Ilustración: Fernando Serra

Para encontrar el origen de la frase «en boca cerrada no entran moscas», os proponemos un viaje al siglo XVI, concretamente al reinado de Carlos I en España. Hijo de Juana I de Castilla y Felipe I el Hermoso, el monarca y futuro emperador sufría, desde su nacimiento, de una deformación de la mandíbula conocida como prognatismo.

Esta deformación, que iba aumentando con el tiempo y que le obligaba a mantener constantemente la boca entreabierta, era un padecimiento frecuente entre los miembros de la monarquía, debido a su carácter hereditario y a los habituales ‘cruces’ endogámicos con familiares pertenecientes a una misma dinastía.

La cuestión es que hay testimonios que recogen un episodio sucedido en un viaje a Calatayud del monarca, cuando un lugareño le dijo al rey: «Cerrad la boca, majestad, que las moscas de este reino son traviesas». Esta frase habría dado origen a la expresión castellana «en boca cerrada no entran moscas», que hoy en día se sigue utilizando y que se emplea, normalmente, para hacer callar a alguien.

Fuente de consulta: Gargantilla Madera, P. Historia clínica del emperador. Disponible en http://hdl.handle.net/10486/1257.

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