Vanesa Abarca Abarca Coordinadora del Grado en ADE de la Universidad Isabel I
Mié, 09/01/2019 - 17:05

Una bola del mundo sobre dólares y yuanes

En 2019 la Gran Recesión cumplirá 11 años. Aunque los niveles de producción en la mayoría de los países han tornado o superado los previos a la crisis; todavía no hay perspectiva temporal suficiente para afirmar categóricamente que esta fase recesiva ha sido superada.  

Desgraciadamente, la prolongación de esta crisis va camino de eclipsar en algunos aspectos a la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado. Nadie duda de los paralelismos en la evolución de variables macroeconómicas entre una crisis y otra, si bien, las funestas consecuencias sociales y políticas de la última no se han evidenciado, el Estado del Bienestar ha mitigado las consecuencias sociales más negativas.

El contexto histórico es manifiestamente diferente, en términos puramente económicos. En lo que respecta a Europa, esta crisis acabó con las esperanzas de recuperación y retorno del statu quo previo a la Gran Guerra. La Primera Globalización, desarrollada durante la segunda mitad del siglo XIX y comandada desde la Europa industrializada, se caracterizó por un proceso de integración de los mercados de bienes y factores a escala mundial. Especialmente significativo fue el enérgico incremento de los movimientos internacionales de personas y capitales, posibilitado por escasas o nulas barreras y por la caída de los precios del transporte y comunicaciones. Durante este periodo, el papel económico internacional estadounidense fue más bien modesto, pues estaban ocupados en desarrollar su amplio mercado nacional. La locomotora estadounidense solo se manifestó como potencia económica mundial durante y, especialmente, al finalizar la Segunda Guerra Mundial cuando impuso y expuso su incomparable desarrollo económico y su tecnología.

Pero regresemos al presente, los informes más loables para este año señalan que se saldará con una leve contracción económica global o, lo que es lo mismo, con un nivel de crecimiento inferior al registrado en 2018, previéndose, en todo caso, un crecimiento positivo[1].

Parte de esa reducción se debe a que las cifras de China siguen atenuándose como, por otro lado, cabe esperar en toda economía que alcanza ciertos niveles de desarrollo y que, asimismo, es profundamente dependiente del comercio exterior en un contexto internacional no excesivamente dinámico[2]. Tampoco las recientes políticas estatales para potenciar el consumo interno han resultado exitosas, ni siquiera el avance de una clase media con mayor renta disponible ha permitido contrarrestar las caídas de la demanda exterior.

En lo referente a la otra gran potencia mundial, la estadounidense, la evolución de sus cifras de actividad económica, en niveles mucho más moderados que las chinas, parecen apuntar a cierto optimismo que se continuará en este año. El buen comportamiento del sector privado, avivado por la significativa reducción de impuestos de la Administración Trump, ha permitido aumentar la demanda de inversión. Por otro lado, las cifras de consumo privado son también optimistas, estimuladas por los bajos niveles de desempleo.

Las previsiones para la economía de la zona euro señalan una nueva rebaja en su crecimiento para 2019, este sería por segundo año consecutivo. La amalgama de economías que componen esta unión merece otra entrada, ahora solo pondré el acento en las incertidumbres que sobrevuelan su renqueante devenir. El más importante, la formalización, si se hace, del acuerdo de divorcio de Gran Bretaña con la Unión Europea.

Los mercados bursátiles internacionales tampoco se muestran demasiado sosegados; el aumento de las tensiones comerciales entre EE. UU. y China han trasmitido una innegable volatilidad a las bolsas; también la inquietud ante un Brexit duro; la contracción en las tasas de crecimiento de los países emergentes; o la indecisión de los bancos centrales sobre si mantener políticas monetarias expansivas. Prueba de lo primero, de ayer mismo, ha sido el cierre en verde de los parqués más importantes motivado ante el previsible acuerdo comercial, que congelaría la escalada arancelaria, entre China y EE. UU.

Sintetizar el panorama económico mundial en menos de 750 palabras es imposible, cada estado o cada región posee una estructura económica propia y, por lo tanto, los retos endógenos y exógenos son privativos. Para muestra, las 19 economías nacionales que conforman la zona euro. En esta entrada solo he querido resaltar, a priori, los desafíos a los que se enfrenta la economía mundial, pero también me gustaría finalizar sembrando una semilla de optimismo, deseando que los pesimistas informes se equivoquen, hecho que no sería novedad.

 

[1] https://www.spglobal.com/en/research-insights/articles/global-economic-outlook-2019-autumn-is-coming ; http://www.worldbang/en/news/immersive-story/2019/01/08/storm-clouds-are-brewing-for-the-global-economy .

[2] En el siguiente simulador puede analizarse la senda temporal de varias economías https://www.imf.org/external/datamapper/NGDP_RPCH@WEO/OEMDC/ADVEC/WEOWORLD/

 

Entrada publicada el 10/01/2019

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398

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