que se encuentra nuestro país, la aparición de África en su conjunto, o de cualquiera de sus países en particular, como tema relevante de cualquier día en cualquier medio de comunicación español no augura nada bueno. En un elevado porcentaje de casos, si el continente se coloca entre los temas principales de la jornada se debe a algún golpe de Estado, a alguna tragedia humanitaria, una guerra, un escabroso conflicto intercomunitario (aquí, para aderezarlo con un lenguaje connotativo hablaríamos de 'conflicto tribal'), o un 'asalto masivo de subsaharianos' a cualquiera de nuestras vallas perimetrales (olvidando que la inmensa mayoría de los migrantes en situación irregular llegan a nuestro territorio a través de nuestros estupendos aeropuertos). En definitiva, el tópico de los jinetes del apocalipsis que colorean la información sobre África.

La desidia, el silencio, la apatía, el desconocimiento y el tópico, solo por citar algunas, son las monedas habituales con las que las redacciones de nuestro país despachan al continente vecino, con el que nos une un espacio estratégico fundamental como es el mar Mediterráneo, donde se sitúan Ceuta, Melilla y Canarias (asentadas estas últimas sobre la plataforma continental africana), y con el que mantenemos, aunque nos pese o nos hayamos olvidado, un pasado histórico relevante: Guinea Ecuatorial y la diplomáticamente molesta Sahara Occidental forman parte de la historia colonial española. Además, más de un millón de africanos (1.091.449 personas, según el Observatorio Permanente de la Inmigración del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones) viven en nuestro país.

Con nuestras desidias, silencios, apatías, desconocimientos y tópicos no hacemos más que desaprovechar las oportunidades que nos brinda un continente en el que viven más de 1.300 millones de personas, con una riqueza cultural exuberante, una juventud apabullante y una capacidad de relacionarse con el prójimo que hace mucho tiempo que perdimos en nuestro Norte rico y egocéntrico. Y en eso tenemos buena parte de culpa los medios de comunicación social, responsables de presentar a la sociedad aquello que pasa en el mundo.

Los medios de comunicación y África

Un ejemplo de manual lo experimentamos en este tiempo confuso de la pandemia causada por el coronavirus. Desde que a finales de 2019 empezaron a llegar noticias desde Wuhan sobre aquel virus letal, las ruedas de corresponsales de radios y televisiones, y las páginas de Internacional de los periódicos de papel y de la inmensa mayoría de los digitales, se detienen en Bruselas, París, Londres, Washington o Berlín. En menor medida, aunque también, en Río de Janeiro, Manila, Buenos Aires o México DF. Pero nunca o casi nunca lo han hecho en Adís Abeba, Nairobi, Accra, Dakar o Windhoek (sin llevar el recuento oficial, emplazo a que alguien se ponga manos a la obra y lo analice con detenimiento).

En los primeros meses de pandemia lo que circularon fueron suposiciones y cálculos sobre lo que supondría para el continente africano el coronavirus. No hubo información. Solo una especie de lotería macabra que aventuraba una tragedia humanitaria para un continente devastado por las enfermedades, la pobreza y el desamparo. Y cuando África, con mucha cautela y haciendo bien muchas cosas, ha desmontado el estereotipo –el continente superó la cifra de los 100.000 fallecidos en marzo de 2021, cuando solo un país como el nuestro se aproxima peligrosamente a esta cifra–, los medios han seguido ignorando la realidad. Tampoco ha merecido la atención requerida cuando Marruecos se ha convertido en uno de los países con mayor porcentaje de vacunación del mundo. Y podríamos acumular ejemplos que desmontarían nuestra postura. Parece que no nos podemos permitir la publicación de buenas noticias sobre nuestro vecino del sur.

El coronavirus, en el universo de los medios y referido al continente africano, ha reafirmado lo que ya sabíamos: África no existe para nuestros medios, y puede que tampoco para nuestra sociedad. De hecho, algunas de las primeras referencias informativas sobre la COVID-19 y el continente se produjeron cuando apareció la cepa sudafricana. Mientras aquí echábamos cuentas de cuándo nos iban a vacunar y de si en verano llegaríamos al cacareado 70% de inmunización, el pasado 6 de abril Mediahack gritaba a los cuatro puntos cardinales de internet que en Sudáfrica –la primera economía del continente, no lo olvidemos– tardarán más de 15 años en administrar la vacuna al 67% de la población si siguen al ritmo actual. Pero eso no nos importa. O parece no importarnos.

Tuve la oportunidad de entrevistar al periodista Xavier Aldekoa con motivo de la publicación de su libro 'Océano África'. En la conversación hablamos de la escasa presencia de África y de los africanos en nuestros medios. Sobre esto, el reportero me dijo: 'Tengo la teoría de que los medios de comunicación se rigen por lo que es influyente, no por lo que es importante. A veces coincide, pero no siempre'. Aunque matizable, desde luego, comparto el espíritu de esta teoría, que nos demuestra que, aunque importante, África no es influyente. Y así nos va.

 

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1786

Burgos, España

 

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