Restos arqueológicos del foro de Roma (Italia).

Quien tiene la oportunidad –y la aprovecha- de realizar un Erasmus no vuelve a ser el mismo. Esta experiencia constituye, sin lugar a dudas, un punto de inflexión tanto en la formación académica como en el plano personal, donde se acelera el proceso de maduración del individuo de forma precipitada. 

En mi caso, ya han pasado diez años desde el inicio de aquel viaje, el cual no ha concluido. Mi experiencia personal puede considerarse mágica, tanto en un plano profesional como en el personal. Mucho ha llovido desde aquel momento que tomé la decisión de realizar estudios en La Sapienza-Università di Roma, una de las instituciones más prestigiosas en nuestro continente para los estudios de Arqueología Clásica.

El legado de aquella experiencia se proyecta en el tiempo. Consecuencia de aquellos contactos en el ámbito académico, permitieron mi retorno a la Città Eterna durante mi etapa predoctoral, donde pude disfrutar de sucesivas estancias de investigación y realizar mi tesis doctoral sobre arquitectura de la antigua Roma.

Pese al mito, hay tiempo para todo. Tanto para las clases oficiales, aprender idiomas –y no solo el del país de acogida-, como para el ocio, haciendo honor al tópico tan manido de la “vida Erasmus”. Más allá de ello, un Erasmus te permite conocer otros modelos universitarios y otras metodologías, las cuales no hacen otra cosa que enriquecerte como profesional y, sobre todo, como persona.

Recientemente, tal y como hemos podido constatar en los principales medios de comunicación de nuestro país, Miguel Castillo, el octogenario estudiante de Historia de la Universidad de Valencia, toma rumbo a Verona, haciendo honor al carácter aventurero inherente a todo estudiante Erasmus.

Perchè l´Erasmus non finisce mai…

 

Entrada publicada el 19/02/2018

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

Añadir nuevo comentario