Ana Bárcena Santamaría Departamento de Comunicación
Mié, 22/11/2017 - 16:20

Ilustración: Rocío Raya

Para encontrar el significado de este dicho que apela a lo ovino, y que actualmente hace referencia a perder en una situación en la que suponíamos conseguir algún beneficio, debemos remontarnos seis siglos atrás, concretamente al Poema de Fernán González o, mejor dicho, a la copia que de éste se conoce. También lo encontramos en La Celestina, donde, por buscar el chiste, se cambió el “trasquilado” por “sin pluma”.

Según la historia que dio como resultado esta expresión, se opina que lo de "volver trasquilado" se refiere a la antigua pena de trasquilar a cruces, es decir, sin orden, cruzándose las tijeretadas al modo con que se trasquila a las ovejas, pena que se aplicaba a los blasfemos y judíos, bajo el nombre de Fuero Juzgo "esquilar ladinamente".

Además de esta, existe otra teoría mucho más antigua. En el mundo pastoril castellano de la edad media, el comercio de la lana con el norte de Europa constituyó una importante fuente de riqueza. En este contexto, en el que las ovejas eran un bien muy preciado, cuando uno de estos animales se perdía, por azar o por descuido del pastor, era muy probable que volviese al rebaño sin su pelo, es decir, trasquilado. Esto constituía una pérdida de ganancia para el dueño y por tanto un hecho indeseable. 

Fuentes de consulta:

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