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Retrato de la reina Isabel I.

La reina Isabel I fue, en muchos aspectos, una adelantada a su época. Es por ello que cualquier aspecto de su figura desata un gran interés. Como especialista en el campo de la escritura hoy quiero traer aquí un breve retazo de la personalidad de esta mujer, su gusto por escribir.

A lo largo de la Historia Medieval es frecuente encontrar a soberanos que, aunque preocupados por la cultura, no estaban habituados e incluso eran incapaces de escribir y se limitaban a firmar sus documentos con una simple cruz. La época en la que la espada era contraria a la pluma lo explica. Cualquier padre prefería ver a su hijo preparándose para el combate antes que entreteniéndose con la pluma. Pues era frecuente, entre la nobleza, fomentar las habilidades para la guerra y denostar la capacidad escrituraria. Pero el final de esta etapa histórica trajo también consigo un cambio en esa mentalidad. Así, fruto de su tiempo, la reina Isabel debió de ser educada en la lectura y en la escritura, seguramente en su infancia en Arévalo. Sabemos que el interés de la monarca por la cultura es profundo y que a lo largo de su vida se rodea de personas letradas que la instruyen. Entre ellas hemos de destacar a su tutora y amiga Beatriz Galindo. Beatriz fue elegida por la reina y se convirtió en su mentora en el latín. Su relación era tan estrecha que incluso las escrituras de ambas resultan casi gemelas.

Esta preocupación de la reina por la cultura escrita hace que cuente con una importante biblioteca, que se convierta en mecenas de numerosas obras, que legisle sobre este aspecto y, en el caso que nos ocupa, que no solo se limite a firmar de su mano los documentos reales sino que, en algunos casos, los complete con posdatas de su puño y letra o que se conserven cartas personales muchas dirigidas al rey Fernando. Los inventarios posteriores dan fe de esta práctica poco usual; aunque, desgraciadamente, muchas de las cartas que se recogen en la lista de documentos de ciertos archivos hoy han desaparecido.

El Archivo Ducal de Medinaceli, en la sección destinada al archivo histórico conserva una carta datada el 27 de abril de 1493 en Barcelona. La carta recoge la confirmación por parte de la reina Isabel de la recepción de una misiva anterior de la condesa María de Toledo, prima de la reina. Esta parte fue redactada por el escribano de la reina, pero en la postdata aparece una breve anotación ejecutada por la reina Isabel I.

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Imagen de la carta datada el 27 de abril de 1493 cedida por el Archivo Ducal de Medinaceli.

Frente al uso de la escritura cortesana empleada por su escriba ella usa una escritura que resulta más complicada de interpretar. Emplea lo que algunos especialistas vienen denominando escritura usual. Se trata de una escritura que se relaciona con el modo de escribir de la aristocracia del momento. En ella se identifican ciertos rasgos de la escritura humanística y de la procesal, una escritura que los propios coetáneos calificaban de endemoniada, por la dificultad de lectura que presentaba.

La anotación que traemos aquí se limita a una posdata de siete líneas en la que la reina le indica a su prima que le hubiera gustado que la carta al completo fuera de su puño y letra, pero que apenas tiene tiempo para ello, pide por su salud y por el buen parto que tendrá en poco tiempo y finaliza firmando el documento. De manera más detallada podemos leer: Condesa Pryma: Quysiera que fuera/ esta de my mano y con muchas/ ocupaciones no pude. Ruegos/ que syenpre me escriuays de vuestra/ buena dysposycion, y de vuestro parto que sea todo como seeays. De / my mano. Yo la Reyna”.

No nos debe resultar extraño encontrarnos con lo que hoy serían faltas ortográficas, ya que por aquella época la gramática y la ortografía no se habían convertido en reglas fijas.

Gráficamente llama la atención el escaso uso de abreviaturas que eran tan usuales en aquel momento como lo son hoy en nuestros mensajes de WhatsApp. La reina se limita a abreviar ‘que’ con una ‘q’ y ‘vuestra’ con las letras ‘vra’. También es destacable la preferencia por la y griega en muchas palabras.

La escritura aparece fluida, ligera, rápida, desarrollada con el correr de la mano, sin apenas levantar la pluma del papel. Nos indica que era una persona habituada a escribir. Resulta una escritura grande si la comparamos con la del inicio del documento. Esto se relaciona con una personalidad segura de sí misma. Una persona digna de admiración, una admiración que los promotores de esta nuestra universidad quisieron reconocerle poniéndole a esta institución su nombre. 

Entrada publicada el 24/11/2017

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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