Antonio Segura Marrero
Vie, 02/02/2018 - 10:14

El aula virtual es uno de pilares de la educación en línea. Es mucho más que una página o portal web, es parte fundamental de la infraestructura tecnológica que permite la comunicación y crecimiento de una comunidad de aprendizaje.

La calidad de un aula virtual viene determinada por un numeroso conjunto de cuestiones de diversa índole y naturaleza: seguridad, apariencia y línea gráfica, accesibilidad, velocidad... y, por supuesto, usablidad. Este concepto puede definirse como la medida en la que un producto se puede usar por determinados usuarios para conseguir objetivos específicos con efectividad, eficiencia y satisfacción en un contexto de uso especificado (ISO 9241-11).

Esta máxima también está presente en el diseño tecnopedagógico del aula virtual de la Universidad Isabel I. Por muy pequeño que parezca, todo detalle está perfectamente justificado por el análisis y trabajo de un equipo multidisciplinar (donde comparten conocimientos y experiencias expertos en pedagogía, psicología, diseño gráfico, ergonomía, programación, etc.) que busca proporcionar la mejor experiencia posible.

Un ejemplo podría ser la reciente categorización de las asignaturas en la pantalla principal atendiendo al trimestre al que pertenecen. Krug (2006) sostiene que uno de los principios fundamentales de la usabilidad es no hacer pensar al usuario, no se le debe obligar a averiguar el funcionamiento, ya que se las arreglará con las soluciones más ágiles que encuentre. Esta categorización no solo pretende que alumno identifique rápidamente las aulas vigentes en las que está matriculado, sino también reducir el número de clics o focalizar su atención en las mismas.

Esta idea, aparentemente sencilla, es un ejemplo de la belleza de la usabilidad y la transcendencia de la misma, que se traduce, por ejemplo, en:

  • Reducción del tiempo necesario para aprender a desenvolverse con soltura en el aula virtual (el usuario identifica fácilmente dónde tiene que pulsar para acceder a cada asignatura).
  • Mayor rapidez a la hora de ejecutar tareas (no hay artificios, no se destina mayor tiempo del estrictamente necesario para localizar el recurso, solo hace falta un clic en un enlace claramente visible y diferenciado).
  • Mejorar la satisfacción de experiencia de uso (un escenario intuitivo y de fácil comprensión reduce la frustración del usuario).

En definitiva, la máxima definitiva es que el usuario pueda focalizar toda su concentración en su quehacer y no en el propio sistema, lo que contribuye a una experiencia de aprendizaje más agradable y fluida.

Imagen 1. Vista general de asignaturas categorizadas por trimestres.

 

Bibliografía

Steve Krug (2006). No me hagas pensar. Madrid: Pearson Educación S.A.

Sanz Merinero, J.A. (1996). Las Normas Técnicas ISO 9241 y EN 29241 sobre pantallas de visualización. Revista Mapfre Seguridad, vol.62 (2), pp.3 -13.

Entrada publicada el 02/02/2018

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN 2605-258X

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